Miriam Abramovay: “No se trata de aumentar la participación de las mujeres rurales, se trata de empoderarlas”

Mi opinión

Cuando escucho hablar de desarrollo rural en América Latina pienso de inmediato en Roberto Haudry, antiguo funcionario en el Perú de un proyecto agrario que tuvo como una de sus partes ejecutoras precisamente al Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), la organización que ha circulado la nota de prensa que les alcanzó.

Haudry de Saucy me sorprendió, cuando lo invité a trabajar un par de temas con los alumnos de uno de los primeros diplomados en Turismo Sostenible que dirigí en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, por su mirada del mundo rural desprejuiciada y carente de los galimatías sociológicos que suelo encontrar en el discurso y en la praxis de muchos proyectos y proyectistas.

Me interesa la propuesta de trabajo de IICA, voy a recorrer durante cinco meses la Cuenca Amazónica intentando conocer los emprendimientos en turismo sostenible y desarrollo rural que tan poca difusión encuentran a pesar de la importancia que tienen para la conservación y apropiada gestión del bioma más importante del mundo. Por supuesto que los temas planteados por Miriam Abradomay de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) me interesan en grado sumo.

Hay que empoderar a las mujeres y pobladores amazónicos, el tiempo de las miradas complacientes y las soluciones de escritorio debe quedar atrás.

Como parte de la importancia que el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) otorga a los temas de género y juventud para un genuino avance en el desarrollo del agro, la entidad puso en marcha un ciclo de conferencias para sensibilizar, analizar y discutir aspectos relativos a estos tópicos.

La primera conferencia, titulada “Genero y mujer rural”, fue impartida por la reconocida socióloga y coordinadora del área de Juventud y Políticas Públicas de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) en Brasil, Miriam Abramovay.

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La experta inició su disertación con un llamado vehemente a diferenciar con claridad los conceptos de ‘sexo’ y ‘género’. “Género y sexo no se confunden. El género fue establecido a partir de la oposición a la categoría sexo, que es un dato meramente biológico. El género se construye socialmente de forma continua a partir de esa diferencia sexual”, enfatizó.

Según Abramovay, las mujeres rurales -a pesar de poseer amplios conocimientos del sector agro- no tienen el mismo acceso a bienes y servicios productivos que los hombres. Datos del Observatorio de Género de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) revelan que 38 % de las mujeres rurales no tienen acceso a ingresos propios versus un 14 % de los hombres rurales. Además, solamente 30 % de ellas posee titularidad de tierra.

De acuerdo con la catedrática, las frases “ella ayuda en las tareas de campo” o “ella no tiene responsabilidades económicas” reflejan la generalizada ausencia de reconocimiento a los diversos tipos de trabajo que realizan las mujeres en zonas rurales y manifiestan una parte constituyente de la dinámica de las relaciones de género.

Pero lo cierto es que la mujer rural no solamente cumple un papel fundamental en el hogar, sino que también tiene un alto peso en las tareas productivas. De ellas depende la seguridad alimentaria de numerosos hogares rurales en Centroamérica y México, según la CEPAL, y además son responsables de más de la mitad de la producción de alimentos en el mundo.

Por ello, Abramovay reiteró que el enfoque de género no consiste simplemente en añadir un componente femenino o de equidad de género a una actividad o proyecto, ni de aumentar la participación de las mujeres, sino de incorporar la experiencia, el conocimiento, los intereses y necesidades de las mujeres en la ejecución de ese proyecto.

“No podemos decir que existe un enfoque de género si tenemos un proyecto solo para mujeres. No se trata de aumentar la participación de las mujeres, se trata de empoderarlas. Así es como se pueden transformar las estructuras sociales e institucionales desiguales en estructuras igualitarias y justas para mujeres y hombres”, puntualizó.

Abramovay, nacida en Sao Paulo, Brasil, ha sido coordinadora de investigaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), y consultora del Banco Mundial y del Fondo Internacional de Emergencia de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). Además, es miembro de la Red Iberoamericana de Infancia y Juventud del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).

El director general del IICA, Manuel Otero, participó de la charla y reiteró el compromiso del Instituto con este componente. “Género y juventud son temas transversales a los ejes estratégicos de nuestro Plan de Mediano Plazo 2018-2022. Debemos pasar de los dichos a los hechos y, para ello, empezamos por lo interno para luego llevarlo afuera”, afirmó.

Sobre el IICA

Es el organismo internacional especializado en agricultura del Sistema Interamericano, cuya misión es estimular, promover y apoyar los esfuerzos de sus 34 Estados Miembros para lograr el desarrollo agrícola y el bienestar rural por medio de la cooperación técnica internacional de excelencia.

20/7/2018

http://soloparaviajeros.pe/cuadernos/una-mujer-sola-contra-el-mundo/