Manuelcha Prado, el único

Diana Quiroz para El Comercio

Mi opinión

Voy a coger mi carro a toda prisa y tempranito, Maestro, en Chiquián, puerta de ingreso a la cordillera de Huayhuash, para llegar a tiempo a su concierto por el día de las Madres. Tengo motivos de sobra este año para escucharlo con todo mi corazón, cavilando. Hace pocos días la mía también se marchó lejos, despacito. Nos vemos el viernes, Saqra.

Desde las alturas del cerro Razuwillka, en San Juan de Lurigancho, donde reside desde hace más de dos décadas, Manuelcha Prado puede divisar los penales Miguel Castro Castro y Lurigancho. Mientras los perros ladran y el viento de la tarde sopla con fuerza, el guitarrista ayacuchano rememora una etapa importante de su carrera. “Varias de mis canciones se inspiraron aquí, mientras subía, cavilaba”, cuenta.

A finales de los años noventa, las cuerdas de Manuelcha se unieron a la flauta y la zampoña de “Chano” Díaz Limaco, al violín de “Chimango” Lares, a la batería de Mino Mele y al bajo de Pancho Müller. Juntos formaron el Proyecto Kavilando, grupo que fusiona por primera vez el rock y la música tradicional andina como reflejo del mestizaje peruano y de una época convulsa. Así nacieron los éxitos “Síndrome colonia” y “Cavilando”, canciones cargadas de protesta social, pero que ninguna radio se atrevió a difundir.

Oriundo de Puquio, Manuelcha vivió sus primeros años en medio de una tradición musical imborrable, donde, como él dice, “los eventos de la vida transcurrían al compás de la música” y la naturaleza regalaba los acordes de labrado de la tierra, los manantiales y los vientos.

Criado por su abuela Bárbara hasta los seis años, su mundo dio un vuelco sorprendente cuando su ,madre, Melania Alarcón, a quien por entonces consideraba su tía, lo llevó consigo durante uno de sus tantos viajes como maestra. “Viajamos cinco días en bus, a caballo, cruzando valles, punas , vientos helados, quebradas, precipicios, fue un viaje tremendo”, recuerda Manuelcha. La aventura duró 18 meses y resultó un viaje aleccionador no solo porque durante ese periplo aprendió a hablar correctamente el castellano, sino también porque su sensibilidad artística se nutrió de los paisajes, de las costumbres y de los yaravíes que se cantaban en los pueblos más remotos de Ayacucho. De  regreso a Puquio y tras el reencuentro con su abuela, afianzó sus lazos con la música, tanto que a los 12 años ya participaba, guitarra en mano, en los conjuntos musicales de la zona.

Como el músico evoca, su llegada a Lima se produjo durante los últimos años de la década del setenta para cumplir con los deseos de su madre y continuar con sus estudios, pero ninguna de las carreras que abrazó por cierto tiempo -tecnología electrónica y antropología-  pudo alejarlo de la vida bohemia que tanto temía doña Melania. Al poco tiempo de llegar a la capital, Manuelcha, su hermano Percy y algunos primos formaron el grupo tropical Tempestad 5, con el cual animaron interminables fiestas.

Mientras dividía su tiempo entre la vida universitaria y el punteo de guitarra, conoce a la mujer que lo animó a iniciar de una buena vez su carrea como solista: Juana Díaz, su compañera por más de treinta años. “Cuando se presentó mi gran oportunidad no tenía casa donde ensayar, no tenía ni grabadora, menos guitarra profesional. Vivía con mi hermano”, sonríe mientras recuerda aquellos años.

Pese a las carencias, con el respaldo de su pareja, graba en 1981, “Guitarra indígena”, su primer y más celebrado trabajo, donde el maestro de las cuerdas recopila la música que escuchó desde siempre, con el mérito adicional de trasladar los clásicos acordes de violín y arpa a un solo de guitarra con temperamento.

Desde entonces, la música de Manuelcha Prado se ha convertido en referente del Perú profundo. Fue condecorado por la OEA en Washington en diciembre del 2015. Se convirtió en el primer artista andino en recibir un reconocimiento de esa organización internacional. Sus trece álbumes a lo largo de 35 años ratifican el compromiso que tiene con sus raíces quechuas, con el rescate de la música andina, pero sobre todo con su propia identidad.

Todo este bagaje sonoro estará presente en el clásico concierto que el cantautor puquiano ofrece a las madres peruanas en mayo. El de este año, sin embrago, tiene un significado especial para Manuelcha y su familia: será el primero sin Josefina, la esposa, la madre y promotora cultural que impulsó este homenaje anual y llevó a las leyendas vivas de la música andina, el Indio Mayta, Los Campesinos, Manuel Silva Pichincuta y La Princesita de Yungay a los grandes escenarios de Lima. La importancia e Josefina en el devenir musical del artista se resume en estas palabras: “Ella fue la que me motivó a grabar con arpa y violín -en los discos “Madre Andina” y “Vidallay vida”- , preocupada porque la música de nuestros pueblos no se pierda”. El concierto va en su honor.

Más data
“Serenata a mamá”
Lugar: Auditoria de la Derama Magisterial
Av. Gregorio Escobedo 598 Jesús María
Horario: miércoles 4, jueves 5 y viernes 6 de mayo desde las 8 de la noche
Entadas: Teleticket

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3/5/2016