Raimón Pla Buxó. Elixir de los dioses, un recorrido por la medicina tradicional peruana. Editorial Kairós, 2017

“La selva amazónica ha sido descrita por muchos viajeros como la última frontera, Y no están muy lejos de la verdad. Un occidental nunca puede imaginar su magnitud, ni los tesoros que alberga. La primera vez que pisé la Amazonía, en los bosques primarios, fue como entrar en un paraíso prohibido, perdido en la memoria de nuestra civilización. Un santuario. Nunca imaginé que el reino vegetal tuviera tanta fuerza. La madre naturaleza en su máximo apogeo, un jardín diseñado por la vida. Los ríos caudalosos que serpentean su curso, unas aguas de color chocolate, aguas cristalinas en remanso.  La vida fluvial de la gente habita esa gran biodiversidad. Las grandes ceibas, rascacielos del mundo vegetal, el jardín de mariposas con sus mantos multicolores, los cantos de los pájaros que resuenan en cada lugar, y la noche, la gran sinfonía del mundo anfibio, iluminado por los insectos de luz. Uno no queda ajeno a toda esa riqueza e inmensidad, se ve forzado a la propia ignorancia, ante ese universo que genera un sentimiento de lo desconocido y misterioso. Nadie tiene parece reparar en que la pérdida de este gran templo que es la naturaleza es la destrucción de nuestro legado, en lo más próximo al entendimiento de lo que es la vida.

He podido ver un futuro desolador en los últimos años, los dinosaurios de hierro, las Caterpillar avanzan a una velocidad estrepitosa, haciendo carreteras de mala calidad y llegan los ejércitos de la sierra con afán de hambre y riquezas. En nombre del progreso destruyen millones de hectáreas sin ningún control. La inescrupulosa sed de fortuna del hombre nos lo repite a cada instante, con cada carga de dinamita que abre la tierra en busca de minerales, con el sonido de la motosierra tumbando mundos en miniatura; con cada desagüe vertido en sus ríos y lagos. Dinamitan los ríos para pescar; legalizan la industria furtiva de oro y de hidrocarburos. Por último, la mentalidad de colono, que planta naranjas incomestibles destruyendo más de mil especies en biodiversidad. Una hectárea de deforestación, una vaca flaca. La contaminación por petróleo ha afectado el Amazonas del Perú durante los últimos treinta años”.