Afrocolombiana Francia Márquez gana el premio ambiental Goldman por su lucha contra la minería ilegal

Buena noticia para Colombia y para el mundo entero: Francia Márquez, líder antiminera y defensora del territorio ancestral y el agua en el departamento del Cauca, fue galardonada con el premio Goldman 2018, la distinción ambiental más importante del planeta.

Negra, pobre, luchadora por los derechos de la mujer desde muy joven, Francia Márquez, 36 años, logró poner a raya a los mineros ilegales que invadieron el municipio de La Toma y ha resistido con firmeza los arrebatos y la violencia de los que quieren seguir medrando con la muerte en su país.

Ojalá que el premio a esta valerosa mujer, que como tantos otros colombianos se vio precisada a abandonar su tierra natal para esquivar las balas que buscaban acallar su lucha, sirva para reconocer también el trabajo y la entrega de miles de líderes socioambientales colombianos que en este momento se enfrentan pacíficamente a los capos de la violencia endémica que sacude al país.

Día de júbilo para los defensores de la tierra. Termino mencionando a los peruanos que alguna vez se llevaron el Goldman: Evaristo Nugkuag (1991), María Elena Foronda (2003), Julio Cusurichi (2007), Ruth Buendía (2014) y Máxima Acuña (2016).

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[COLOMBIA] Nuquí, donde la naturaleza se la pasa de fiesta

Me muero de ganas de conocer el Chocó colombiano, una geografía extraordinaria, compleja, llena de contrastes. Hace unas semanas les dejé en esta vitrina virtual la historia de Javier Montoya, un hombre bueno acribillado a mansalva en la puerta del hotel que construyó al lado del manglar y de la infinita belleza del Pacífico colombiano. Ahora les paso este relato sobre las ballenas jorobadas que arriban cada año a la ensenada de Nuquí y el trabajo de Josefina Klinger, una mujer coraje que está construyendo con los suyos una experiencia de turismo rural que quiero conocer. Buen lunes para todos.

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[COLOMBIA] La tragedia del soñador de Nuquí, Chocó. Javier Montoya, empresario de ecoturismo fue asesinado por grupos armados

El Chocó es el lugar soñado, un pedazo del mundo donde arriban las ballenas desde el extremo sur para amamantar a sus crías, un pedacito del paraíso repleto de delfines, de tortugas, de manglares infinitos, de selvas enmarañadas donde abundan las historias de otros tiempos. Un territorio poblado por negros, por indios, por gente de trópicos lejanos como Javier Montoya, un hombre bueno acribillado a balazos el 6 de junio último en su casita-hotel al lado del mar y de sus sueños.

Sobre el Chocó he leído mucho. Acabo de cerrar el último libro de Alfredo Molano (De río en río) y estoy por la mitad del trabajo de Juan José Hoyos sobre la tragedia aurífera en los resguardos emberá de esa región prodigiosa (El oro y la sangre). Leyéndolos no termino de entender el cúmulo de desgracias de este punto del globo desangrado por la coca, el narco, el tráfico de madera, el paludismo, el oro, las pieles, los paramilitares, la muerte en todas sus acepciones.

La guerra parece no tener fin en el Chocó, tampoco en Colombia. Qué horrible, qué pena. El asesinato de Javier Montoya, en Morromico, su hotel, a vista y horror de su esposa, uno de sus hijos y dos turistas es una tragedia, tristísimo, una afrenta a la paz, al mundo nuevo en el que soñamos. Me ha conmovido.

Les dejo el testimonio del periodista José Alberto Mojica del diario El Tiempo de Bogotá. Larga vida a los sueños de Javier Montoya, descanso y plenitud a su familia.

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Colombia crea importante fondo para apoyar emprendimientos de Turismo Rural Comunitario en todo el país

Hace tiempo que lo vengo diciendo, no es ninguna novedad. El fin de la guerra interna en Colombia y la implementación de las estrategias de desarrollo que se diseñaron para echar a andar lo que ellos han llamado el post conflicto, van a convertir a nuestro vecino del norte en la potencia regional que con justicia se merecen (si es que solo tomamos en cuenta su exuberante geografía y posición geopolítica). Bien por ellos.

El problema para nosotros es que, hablando seriamente de turismo, el rush colombiano nos va a desplazar -si es que no se actúa con inmediatez e innovación- del puesto que con mucho esfuerzo habíamos alcanzado en la región en nichos tan poderosos y expectantes como el del ecoturismo, turismo de naturaleza, aviturismo y paro de incluir más ismos para no deprimirlos.

Ya les conté que fui invitado en mayo pasado por el Servicio Nacional de Aprendizaje, SENA, de Colombia para participar como expositor en un interesante seminario sobre Turismo Rural Comunitario en Manizales, Caldas, Eje Cafetero y lo que vi, en cuanto a organización y deseos por aprender se refiere, me dejó boquiabierto. Los colombianos se han tomado en serio la posibilidad de impulsar una actividad que puede gatillar el desarrollo en las zonas más deprimidas de su extenso y bellísimo territorio. Con Leoncio Santos, ex responsable nacional de la estrategia peruana de TRC, lo comentamos: si no nos ponemos las pilas los colochos se van a posicionar en el mapa del turismo rural comunitario de esta parte del continente de mejor manera que nosotros. Lo tienen todo, digámoslo con franqueza y han agarrado viada.

En fin, miren si no el tenor de esta nota que hemos tomado de la web sector. El gobierno colombiano, a través de la Dirección de Calidad y Desarrollo Sostenible del Turismo del Ministerio de Comercio Industria y Turismo, está convocando a los emprendedores locales a un concurso nacional cuyo objetivo no es otro que estimularlos con créditos para crecer, para dar el salto que quieren dar. Esperemos una respuesta apropiada del equipo que acaba de asumir funciones en el MINCETUR. En turismo, como en cualquier otro negocio, el rótulo de producto competitivo se gana en la cancha. Estamos avisados.

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[COLOMBIA] “Un solo río, cuatro países”, una expedición que intenta salvar a los delfines de los ríos amazónicos

Los delfines rosados requieren de mucha actividad para alcanzar el color que los caracteriza. Si no se exigen, si la inactividad impone condiciones en sus vidas adquieren de nuevo el tono gris pálido con el que nacieron. No lo sabía, nuestros carismáticos delfines necesitan moverse, vivir en permanente actividad, para ser lo que son, qué maravilla.

Los delfines rosados (Inia geoffrensis) y los grises (Sotalia fluviatilis), son dos de las cinco especies de delfines de la Amazonía y de la Orinoquia que la expedición “Un río, cuatro países”, una iniciativa liderada por Fundación Omacha y WWF Colombia que va a recorrer durante dos semanas la selva del Putumayo para verificar el estado de conservación de una especie vital para la pervivencia del bioma más espectacular del planeta.

Hace unos días me enteré de este esfuerzo transfronterizo en las oficinas de WWF Perú y me puse de inmediato a revisar los datos de la especie que acabo de observar en las orillas del río Yanayacu, muy cerca a Iquitos, durante una salida de campo con los amigos del eco albergue Amäk. Les dejo esta primera nota que da cuenta del trabajo del biólogo Fernando Trujillo, director científico de Fundación Omacha, una muy aplicada ONG colombiana que trabaja desde hace varios años investigando y conservando la fauna y los ecosistemas acuáticos y terrestres en su país.

Voy a tratar de comunicarme con ellos y con José Luis Mena, de WWF Perú, para ponerlos al tanto del esfuerzo que se viene realizando para salvar una especie amenazada, entre otras cosas, por la minería salvaje que viene diezmando también a manatíes y lobos de río y la construcción de hidroeléctricas por todas partes.

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Nukak Makú: El último pueblo nómada de la selva colombiana a punto de desaparecer

El posconflicto colombiano supone un reto inmenso para todos los que han apostado por un proceso de paz que estuvo a poco de fracasar. Sin embargo, las expectativas siguen allí, incólumes, sobre todo para los pueblos indígenas que quedaron atrapados en medio de la guerra y todas las pandemias que ésta produjo, una de ellas el narcotráfico. El año pasado me tropecé en una de las avenidas más transitadas de San José de Guaviare con un grupo numeroso de Nukak Makú, mendigos en medio del territorio que algún día fue suyo y ahora les pertenece a los que llegaron de cualquier parte ávidos de nuevos negocios. Se me congeló el corazón ver la desdicha en los rostros ovalados de unos niños, de unos hombres y mujeres, perdidos en medio de los escaparates repletos de productos y brillos. Los Nukak Makú merecen una nueva oportunidad.Los dejo con este texto publicado el día de hoy en Mongabay Latam.

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[COLOMBIA] Santa Marta para backpackers

¿Has llegado por azar a un hotel all inclusive?, ¿sientes que tu esfuerzo por tocar con las manos uno de esos paraísos de las postales que viste en casa fue en balde, inútil sueño de una noche de verano? No lo dudes, escápate del encierro y busca la libertad en un Parque Nacional cercano o una playa al lado del camino que te animaste a tomar. Mira que linda frase me salió en este texto sobre mi travesía casi-mochilera por Santa Marta, en Colombia: “La felicidad tiene el nombre de los caminos por hacer, entre los bosques y el mar, lejos de la monotonía de la modernidad que todo lo opaca, lo vuelve masivo”.

Buen viaje, m’hijo…

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[Colombia] Continúa el drama de la contaminación por mercurio en comunidades del Chocó

Estamos siguiendo con atención la acción legal que la ONG Centro de Estudios para la Justicia Social Tierra Digna elevara a la corte constitucional de Colombia por la muerte de 37 niños en Río Quito, departamento de Chocó, como consecuencia de la contaminación mercurial producida en esa zona por la minería ilegal.

Hoy El Tiempo de Colombia publica una nota donde la mencionada ONG aclara que la demanda admitida se fundamenta en una multiplicidad de factores contaminantes, “desde la producida por la minería informal, pasando por la tala indiscriminada del bosque, hasta la falta de sistemas de acueducto y alcantarillado que proporcionen agua potable y de calidad a las comunidades ribereñas”.

Debe ser cierto. Como en Madre de Dios, la salud de la población del Chocó colombiano está severamente afectada por un combo de factores que se deben enfrentar de raíz, pese a quien le pese, aun cuando las medidas que se tomen sean impopulares. Hay que desactivar todas las bombas de tiempo y pronto. El artículo que les paso es de la enterada periodista española Salud Hernández-Mora, quien fuera secuestrada por el ELN hace unos días en el cumplimiento de su labor periodística. Fue publicado en El Tiempo con el sugerente título ‘Lo que me siento es muerto’.

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[COLOMBIA] El sorprendente potencial económico de la industria del avistamiento de aves

Las cifras son fantásticas, la industria de la observación de aves mueve millones de dólares y acapara la atención de multitudes de aficionados principalmente en los Estados Unidos –que agrupa a 46 millones de birdwatchers- y Europa. En el Perú se ha consolidado en los últimos años un sólido movimiento vinculado a esta afición que ha sido capaz de proponer nuevas rutas para el fisgoneo aviar y una serie de iniciativas que incentivan la actividad y la promueven adecuadamente. Y en esto, hay que decirlo, han jugado un rol importante tanto el Estado como algunas empresas privadas.

Sin embargo, los esfuerzos realizados hasta el momento resultan todavía insuficientes frente a la magnitud de lo que nos queda por desarrollar y las dificultades propias de un producto que compartimos con otras potencias regionales, Colombia, sin duda una de ellas.

La nota que les propongo, que ha sido producida por BBC Mundo y recogimos del muro de Pablucha Merino, pajarero de Ica, analiza precisamente los datos del aviturismo planetario y las potencialidades que tiene la industria en el hermano país del norte, en especial en Cali. Hay que meternos como país en esa discusión, los nuevos tiempos que se avecinan en Colombia después de los acuerdos de paz van a impulsar ese destino de manera concluyente, lo que sin duda representa para nosotros un reto. Y también nos ofrece muchas posibilidades. Hay que estar atentos a lo que se viene en materia de aves y bird routes, la importancia de la actividad lo amerita.

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[Colombia] Orlando Feliciano, salvador de osos de anteojos

Ayer, aprovechando un intermedio del 2do. Foro Mundial de Turismo Gastronómico de la OMT, pude disfrutar una breve conversa con Juan de Dios Carrasco, guía de naturaleza en el Área de Conservación Privada Chaparrí y defensor como pocos de los osos de anteojos del bosque seco de Lambayeque. Y como siempre que nos encontramos en Lima o en cualquier otra parte del Perú, le pregunté de inmediato por los avances en el maravilloso emprendimiento de conservación y turismo que lidera la comunidad nativa de Santa Catalina de Chongoyape: “Bien, don Guillermo, seguimos avanzando, pese a las amenazas de los invasores de tierras y otros enemigos del progreso”, me contestó

Es que el crecimiento económico desaforado que se vive en algunas zonas del país, acelera procesos de ocupación de la tierra nunca antes visto. El boom inmobiliario y el crecimiento demográfico, sobre todo en las localidades de la costa, no tienen cuando parar. En la reserva de vida silvestre de Chaparrí, las amenazas han crecido. Por eso es necesario agitar conciencias y agrupar a la gente en su defensa. Hace unos días lo invité a cliquear en la cuenta en Facebook “Chaparrí en peligro” https://www.facebook.com/Chaparrí-en-Peligro-482061048668699/?fref=photo, una iniciativa que se ha creado para hacer vigilancia ambiental y concientizar a más ciudadanos.

Le comenté a Juan de Dios que le iba a pasar esta nota aparecida en una revista colombiana que da cuenta los esfuerzos que se están haciendo es ese país para salvar a su población de osos de anteojos. Hay que imitar esos buenos ejemplos.

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[COLOMBIA] Repudio nacional por caza y muerte de un oso de anteojos

La noticia fue tendencia en Colombia. La muerte innecesaria de un oso de anteojos en el Parque Natural Chingaza, en Cundimarca, escandalizó a los colombianos que de inmediato se movilizaron para exigir sanción para los responsables de acabar con la vida de un animal cuya especie es de suma importancia para la salud de los ecosistemas que habita y que, lamentablemente, sigue siendo objeto de persecución y cacería ilegal en los bosques y páramos del hermano país. #NoalaMuertedeOsos fue el grito que se dejó escuchar en Bogotá. Y que debería extenderse hasta el Perú. Pese a ser una especie protegida y ser más o menos conocido por su singular belleza, el oso de anteojos sigue estando en peligro en nuestro país. Les recomiendo visitar en Twitter el hashtag de la espontánea campaña ciudadana en torno a la emblemática especie de úrsido, hay muy buena info sobre su conducta y estado de conservación.

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Película sobre biodiversidad de Colombia se convierte en la más vista del año

Fantástico, repliquemos el buen ejemplo colombiano, sería lo máximo. La biodiversidad del Perú no ha sido retratada de esa manera y es un pendiente al que debemos ponerle obligado check. Desde la mítica “Candamo, la última selva sin nombre” (1988), del documentalista Daniel Winitzky, no se ha hecho en nuestro país nada que se parezca al film colocho y recordemos que la serie registró un rating jamás alcanzado (50 puntos de promedio) cuando se emitió en la TV peruana.

“Colombia, magia salvaje” es el resultado de un esfuerzo muy grande de instituciones ecológicas y gente comprometida con la conservación en Colombia; ha sido dirigida por Mike Slee, el mismo de Bichos, El vuelo de las mariposas, Vida en la Tierra y fue rodada en las áreas protegidas y paisajes naturales más espléndidos de ese país. La producción musical estuvo a cargo de David Campbell quien contó para el caso con el apoyo de la Orquesta Sinfónica y las canciones que artistas de la talla de Juanes, Carlos Vives, Fonseca, Aterciopelados, entre otros, compusieron ex profeso.

Un millón y más de espectadores han premiado el empeño y es evidente que el film se convertirá en el más taquillero de la industria cinematográfica de Colombia. “Colombia, magia salvaje” es el “Asu Mare” del hermano del norte. Me abstengo de comentar el símil.

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Se estrena en Colombia película que da cuenta de su extraordinaria biodiversidad

Hace unos días, mientras participaba en un taller internacional sobre el impacto de la industria ladrillera en la salud de la Tierra, en la siempre comedida ciudad de Bogotá, me dio una crisis de chauvinismo -lo confieso con hidalguía- al escuchar las versiones de un técnico gringo sobre la exuberante biodiversidad de Colombia, según palabras del susodicho “el país más rico biológicamente hablando de la región”. O en otras palabras, el segundo estado país más biodiverso del planeta.

Pucha, me descorazoné un poco, tuve que luchar fuerte contra un patatuz inminente. En fin, cosas que pasan cuando uno se queda mucho tiempo en casa obligado a verse el ombligo y saturándose de lo mismo. No es el Perú el país más biodiverso del continente, tampoco la nación más diversa desde el punto de vista cultural. Nuestra biodiversidad y diversidad cultural son inmensas, superlativas ciertamente, pero estamos al lado de colosos con los que compartimos ecossitemas -uno de ellos el amazónico, otro el andino- que tienen lo suyo y también en abundancia. Uno de ellos, sin duda, Colombia. Lo estoy terminando de entender leyendo precisamente “Colombia, donde el verde es de todos los colores”, el librito de William Ospina que compré en la librería del Centro Cultural Gabriel García Márquez.

Les paso esta nota que da cuenta del pronto estreno de una película que resume y detalla la exuberancia de nuestro vecino en riquezas naturales y culturas vivas. No vale picarse.

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Héctor Abad: “Es muy duro escribir, pero peor es dejar de hacerlo

Dos cositas antes de pasar a la muy buena entrevista de Alonso Rabí al escritor colombiano Héctor Abad Faciolince que acaba de publicar en el portal Ojo Público. Primero, me gusta el género de las entrevistas largas, detallistas, que lo quieren abarcar todo. Por eso leo y releo las de Juan Cruz, el célebre periodista de El País y conocido/conocedor de las grandes plumas de la literatura contemporánea.

(Su antología personal, que precisamente lleva como sugestivo título el de “Toda la vida preguntando” (Círculo de Tiza, 2015), me tiene embobado. De las entrevistas de ese nutrido compendio las que le hace a Fernando Vallejo y John Berger, son extraordinarias, fecundas en todo, llenas de apuntes para guardar).

Segundo, la entrevista de Rabí a Héctor Abad Faciolince termina, al menos para mí, de tallar por completo al escritor de Medellín que se hizo conocido con “El olvido que seremos”, el homenaje filial a una de las miles de víctimas de la violencia que sacude desde hace tanto a Colombia, que por cierto leí de un solo tirón no hace mucho tiempo. Abad Faciolince debe ser como lo describe Alonso, bonachón, pulcro, buen conversador. Dicharachero, enemigo de lo vulgar, solícito. Buena gente.

Con esa idea me quedé al salir de la proyección de “Carta a una sombra”, la película que Daniela Abad, la hija del escirtor colombiano, le dedica a su abuelo y donde justamente Héctor III, así le gustaba que lo llamen, se refiere a Héctor Abad Gómez, el médico asesinado a mansalva por un sicario, con un cariño realmente conmovedor.

Ahora sí, los dejo con la entrevista de Alonso Rabí.

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Colombia: de mineros ilegales a socios de una cooperativa

Fui uno de los invitados al taller “Visiones locales de la minería en la Amazonía colombiana: impactos culturales, sociales y legales” que se llevó a cabo el viernes pasado en Bogotá con la participación de indígenas de los departamentos de Caquetá, Putumayo y Amazonas. El evento fue organizado por el Grupo de Apoyo de la Iniciativa para la Conservación de la Amazonía Andina (ICAA-USAID) y sirvió de ocasión para conocer los testimonios de un grupo de “conocedores” indígenas sobre un flagelo que solo el año pasado causó la deforestación en Colombia de casi 17 mil hectáreas de bosque primario.

La minería ilegal se ha convertido en un problema transfronterizo; en Colombia 123 municipios vienen siendo afectados por el accionar de una actividad que la mayoría de las veces es financiada por grupos alzados en armas (FRARC, ELN) y otras organizaciones criminales. Los efectos en los pueblos indígenas, en su estructura social, son tremendos y decisivos; Vicente Hernández, indígena del Caquetá, comentó en el taller que la deserción escolar en adolescentes alcanzó en algunos resguardos indígenas cifras cercanas al 50 por ciento. Los muchachos y muchachas de la Amazonía colombiana encuentran en la actividad minera una alternativa económica poderosa y muy atractiva,

Por eso es que resulta de capital importancia conocer el fenómeno del que venimos hablando y plantear mejores soluciones. La criminalización de la minería ilegal como única estrategia de combate resulta un disparate a la luz de lo acontecido en Perú. Les paso esta nota aparecida el día de hoy en el diario El Tiempo de Bogotá sobre un comité de mineros artesanales que ha conseguido formalizarse para obtener del Estado los permisos adecuados para explotar los recursos de acuerdo a ley.

Vamos a estar atentos a este problema. Ya les cuento.

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Alarma por altos niveles de mercurio en etnias amazónicas de Colombia

Hace tiempo que la minería ilegal del oro en la Amazonía dejó de ser un tema de carácter local o subnacional para convertirse en un problema transfronterizo, internacional, cuyas consecuencias y padecimientos desbordaron los límites de lo estrictamente ambiental para devenir en asunto social, humanitario, de vida o muerte (y no exagero). La nota que recojo de El Espectador revela una verdad cruda, aterradora: los niveles de mercurio en el cuerpo de habitantes de dos etnias amazónicas rebasan largamente los mínimos “permitidos” por la OMS y las agencias de salud de los Estados Unidos.

La intoxicación por mercurio ya no es un problema que atañe a los mineros y sus familias, condenados como están a vivir en campamentos donde la toxicidad es indescriptible, sino que va alcanzando a segmentos poblacionales próximos a la actividad minera como ocurre en Puerto Maldonado, para señalar el caso más emblemático de los tantos que tenemos en el Perú, cuyos habitantes –al menos los que se sometieron a los análisis del caso- presentan altos niveles de metales pesados en el cuerpo.

Estoy siguiendo de cerca el caso colombiano, mañana voy a sobrevolar el municipio de La Macarena, en el departamento del Meta, para ver los impactos de la construcción de una carretera en esa región y en los próximos días me entrevistaré en Bogotá con líderes indígenas que vienen denunciando el avance de la minería ilegal en sus territorios.

Les contaré detalles de lo que vea en una próxima nota.

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Colombia: en Bogotá hay nueve mil habitantes de la calle

Y no son invisibles, allí están, los he visto bajo los puentes donde transita el Transmilenio, en las plazas de La Candelaria, en los barrios más acomodados, en la alucinante –al caer la tarde- carrera Siete, en medio del bullicio de la ciudad y la indiferencia de los que ya se acostumbraron a su presencia.
Se lo comentaba hace un momento a Walter Silvera, fotógrafo y viajero acucioso que me acompaña por estos lares, la población que vive en las calles de Bogotá es impresionante, no había visto fenómeno similar en esta parte del mundo.
William Ospina, el notable escritor colombiano, anota estos datos en su columna de hoy en El Espectador: en Colombia hay seis millones de ciudadanos desplazados, una arrolladora lista de masacres desde 1946, la mayor cifra de desaparecidos en la mayor impunidad, diez millones de exiliados. Cincuenta años de guerrillas.

Tremenda situación, dramática. Por eso es que no me canso de cruzar los dedos para que el proceso de paz en el que están inmersos los de la FARC y el gobierno de Santos termine bien y se inicie el verdadero camino hacia la paz y la reconciliación entre los colombianos. Se lo merecen, todos juntos conforman un país que admiro y quiero mucho.

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Colombia: Los flamencos ya no llegan a La Guajira

Lo mismo que ocurre en el Perú sucede en otras latitudes, penoso mencionarlo. Los desvaríos humanos que nos agobian por estos lares –el egoísmo de los nuevos habitantes de las ciudades, su obsesión por las carreteras y el “desarrollo”- han puesto en jaque al Santuario de Fauna y Flora Los Flamencos, el humedal más famoso de La Guajira colombiana.

Colombia, el país que a veces ponemos de modelo en cuanto a reglamentaciones ambientales se refiere, es también un campo de Agramante. No lo digo yo, que acabo de regresar de Bogotá y recorreré en los primeros días de agosto su Amazonía, lo acabo de leer en el reciente libro de uno de los más respetados periodistas de Bogotá, Daniel Samper Pizano, célebre por impedir la destrucción del Parque Tayrona, en el caribe de Santa Marta. Dice Samper: “en lo que hemos avanzado en Colombia es en la destrucción de la naturaleza, Tanto que una columna reciente de Manuel Rodríguez Becerra, un ecologista muy respetado, revela que Colombia bajó del puesto 9 al 85 en la lista de desempeño ambiental entre 2008 y 2014. Esto es una catástrofe, pero nadie se escandalizó por el dato en la clase dirigente”.

En fin, esperamos que el humedal de La Guajira, afectado también por la sequía y el Cambio Climático, se recupere y las bandadas de flamencos retornen. Sería una belleza y un alivio.

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Cuando volvamos al paraíso: un perfil de Héctor Abad Faciolince

Empecé a leer hace un par de horas “El olvido que seremos” de Héctor Abad Faciolince y sé que solo voy a parar cuando llegue a la última página. El libro del colombiano es un relato conmovedor, entrañable, doloroso sobre su padre, un hombre bueno, una de las miles de víctimas de la violencia que sacude a su país.

Qué duro debe ser para un hijo perder a un padre de esa manera; encontrarlo bañado en sangre allí donde recibió los impactos de bala de sus asesinos. Abad Faciolince tardó veinte años en escribir el libro que le fuera útil para exorcizar los demonios que una muerte tan abyecta introdujo en su biografía. Tremendo, recomiendo su lectura.

Curioso, este arreglo de cuentas lo empiezo después de haber cerrado otro: el de Juan Manuel Robles en “Juguetes de la guerra fría. Y cuando lo termine iré por “La distancia que nos separa”, la novela-testimonio de Renato Cisneros sobre la relación que tuvo con su padre, un controvertido personaje de la historia del Perú que acabamos de dejar atrás.

Espero salir ileso de esta travesía filial.

PD: me olvidaba, qué bueno que está El Dominical de Dante Trujillo, felicitaciones a El Comercio.

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