Picaflores en casa

Me encanta hablar de aves: desde ayer no dejo de hacerlo, sucede que mi jardín sambartolino –mi chacrita en medio del desierto y el mar- ha empezado a ser visitado por un enjambre de colibríes de trazas diminutas y vuelo alucinante. A la llegada hace un buen tiempo de Amazilias costeñas, se suma ahora la de un nuevo visitante que sospecho se trata de Picaflor de Fanny (Myrtis fanny), Estrellita de collar púrpura según la guía de “Aves del Perú” de Schulenberg et al., un aviador de acaso 9 centímetros de talla presente a lo largo de casi toda la costa nuestra.

Parece mentira, pero la conexión hace unos veinte años de los distritos del sur de Lima al servicio de agua potable metropolitano supuso la milagrosa aparición de jardines y parques públicos llenos de verdes y flores por todos lados. Y con esta profusión de vida vegetal la llegada alborozada de aves de linajes que antes no habíamos visto ni por asomo.

Presumo que los turtupilines y picaflores que registro con asombro en mi barrio debieron llegar desde el valle de Lurín utilizando para ello como estación de reposo los jardines de los balnearios vecinos de Pulpos, Señoritas, Caballeros, Punta Hermosa y Punta Negra. Maravilloso: que la vida silvestre se reproduzca en medio del caos ambiental y las malas noticias que vivimos asombra y da esperanzas. Hay que celebrarlo, lo acabo de mencionar en esta plataforma a propósito de una nota que ha publicado Mongabay Latam dando cuenta de los esfuerzos que vienen realizando los pajareros chilenos para salvar de la extinción al picaflor de Arica, una maravilla aviar muy parecida al peruanísimo picaflor de Cora cuya población desciende al tiempo que crecen los campos agrícolas y se popularizan los cercos con mallas antiáfidos por los valles de esa región, una trampa mortal hay que decirlo para insectos y aves polinizadoras. Atroz, el cambio de uso de la tierra perjudicando el futuro de la vida tal como la conocemos en este planeta al borde del colapso.

En fin, no hay que cejar en el intento de volver al principio para empezar de nuevo. Ese es el camino, no hay otro. Mientras tanto a abrir ventanas y corazones para empezar a gozar de la vida silvestre que persiste en alegrarnos los días a la vueltita de la esquina: #otromundoesposible.

Buen viaje…