Prom Perú lanza marca sectorial Superfoods Peru en feria de alimentos más importante del mundo

Estoy sumamente interesado en este tema, el de los súper alimentos peruanos, esa otra posibilidad de desarrollo que tenemos a la mano, cerquita nomás y en los Andes y en toda la Amazonía, para derrotar la pobreza extrema y la devastación ambiental que sufre nuestro territorio patrio. En estos últimos días he hablado de ello con Víctor Noriega, el gobernador regional de San Martín; con el fotógrafo Raimón Plá, conectado a Internet desde su velero anclado en una rada de Barcelona y anoche con Pepe Álvarez Alonso, investigador amazónico y responsable de la Dirección de Diversidad Biológica del Ministerio del Ambiente.

Con todos confirmo esto que les digo con alborozo y deseos de llamar la atención de medio mundo: los mercados emergentes para los productos derivados de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos aumentan su demanda de manera desproporcionada y a un ritmo alocado. Se han puesto de moda y amenazan con convertirse una tendencia universal. Más claro ni el agua.

Si en el 2008, los datos acabo de tomarlos de un documento del MINAM, los productos agrícolas certificados facturaron a nivel global 40 mil millones de dólares, el estimado para el 2020 alcanza los 210 mil millones de dólares. Fantástico.

Y en el 2050 la cifra que se prevé supera los 900 mil millones de dólares. Una cantidad de fantasía, un verdadero milagro para países como el Perú, bendecido por ahora por su diversidad biológica y cultural. Si no aprovechamos, como dicen los esnobs, esta nueva ventana de posibilidades, mejor apaguemos la luz y pongamos un letrero que diga: se vende este país de tantas oportunidades perdidas.

Saludo el esfuerzo de Prom Perú por asociar nuestra marca a estos productos de creciente demanda y necesidad mundial. Ese primer paso debe estar acompañado de la aprobación inmediata de las políticas públicas que favorezcan la reconversión del agro y el manejo apropiado de bosques y cochas, lo que investigadores como Jorge Gasché y Napoleón Vela llaman el modo de producción bosquecino. Y por el lado privado, de la necesaria inversión de capitales, única manera de estimular cadenas productivas que permitan construir un modelo de desarrollo potente, apropiado por fin a la idiosincrasia de nuestra población y a la geografía que habitamos.