Máximo Damián en la memoria de José Matos Mar

José Matos Mar para La República

Mi opinión

La Lima y el Perú del desborde popular y la “revolución cultural” que tan bien estudiara José Matos Mar, amigo de Arguedas y fundador hace poco más de cincuenta años del IEP; tuvieron en Máximo Damián a uno de sus más genuinos exponentes. Hay que leer varias veces este textito de Matos Mar para terminar de entender la pérdida que significa para el país la partida del violinista de San Diego de Ischua, Lucanas.

“… y al violinista Máximo Damían Huamaní, de San Diego de Ishua, le dedico, temeroso, este lisiado y desigual relato”, escribió José María Arguedas en la primera página de El zorro de arriba y el zorro de abajo.  Invisible hasta ese momento, como millones de migrantes andinos a la gran ciudad, desde entonces el violinista atrajo la mirada de los amantes de la música hasta convertirse en un símbolo vivo de la gran revolución cultural pacífica que el Perú vivió durante el siglo XX.

La fuerza y musicalidad de su instrumento nacida en el coliseo llegó hasta la televisión y el cine, y contribuyó a que el país, primero, y el mundo, después, conocieran la Danza de las Tijeras, máximo homenaje quechua a la Uku Pacha o mundo dentro de la tierra, que usa piezas de metal que tuvieron que venir de Europa porque ninguna de las grandes culturas andinas logró elaborar objetos semejantes.

Protagonista de esa fusión cultural, Damián convirtió al mediterráneo y clásico violín en vocero del alma campesina y popular de los Andes. Así el instrumento de obispos y aristócratas pasó a invocar a los wamanis y a honrar a los Apus.  Es decir, hizo en pequeño lo que toda la sociedad andina consiguió en grande: absorber los elementos de la cultura occidental para expresar la fortaleza de la civilización andina.

Como antropólogo, Arguedas no se dio cuenta del significado de la obra de Damián, simplemente la sintió y eso fue suficiente para hacerla grande. Quizás por eso quiso que las notas del violinista lo acompañaran en su entierro, para oírlo desde abajo y celebrar con quienes lo antecedieron en la extraordinaria vitalidad del mundo andino y sus intérpretes.