Informe especial de National Geographic: el lado oscuro del turismo de fauna salvaje en la Amazonía

Vuelvo al ring para trompearme con los que siguen defendiendo esa tropical costumbre nuestra de “interactuar”, cuando nos toca hacer turismo, con las especies silvestres de los lugares que visitamos.

Interactuar: osea, bañarse con los lobos de ríos de las islas del Callao, bucear con las tortugas marinas de El Ñuro o Los Órganos o juguetear con los delfines rosados mejor no digo de adónde.

O caimanear, esa costumbre extendida por los ecolodges de Tambopata, el Pantanal que acabo de recorrer y el resto de la Amazonía de interrumpir a linternazos la vida de un coloso que ha logrado sobrevivir a los tiempos a pesar de la pérdida de sus hábitats a manos nuestras.

El informe que les dejo lo acaba de hacer público la prestigiosa National Geographic y denuncia el extendido negocio del turismo de naturaleza bamba que aprovechando la obstinada búsqueda del selfie por parte de los descuidados visitantes que llegan en tropel a la Amazonía peruana, pero también colombiana y brasileña, les vende, les ofrece, por decirlo de alguna manera, gato por liebre.

El reportaje que menciono es contundente y espero que contribuya a que la gente –entre ellos muchos de mis amigos que han abrazado el oficio de travel bloggers e influencers- se alinee en el bando de los que defendemos, como buenos voyeurs, una concepción más civilizada del turismo de naturaleza, una práctica que debería ser extremadamente respetuosa de las especies silvestres y sus entornos. Como dice el reporte de National Geographic “los grupos de conservación y bienestar animal están de acuerdo en que, cuando una actividad que involucra fauna silvestre cruza la línea de la observación hacia la interacción, es mala para los animales”.

Ojalá que los funcionarios del Sernanp, del Serfor, del Mincetur cercanos a esta problemática -en Cavinzas y en Palomino, islas adscritas a la Reserva Nacional Sistema de Islas, Islotes y Puntas Guaneras, son los burócratas del Sernanp los que avalan la tosca invasión humana del territorio de los lobos de mar- se piquen y se arme el debate.

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Humedales de Puerto Viejo: las aves del adiós…

Hace muy poco días festejamos el éxito peruano en el Global Big Day 2018, segundos después de Colombia pero en indudable crecimiento como comunidad. Buenísimo. En el balance de la jornada se volvió a insistir en un objetivo oculto en apariencia que Fernando Angulo, líder de los Corbidi, se animó a señalar con claridad: ser más, cada vez más, para conformar un movimiento con capacidad para impedir las obras y otros desatinos que se echan a andar sin respetar la naturaleza y los bienes comunes.

Como en los humedales de Puerto Viejo, un lugar icónico para la comunidad pajarera que de no mediar la intervención de la gente, como lo señala Álvaro Rocha en su nota sabatina de Somos, va a caer irremediablemente en manos de la barbarie esta vez disfrazada de pista de remo para los Juegos Panamericanos del año próximo.

Demás está decir que es muy importante la construcción de la infraestructura deportiva señalada, claro que sí. Lo terrible es que esta se pretenda hacer, con la complicidad del Estado, sobre una cancha, por llamarla de algún modo, utilizada por años por pajareros y amantes del aire libre.

Hay que juntarnos para hacer bulla, los chicos y chicas que salieron a registrar aves el último 5 de mayo se merecen una respuesta más clara de los que creemos en un futuro verdaderamente verde. Y qué no jodan los que miden el progreso en metros cuadrados de cemento. O en canchas de remo sobre un paraíso.

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¿Por qué protestan en Chiloé al sur de Chile?

En estos momentos el archipiélago de Chiloé, una de las geografías más extraordinarias que conozco, es escenario de una gran protesta de pescadores artesanales y pobladores locales convencidos que son las grandes empresas salmoneras las que han convertido el mar que les da sustento en un gigantesco centro de contaminación.

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[DENUNCIA AMBIENTAL] Deforestación en Tamshiyacu. ¿En qué país vivimos?

¿Vieron ayer en la noche a Máxima Acuña en televisión nacional? Yo sí y me gustó. Segura, convincente, una voz disidente en medio de los lugares comunes y las verdades absolutas. ¿Por qué la menciono en esta nota sobre Tamshiyacu, en el oriente peruano? Porque casos como el suyo en Cajamarca se repiten, lamentablemente, en casi todos los lugares donde se encuentran, iba a decir colisionan, las empresas poderosas y las poblaciones locales, desprotegidas como están por el Estado que ha creado la República Empresarial que vivimos.

Lo que describe Chirif para Tamshiyacu, en las proximidades de Iquitos, es revelador. Autoridades y empresarios coaligados para llenarse de dinero a costa de los bienes comunes y la propiedad de campesinos despistados. Instituciones gubernamentales incapaces de aplicar reglamentos y actuar. Y todo en medio de las narices de una opinión pública acostumbrada a los negociados de los poderosos y el aquí no pasa nada. La historia que relalta Chirif, que por cierto ha sido también documentada por una investigación de Convoca, describe el modus operandi de una corporación que de la mano de autoridades venales y mucha viveza, ha deforestadouna selva de difícil regenaración y pretende continuar haciendo negocios con lo poco que queda de ella.

En fin, no hay mucho más que decir, los dejo con esta detallada y muy ilustrativa radiografía de la ignominia y el saqueo de nuestros recursos naturales.

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130 hectáreas de la Reserva Nacional Tambopata ya fueron deforestadas por la minería ilegal

Seguimos perdiendo la batalla de La Pampa, o de Tambopata para ser más claros. La edición de El Comercio del día de ayer soltó la bomba que ya conocíamos los que venimos siguiendo “el desmadre de Madre de Dios”: la minería ilegal que todo lo puede terminó de instalarse dentro de la Reserva Nacional para imponer condiciones pese a la presencia de los guardaparques del SERNANP y las famosas interdicciones que cada tanto realizan los custodios del orden. Las imágenes satelitales que se han hecho públicas y que fueron realizadas por la Asociación para la Conservación de la Cuenca Amazónica (ACCA) y Amazon Conservation Association (ACA), lo confirman fehacientemente.

Llorar sobre la leche derramada resulta un ejercicio ocioso a estas alturas. La gravedad de la situación exige soluciones radicales. Y la adecuada toma de posición de los candidatos y partidos en contienda electoral. Como lo viene exigiendo la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (ver comunicado público en la sección Invitado de la Semana) es necesario, imperativo fortalecer la estrategia contra la minería ilegal que se diseñó en los últimos años y no ceder ante los chantajes de los grupos locales que se han empoderado debido a los errores y contramarchas de autoridades timoratas o venales.
El SERNANP, pese a lo polémico de su decisión, hace tiempo que viene pidiendo la instalación de una base militar en La Pampa que garantice la defensa del área natural protegida y los derechos fundamentales de los seres humanos que se amontonan en esa tierra de nadie. También el control del tráfico de combustibles y demás insumos indispensables para el normal funcionamiento de la actividad.

Desde aquí exigimos a los actores directamente involucrados aclarar posiciones y a la opinión pública, el permanente seguimiento del caso. No podemos descuidar este frente de batalla. La Amazonía más biodiversa del planeta está librando su último combate.

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Apocalípticos y desintegrados. El desastre del Marañón

Mientras miramos con espanto y coyuntural enojo el discurrir de las aguas heridas de muerte del Chiriaco y el Marañón nos olvidamos de los ríos, cochas y demás cuerpos de agua amazónicos contaminados por sustancias más poderosas que las producidas por los hidrocarburos ligeros que se volatilizaron en estos días. Y eso que no estoy hablando de la insalubridad de nuestros mares. O del aire que nos toca respirar en ciudades como ésta, víctima de todo tipo de contaminantes. Esta es una oportunidad de oro para meter en la agenda pública el tema de la salud de los ecosistemas que habitamos. Las siguientes son mis reflexiones sobre los derrames petroleros ocurridos en las provincias de Bagua, en Amazonas y Datem del Marañón, en Loreto.

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En el 2050 habrá más plásticos que peces en el mar

La acabose. La catástrofe ambiental que nos esmeramos en continuar no tiene cuando acabar: a la brutalidad de la contaminación del mercurio en la Amazonía, el recipiente que contiene el veinte por ciento del agua dulce del planeta, hay que sumarle ahora la de los océanos, receptáculo planetario de la basura plástica que producimos. Espero que a algún buen samaritano, natural o jurídico, se le ocurra una solución de emergencia. A mí, lamentablemente, no se me ocurre ninguna.

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Denuncian atroz cacería de guanayes y chuitas en playas de Huarmey

Si hace unas semanas nos sumamos a la denuncia del tráfico inmisericorde de pihuichos en Bagua nos toca referirnos ahora a otra bestialidad propia de la sinrazón humana: la matanza con fines comerciales de chuitas y guanayes en la costa norte de Lima.

Las chuitas o cormoranes de pata roja (Phalacrocorax gaimardi) hace mucho que fueron incluidas en la lista de especies amenazadas de la UICN y en la actualidad brillan por su ausencia en los rocadales de Lima y gran parte del litoral donde antes era común verlas. Junto a cushuris y guanayes fueron en épocas pretéritas la base de la riqueza guanera de nuestro país. Hoy su carne es buscada, como antes la de los delfines, para la preparación de ceviches y picantes. Tremendo.

Lo mismo sucede con las colonias de guanayes (Phalacrocorax bugainvilii), otrora las más numerosas
de la corriente de Humboldt. Nosotros, de niños, llamábamos a los individuos de la especie simplemente patillos.

En Chile, donde arriban en una determinada época del año en busca de las concentraciones de anchoveta que se refugian en busca de las aguas más frías, recibe diferentes nominaciones: pato cholo, pato Lilo, pato Yeco, pato de mar.

Hay que frenar esta matanza. Los guanayes cumplen una función importante en los ecosistemas marinos que habitan y el sistema de protección que el Perú creó en sus islas y puntas guaneras más representativas les sirve como espacio de nidificación. Mano dura contra estos criminales y que se activen las reglamentaciones que penan este delito.

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Los Destructores: delitos ecológicos y vigilancia ciudadana

Las fotos que les presento son más que elocuentes. La que tomó Walter Wust en Paracas denuncia una vieja práctica que no cesa a pesar de las prohibiciones y el peligro implícito que representa el uso de explosivos de manera tan poco “profesional”. Si esto viene ocurriendo en Yumaque, una playa dentro de la Reserva Nacional de Paracas, qué podemos esperar de la pesca con explosivos en otras zonas de nuestro extenso litoral.
Las que ha circulado también por Facebook Neotropical Primate Conservation son verdaderamente aterradoras, un escándalo. Seiscientos pihuichos listos para ser embarcados a los mercados de Lima, me imagino, donde el negocio de la venta de especies silvestres fructifica a vista y paciencia de todo el mundo.

Qué barbaridad, no hay palabras para graficar lo que van a ver y leer.

Solo queda esperar que la vigilancia ciudadana expresada en testimonios como los que les estoy pasando y que ya circulan por las redes sociales estimule a otros testigos a hacer lo mismo. Es necesario, imprescindible seguir denunciando estos atropellos. Tenemos que estar organizados para defender lo que es de todos, aunque sea riesgoso…

Aplausos para Wust y NPC…

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