San Isidro apuesta por las bicicletas y los espacios públicos para la gente

Oscar Miranda para La República

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No conozco a Manuel Velarde, el alcalde de San Isidro que un grupo de vecinos quiere revocar. Sin embargo, debo decir en honor a la verdad, su lucha por quitarle a los autos las calles y avenidas que en algún momento nos arrebataron sus conductores también es la mía. Firmo lo que digo en mi doble condición de peatón y chofer de un vehículo automotor: prefiero renegar más de la cuenta mientras ubicó un espacio público para estacionarme que seguir habitando una ciudad pensada en darle solución a los que andamos sobre cuatro ruedas y a punto de perder la paciencia.

Una ciudad son sus espacios públicos, y estos deben estar concebidos para darle preferencia a los que van a pie… o en bicicleta, una manera de ir un poco más rápido pero siempre en modo slow.
Que San Isidro haya empezado a girar hacia ese territorio, es una maravilla. Si de verdad nos aterra la prepotencia de los que quieren sembrar de by-pases las avenidas de la urbe que habitamos, tenemos la obligación de construir, visibilizar el modelo de ciudad que queremos.

Y éste que perfila Velarde en la entrevista que concedió a los muchachos de La República me gusta.

Vamos por más, buen retorno a casa después del feriado largo (a los que lo tuvieron).

La bicicleta se la regaló su esposa en su cumpleaños de 2014, dos días después de que ganara una ajustadísima elección a la candidata fujimorista, Madeleine Osterling. Desde entonces es su fiel compañera: dice que la usa en el 90% de sus viajes por la ciudad.

Esta mañana, por ejemplo, la usará para mostrarnos las obras que está poniendo en marcha para –en sus palabras– “hacer de San Isidro una ciudad moderna, donde el eje de las políticas públicas sea el bienestar de las personas”.

 

Puede que a algunos les suene a simple retórica. Pero lo que este abogado de la PUCP, militante del PPC, está haciendo en su distrito es, ciertamente, revolucionario: está reduciendo el espacio destinado a los vehículos particulares y se lo está dando a los ciclistas y a los peatones. Eso no lo está haciendo ningún otro alcalde en Lima, y menos el que dirige los destinos de la metrópoli.

Foto La República

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En el mundo eso no es nada extraño. Hoy en día ciudades tan importantes como París, Londres y Ciudad de México están tomando medidas similares para desincentivar el uso de automóviles y alentar el transporte alternativo.

Pero todo eso lo explicará el mismo Velarde en un rato.

Ahora, después de unos minutos de pedaleo, hemos llegado al depósito municipal situado detrás del Complejo Deportivo Municipal. Estamos en la cima del acantilado de San Isidro, con una vista preciosa de la playa, y lo que nos rodea son fierros y muebles viejos, vehículos malogrados y polvo, mucho polvo.

Velarde dice que en este terreno de 85 mil metros cuadrados se levantará un parque ecológico que, después de muchas décadas, conectará a San Isidro con la Costa Verde..

El proyecto va amarrado al nuevo polideportivo que el COPAL construirá para los Juegos Panamericanos de 2019. La idea no es nueva: aprovechar las obras de preparación de un evento deportivo para crear un nuevo espacio público. Lo hizo el gobierno de Río en las Olimpiadas de este año. Pero no es algo que se esté viendo en el resto de distritos con sedes panamericanas. No por ahora.

Bypass, modelo caduco

Seguimos por la ciclovía que sale del malecón Godofredo García y pasa por la Pera del Amor, deteniéndonos a conversar de rato en rato, y a eso de las 9:30 am llegamos al cruce de Salaverry con Javier Prado. La Municipalidad de Lima quiere construir aquí uno de los cinco bypasses que planea para toda Salaverry. Velarde ha sido el único alcalde que ha salido a criticar esta pretensión. Dice que hablar de bypasses a estas alturas es de locos.

–Acabo de estar en la Conferencia HÁBITAT III en Quito, donde se vio la nueva agenda urbana para los próximos 20 años, y ya nadie habla de eso. Es un modelo desfasado– dice.

Le pregunto qué se puede hacer acá, entonces, para reducir la congestión vehicular.

–El tema de la congestión no debe ser el objetivo principal de las políticas públicas, sino darle soluciones a corto, mediano y largo plazo a las personas para que se movilicen por la ciudad. Incentivar el uso de bicicletas. Mejorar el transporte público. Hacer una ciudad mucho más caminable.

Foto La República

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Tomamos la calle Barcelona y entramos a la ciclovía de la avenida Dos de Mayo. La gestión de Velarde ha creado hasta ahora más de 15 kilómetros de ciclovías y la de Dos de Mayo ha sido una de las más polémicas. Varios vecinos se quejaron de que les dificultaba el acceso a sus cocheras. A los conductores tampoco les gustó que les redujeran el ancho de la pista y, al principio, muchos de ellos se metían a la ciclovía, hasta que la municipalidad tuvo que colocar ‘topellantas’.

–Lo que pasa es que acá hay un status quo que nosotros estamos transformando. La crítica es “le estás quitando espacio al automóvil”, pero la calle es un espacio público en el que todas las personas deben tener opciones para movilizarse. No le podemos dar privilegios a un sector minoritario. Solo el 15% de los viajes en Lima se hacen en auto particular –explica.

Le digo que ese porcentaje es a nivel metropolitano pero que seguramente la mayoría de sanisidrinos viaja en auto.

–Obviamente en San Isidro hay autos, pero lo que buscamos impulsar es una diversificación. Trabajar con las nuevas generaciones. El cambio no se verá de un día para otro, pero sí en el mediano y largo plazo.

El vecino Kuczynski

Los argumentos del alcalde no han convencido a todos. Hay un sector de vecinos que en junio compró un kit de revocatoria y que está juntando firmas para sacarlo. Las obras en la calle Los Libertadores –una ciclovía, eliminación de un carril para autos, reducción del límite de velocidad, etc.– han reactivado las críticas. Él prefiere ignorarlas y evitar las discusiones con quienes tienen visiones opuestas a la suya.

Por ejemplo, esta vecina de Los Libertadores le pide que no coloque bancas porque en ellas se podrían sentar delincuentes a observar los movimientos del barrio. La posibilidad de que gente foránea pasee por su calle le disgusta. Velarde le dice, diplomáticamente, que lo analizará.

Mientras seguimos manejando, me cuenta la historia de Jane Jacobs. Una activista de Nueva York que lideró una corriente urbanística que se enfrentó a la tiranía del automóvil y que proponía que los vecinos tomaran las calles. Mientras más gente en ellas, más seguras eran. Más presencia de familias, pero también de heladeros, de fruteros, de vendedores de globos.

Y tras contarme eso, detiene su bicicleta, saca su celular y me lee un correo que le envió hace dos semanas un vecino notable: nada menos que Pedro Pablo Kuczynski. Al parecer, la municipalidad no dejaba trabajar en paz a El Huancaíno, el vendedor que lo abastece de frutas, en la esquina de Santo Toribio y Lizardo Alzamora. PPK le escribió al alcalde que El Huancaíno era un elemento de seguridad y vida en el barrio. Velarde –que piensa exactamente lo mismo– le contestó recordando a Jane Jacobs y dándole toda la razón.

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Espacios para todos

Poco después del mediodía atravesamos El Olivar. En su gestión se ha convertido en un espacio de recreación al que llegan residentes de otros distritos. Chicos que hacen picnics, recién casados que se sacan fotos, niños que corretean por la hierba. Esta vitalidad ha provocado mohines de fastidio en algunas damas sanisidrinas, que sostienen que su bucólico bosque se ha convertido en un vulgar “parque zonal”.

Más adelante, nos detenemos un momento en el Paseo Parodi, cuya remodelación entregó a fines de octubre. Aquí se refaccionaron las pistas y veredas, se colocaron plataformas peatonales y bancas y se aumentó la iluminación. Es una de las obras que a Velarde lo pone más orgulloso.

Alrededor de la 1 de la tarde entramos a la ciclovía de Rivera Navarrete. La eliminación de uno de los cuatro carriles permitió que también se ensancharan las veredas. Hay espacio para que uno camine a sus anchas y quizás por eso –y porque es hora del almuerzo–, los oficinistas del siempre estresante centro financiero andan con el semblante relajado.

Estamos en la esquina de Rivera Navarrete con Andrés Reyes. En marzo mataron aquí a un cambista, de seis balazos. A dos cuadras, en Las Begonias, mataron a otro, en julio. Esos crímenes fortalecieron la decisión de Velarde de prohibir la venta callejera de dólares en su distrito, lo que le ha ganado el repudio de los cambistas (que hace unos días lo asaltaron verbalmente en la calle Miguel Dasso).

El alcalde cruza Andrés Reyes por la ciclovía y entonces un hombre parado en el borde de la vereda, al parecer uno de los cambistas que sigue trabajando sin chaleco, disimuladamente, recita un breve cántico mientras lo mira pasar.

–Y va a caer… Y va a caer…

Velarde sigue manejando. Le digo que le están mandando saludos. Sonríe. Sin dejar de manejar, resoplando un poco, me dice que hay medidas que es necesario tomar por más que le generen críticas a uno. Eso aplica tanto para el caso de los cambistas como para la recuperación de la calle para ciclistas y peatones.

–Si uno no entra a reformar, a ajustarle los pernos al sistema, nos quedamos en la mediocridad– dice. –Hay que hacer reformas estructurales. No políticas de maquillaje.

20/11/2016