Lambayeque: ejecutan proyectos de reforestación en el distrito de Incahuasi

Las campañas de reforestación con árboles nativos se multiplican por todo el país, qué buena noticia, hay que compartirla con todos los que se pueda para que la “enfermedad” se vuelva pandémica. Claro que es posible, tenemos la obligación de sanar los paisajes que por siglos fueron diezmados por nuestra especie y llenar de árboles las cabeceras de las cuencas hidrográficas donde se genera y se almacena el agua que nos es tan escaza a pesar del descongelamiento agresivo de los nevados andinos. A las campañas de ECOAN y su fabuloso Queuña Raymi, al trabajo encomiable de los amigos de Valle Sagrado Verde en Ollantaytambo y al ímpetu del gobierno del Cusco por acompañar a las comunidades altoandinas de las provincias de Acomayo, Canas y Espinar debo agregar la ofensiva verde lambayecana que comparto con esta nota llevada a cabo en diciembre pasado en los distritos de Incahuasi y Kañaris. En esa campiña serrana tan singular, a pocas horas de Chiclayo, se ha proseguido con la siembra de queuñas, quinas y alisos en las áreas que nuestro desdén terminó por destruir. Celebremos estos golazos y pásennos la voz de eventos similares, en esta plataforma queremos aplaudir y de pie todas las iniciativas, chiquitas o más grandes, en esta dirección. No nos vamos a cansar de repetirlo: #otromundoesposible.

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Queuña Raymi 2020: se inició en las alturas del Cusco la fiesta de la reforestación y el futuro [FOTOS]

No hay labor más tesonera y comprometida con el futuro que la forestación, o reforestación si fuera el caso, con árboles nativos. Por eso es que en esta plataforma no escatimamos elogios cuando desde la sociedad civil o desde el propio Estado se lanzan campañas como las del Queuña Raymi, la fiesta de la reforestación con plantones de queuñas (polylepis) que desde el año 2014 impulsa la ONG ECOAN – Asociacion Ecosistemas Andinos

Los artífices de este sueño son unos tromes: ellos, los técnicos de la institución fundada por el biólogo cusqueño Constantino Aucca Chutas hace veinte años, pero sobre todo los hombres y mujeres de las 21 comunidades campesinas de una sección muy importante de la Cordillera de Vilcanota que participan en la celebración anual, se pasan. Como jugando están cubriendo de verde las cumbreras de sus cuencas para garantizar la provisión de agua y combatir los efectos del estrés hídrico y los tantos males que nos ha traído el bendito calentamiento global.

Hace unas semanas publiqué un reportaje sobre el trabajo de Tino y sus milicianos en la agencia ambiental Mongabay Latam, Alexa Vélez, mi editora en ese portal me dice que el mencionado artículo tuvo muchísimos lectores. Me parece sensacional: es necesario, vital, visibilizar los trabajos que se vienen haciendo en todos los rincones del país para sanar la Casa Común. Sobre todo, aquellos que se basan en la prudencia y el sentido común. Los Queuña Raymi de las alturas del Cusco replican el ayni, una práctica ancestral, panandina, prehispánica que fue determinante, estoy seguro de aquello, en la transformación del territorio duro que nos tocó poblar, áspero en extremo como las montañas que se están reforestando, en cuna de las grandes civilizaciones y desarrollos culturales que estamos en la obligación de festejar.

El 3 de diciembre pasado, me lo comentó por teléfono Tino, se lanzó oficialmente el Queuña Raymi versión 2020. Fantástico, ni la pandemia ni la crisis política que vivimos en el país oficial, ese que bate palmas, por ejemplo, cuando se suman cifras que restan en las conferencias sobre el cambio climático, pudo con la terquedad de los reforestadores campesinos y los cerros, los apus y los wamanis, se llenaron de “hormiguitas” intentando doblegar al gigante. Me hubiera gustado estar con ellos, no importa, prometo acompañarlos en otras jornadas, este año se trata de sembrar 385 mil queuñas, vaya si el trabajo no será de titanes.

Les dejo una lindas y conmovedoras fotos, tomadas todas por Gregorio Ferro, Goyo, otro de los directivos de ECOAN. Bravos estos waykis, en lugar de gastar músculo en ágapes y fogonazos por sus 20 primeros años de vida institucional, decidieron remangarse los pantalones, ponerse las ojotas y, cantando y sudando, acompañar a su gente en la noble tarea de salvar al mundo y al mundo-otro de la debacle tantas veces anunciada. Kausachun Tino, kausachun Ecoan.

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El lloque, el árbol nativo que le devuelve la esperanza a una comunidad del Alto Cañete

En estos últimos días le he estado siguiendo la pista a los amigos de ECOAN, la ONG cusqueña que más sabe en nuestro país de reforestación con árboles nativos que este año cumple veinte de darle duro al cuidado de los bosques de queuñas del Perú.
Según datos muy confiables solo quedan en pie entre el 5 y el 10 % de los bosques andinos que algún día tuvimos y apenas el tres por ciento de los bosques de polylepis (queñuales) que crecen en las montañas más encumbradas de nuestro país. Una catástrofe de proporciones dantescas si es que consideramos que son precisamente las coberturas boscosas oriundas de estos trópicos las que mejor combaten los estragos del calentamiento global y el fin de los tiempos.

Conocer el trabajo de ECOAN en reforestación y conservación de los bosques andinos resulta una tarea que todos deberíamos asumir. En este país de memoria frágil y apego exacerbado por lo foráneo, el desconocimiento de la vida silvestre es una lamentable constante en todos los estratos sociales. De repente exagero, puede ser, desde hace años vengo insistiendo en la necesidad de volver a las aulas, todos, para iniciar un curso de peruanidad que nos devuelva la razón y nos prepare de otra manera para enfrentar el futuro que ya llegó. Y en ese curso tan necesario tenemos que escuchar a los reforestadores y defensores de los bosques de las tres grandes regiones del país y aprender de su encomiable magisterio.

Justamente ayer hablaba de esto en San Bartolo con mis amigos Tina Lerner y Chachi Román, apasionados del Perú forestal y los sueños que nos quedan por cumplir. Ambos han conseguido plantones de Prosopis limensis, la variedad de algarrobo que crece en la costa de nuestro departamento y en Ica, para sembrarlos en los parques y jardines de este balneario poblado de palmeras y molles brasileros: qué sirven, ciertamente, dan sombra y ornato pero definitivamente no son propios de estos pagos y podrían convivir, si nos lo proponemos, con los recios árboles que alguna vez salpicaron de vida la costa central peruana.

Sería extraordinario si en cada departamento nos avocamos a sembrar especies propias: de hecho, si procediéramos así estaríamos poniendo las bases para el rewilding o reintroducción de especies arrojadas de sus hábitats originales por la obstinación humana de ocupar a la mala los espacios de otros seres vivos, tarea que ha empezado hacer en Ollantaytambo y en el resto del Valle Sagrado otro amigo mío, Joaquín Randall, que por cierto está siguiendo el buen ejemplo y la promesa de un mejor planeta para todos en los que andan desde hace veinte años Tino Aucca y los compañeros de ECOAN.

En fin, no digo más, acompáñenme a leer esta nota que ha publicado la agencia Andina sobre una campaña de reforestación con lloques (Kageneckia lanceolate) en las sierras de Lima, en un rincón de la muy hermosa Reserva Paisajística Nor Yauyos Cochas. Lindo día para todos, a seguir poblando el planeta de árboles y más árboles: #otromundoesposible

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