Martín Caparrós

“El turismo está cambiando el mundo: obliga a los lugares a parecerse más y más a la imagen que sus visitantes tienen de ellos, a volverse más típicos, más tópicos, más tontos —a declinar sus peculiaridades para amoldarse a la postal. Culturas que se pierden, que se banalizan, poblaciones que ya no inventan sino maneras de servir. Es, en última instancia, aterrador. Y sin embargo, a veces, me gusta ser turista: no hay actividad más desprendida, menos pretenciosa. Consiste en entregarse: dejarse llevar por el saber de otros —guías escritas, guías humanas, los lugares comunes, las postales— y descansar de sí mismo por unos pocos días. Por eso, supongo, las llaman vacaciones”.