Michel Onfray, Teoría del viaje

“El cuerpo almacena imágenes transformadas en íconos. Ahora bien, nunca cultura alguna los ha celebrado tanto, en detrimento del libro y del concepto, como la nuestra. El texto va a desaparecer, el libro también, en beneficio de los signos icónicos, pixelados, escaneados, el espesor carnal de los real recula en beneficio de su modalidad virtual: alcanzamos el apogeo de la imagen y, como siempre en parecida ocasión, el exceso mata la posibilidad misma de aquellas que verdaderamente podrían tener significado. Los lugares del mundo convergen hacia las pantallas informáticas  o televisivas, tristemente parecidos a su realidad, pero encerrados, limitados por la restricción de la fidelidad sumaria. La probabilidad del viaje ricamente soñado disminuye con la reducción del mundo a las apariencias. Triunfo platónico.

De allí la necesaria celebración del libro y del papel en la construcción de un imaginario eficaz y rico. Mejor las novelas de Jules Verne o las de Paul d’Ivol que los videos o los discos  cargados de imágenes digitalizadas: el deseo del viaje se alimenta mejor de fantasmas literarios o poéticos que de propuestas empobrecidas por un exceso de apariencias de una realidad simplificada. La genealogía de iconos inconscientes útiles para elegir destinos gana celebrando el texto, el libro, la novela, el poema, el relato del viaje. Cualquier línea de un autor incluso mediocre aumenta más el deseo por el lugar descrito que unas fotografías, y menos aún unas películas, unos videos o unos reportajes. Entre el mundo y uno mismo, intercalaremos prioritariamente las palabras”.