¿Qué turismo queremos?, una reflexión de Rocío Lombardi

Mi opinión

Les dejo las reflexiones de Rocio Lombardi, directora académica de la Escuela de Turismo Sostenible de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, sobre el turismo que queremos: esa actividad noble y llena de sentido con la que venimos soñando desde hace tantos años. Aunque los tiempos, sin duda, no son los mejores, somos legión los que seguimos porfiando por una “nueva normalidad” en el sector que priorice los productos turísticos que tomen en cuenta a la gente y hayan sido concebidos para cuidar los paraísos naturales y la diversidad cultural que atesoramos los peruanos. Buen domingo para todos…

Es innegable el impacto de la pandemia sobre el turismo, ratificando la vulnerabilidad de esta actividad a los contextos externos. Todos los actores de la cadena de valor en turismo han sido afectados, cuando se escucha hablar de turismo automáticamente pensamos en hoteles y restaurantes, vinculando la actividad únicamente a servicios sin comprender la cantidad de actores involucrados que también se han visto afectados: proveedores, artesanos, agricultores, guías de turismo, orientadores, transportistas, entre otros. Inclusive olvidamos las experiencias de turismo solidario y los programas sociales financiados gracias a los ingresos provenientes del turismo en el país.

En algunos territorios la estrategia de turismo estuvo orientada a elevar el número de visitantes, y con este crecimiento dejar de lado las actividades tradicionales para dedicarse como actividad principal al turismo, siendo hoy los más golpeados. En el país una de las estrategias promovidas en los últimos años desde el estado es la de TURISMO RURAL COMUNITARIO – TRC, aquel programa que promueve conectar al viajero con el entorno rural, el fortalecimiento de la organización comunitaria, impulsar la identidad y respeto de la cultura viva de los pueblos. Comunidades que el día de hoy reciben cero ingresos, comunidades sin acceso a programas de ayudas financieras. Comunidades esperando la reactivación del turismo.  

En este contexto de la reactivación, surge la pregunta: ¿qué tipo de turismo queremos? ¿Un turismo que tenga como indicador de éxito únicamente el número de visitantes? ¿Un turismo que genere ocupación en los espacios públicos? ¿Un turismo masivo? Es importante recordar que antes de la pandemia estábamos presenciando el nacimiento de la turismofobia en ciudades como Barcelona. Vecinos protestando hartos de la subida de precios de los alquileres, ya que Airbnb se convirtió en la alternativa más rentable llevando consigo fiestas a edificios residenciales. 

Este es un momento de oportunidad, de tener una mirada crítica al modelo de desarrollo turístico del país. Volver a mirar el turismo como un sistema integrado, como una actividad que ocupa territorio pero que debe hacerlo respetando las dinámicas sociales, económicas y territoriales de cada lugar, desarrollar experiencias turísticas con mirada de demanda. Esta demanda que tendrá un nuevo perfil post pandemia priorizando destinos seguros, salubres, sostenibles y solidarios. 

Un turismo respetuoso con los anfitriones, un turismo que permita un encuentro cultural real, que nos genere identidad y esta se convierta en orgullo de un país megadiverso y pluricultural. Turismo de proximidad con flexibilidad. ¿Estamos adaptando nuestros destinos a esta nueva demanda? 

El turismo alternativo, ese que va más allá del viaje para el selfie y el vídeo en las redes sociales. Ese turismo que no solo quiere la foto perfecta frente a la montaña de los siete colores, sino aquel turismo que permita entender la importancia de estar sobre un Apu sagrado, del cual hoy podemos apreciar sus colores como consecuencia del cambio climático. Admirar delfines rosados y comprender que para los pobladores locales ahí está el alma de sus ancestros. Aprender para respetar. 

¿Qué turismo queremos?  Un turismo que nos permita entender al otro peruano y que ese entendimiento nos reconcilie como país.