Carolina Trivelli: “Cuidar a los más pobres no es una dádiva, es una obligación del Estado”

Rafo León comentó en su cuenta de Facebook que le parecía que el nivel de aprobación de la gestión del presidente Humala al acabar su mandato -19 % frente a 33 de Alejandro Toledo y 42 % de Alan García- era un tanto mezquino en comparación a lo hecho por los gobiernos anteriores, incluido el de Fujimori. De inmediato los comentarios en las redes sociales que solemos visitar pasaron de la desaprobación a ultranza al mandatario que deja el cargo el próximo 28 de julio a la aceptación de algunos logros visibles de su administración.

El más retirado, el que tiene que ver con las políticas sociales implementadas desde el año 2011. De ese tema y otros hablamos con Carolina Trivelli, economista, ex directora del Instituto de Estudios Peruanos (IEP) y responsable de la puesta en marcha del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (MIDIS), la cartera que tuvo en sus manos el manejo directo de cinco programas sociales claves para el gobierno: Cuna Más, Qali Warma, Juntos, Foncodes y Pensión 65.

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Hubert Lanssiers, el hombre que creía en el hombre

Tuve el privilegio de escuchar a la propia Sonia Goldenberg leer el texto que les paso, que por cierto acaba de publicar El Comercio en su edición de hoy. Sonia, periodista de larga data y “cineasta de lo real”, conoció a Hubert a mediados de la década de los ochenta y quedó deslumbrada de inmediato por la personalidad y la fortaleza de ánimo del sacerdote belga que fue mi profesor en la Recoleta, se los conté la semana pasada.

En 1990 la periodista incluyó su historia en la antología “Reportajes del Perú anónimo”, un acerado retrato personal sobre los duros años de una década definida por los exabruptos de Sendero Luminoso y la guerra entre peruanos. Atesoro ese libro en mi biblioteca, allí, entre otras historias, se encuentra el retrato de Hubert, un hombre exageradamente bueno que fingía ser duro con el afán infantil de “desfacer entuertos” y tratar de ordenar el mundo. Quijote en permanente batalla contra los molinos de viento.

Se han cumplido diez años de la partida física del capellán de las cárceles del Perú y nosotros, sus amigos y discípulos, lo hemos recordado con entusiasmo y mucha nostalgia. Hubert fue un tipo enorme, monumental, no me queda ninguna duda. Como lo he recordado con Juan Carlos Perego, compañero de carpeta, Lanssiers fue nuestro profesor de Historia Universal y Educación Sexual (vaya nombrecito del curso) en cuarto de secundaria y en quinto de Filosofía. Juan Carlos me ha prometido entregarme en estos días copia de cada una de las fichas que nos entregó el último año de nuestra vida escolar. Prometo sacar una para Sonia y otra para Carlos Álvarez, sé que me lo van a agradecer.

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Hubert Lanssiers, profesor de resiliencia

Aunque sé que éste es un testimonio estrictamente personal y extenso, lo quiero compartir con los interesados en conocer algo más de la obra del padre Hubert Lanssiers, el sacerdote belga que ejerció su extraordinario magisterio en el colegio donde estudié y en las cárceles e infiernos de nuestro país. Hubert partió hacia la eternidad hace diez años; un grupo de sus amigos y discípulos lo hemos recordado en dos simpáticas ceremonias en le Universidad Orval y en la casa del embajador de Bélgica.

A mi me tocó hablar en nombre de sus alumnos. Grato honor. El padre Lanssiers sembró en mi vida algunas semillas que he tratado de cultivar con devoción y mucho agradecimiento.

Les paso lo que dije anoche…

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Continúa sin resolver crimen de Aimee Pillaca en La Pampa

Madre de Dios es una de las regiones más biodiversas del planeta, en el interior de ese departamento peruano se encuentran las principales áreas protegidas del país: entre ellas el Parque Nacional Manu y la Reserva Nacional Tambopata. Desde que se inició la fiebre del oro que sacude el planeta, Madre de Dios ha sido invadida por mineros artesanales y mafias que han convertido el paraíso natural en un infierno donde la vida no vale nada. En los bordes de la carretera Interoceánica que conecta el Perú con Brasil han surgido campamentos y ahora aldeas donde mal viven miles de seres humanos degradados por la ambición y el dinero fácil. El Ministerio del Ambiente peruano calcula que en el sector de La Pampa y otros campamentos auríferos deben vivir más de cien mil personas. El Far West ha renacido. La Pampa es Sinaloa, las favelas de Rio, el fin del mundo. Les paso esta historia que aunque breve describe una situación que debemos parar.

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Se inaugura “Arte intramuros: Recuperando dignidad”

Los quiero invitar a la expo que estamos impulsando desde la Asociación Dignidad Humana y Solidaridad que lidera Carlos Alvarez Osorio desde las prisiones del Perú. El granito de arena que Uds,.pongan en esta causa por la dignidad de las personas servirá para seguir construyendo más esperanzas entre los hombres y mujeres que perdieron su libertad y luchan por recuperarla. Gracias, muchas gracias, nos vemos el 15 de diciembre en el ICPNA de Miraflores.

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[CINE] “¿Por qué estudiamos si al final va a haber una guerra?”

Es verdad. Los niños son los que más sufren el desvarío de los hombres. Son ellos los que tienen que huir de la brutalidad –o simplemente soportarla- sin saber las causas que la producen, ni quien es el responsable. Hace unas cuantas semanas una foto, la del niño kurdo Alan Kurdi ahogado en una playa de Turquía, evidenció el drama que viven miles de seres humanos que tratan de escapar de la guerra que cubre una vasta región de Asia. La imagen fue extremadamente conmovedora, nos hizo llorar a todos…pero solo un momento. La Tierra siguió girando sobre su eje mientras otros niños se ahogaban en el mismo mar.

La tragedia de los territorios ocupados por Israel en la Palestina es otro infierno de nuestro tiempo. A las bombas de hace un año, hay que sumarle la de los últimos meses. La represión y la barbarie se han convertido en pan de cada de día en Gaza y la Cisjordania; el documental “Dreams behind the Wall”, de la periodista española Elena Herreros, de La Sexta TV, describe la rutina de estas víctimas a través del testimonio de dos criaturas de ocho años que tienen que ir a la escuela y seguir vivos en medo de los escombros, la desolación y los enfrentamientos de cada minuto.

Sé por Boris Cyrulnik y también por la experiencia recogida en muchos años de ejercer el oficio de maestro que es posible superar los traumas de la infancia, algunos desgarradores y terribles, apelando a la capacidad terapéutica que supone el encuentro y el inicio de una relación de amor. Niños soldados, supervivientes del Holocausto, de deportaciones, guerras o genocidios, lograron superar maltratos y humillaciones gracias al encuentro con un Otro sano, completo, afectivamente poderoso. En eso consiste la resiliencia, esa fortaleza interior que espero aflore en los niños de la guerra, de la maldita guerra que parece enseñorearse en estos tiempos tan desalentadores y tristes.

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Colombia: en Bogotá hay nueve mil habitantes de la calle

Y no son invisibles, allí están, los he visto bajo los puentes donde transita el Transmilenio, en las plazas de La Candelaria, en los barrios más acomodados, en la alucinante –al caer la tarde- carrera Siete, en medio del bullicio de la ciudad y la indiferencia de los que ya se acostumbraron a su presencia.
Se lo comentaba hace un momento a Walter Silvera, fotógrafo y viajero acucioso que me acompaña por estos lares, la población que vive en las calles de Bogotá es impresionante, no había visto fenómeno similar en esta parte del mundo.
William Ospina, el notable escritor colombiano, anota estos datos en su columna de hoy en El Espectador: en Colombia hay seis millones de ciudadanos desplazados, una arrolladora lista de masacres desde 1946, la mayor cifra de desaparecidos en la mayor impunidad, diez millones de exiliados. Cincuenta años de guerrillas.

Tremenda situación, dramática. Por eso es que no me canso de cruzar los dedos para que el proceso de paz en el que están inmersos los de la FARC y el gobierno de Santos termine bien y se inicie el verdadero camino hacia la paz y la reconciliación entre los colombianos. Se lo merecen, todos juntos conforman un país que admiro y quiero mucho.

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Charlie Hebdo dejará de publicar caricaturas de Mahoma

Laurent Sourisseau, director de la revista satírica, confiesa en una entrevista a la prensa alemana que los dibujantes de Charlie ya cumplieron largamente la tarea de defender el derecho a la caricatura (y por extensión a la blasfemia) que les tocó cumplir y que ya es tiempo de pasar la posta.

El tema de limitar la libertad de expresión en tiempos de fundamentalismos sigue estando en debate. A mí me tocó disentir públicamente de los que querían llevar la defensa de este derecho fundamental hasta el infinito. Dije en esos días de arrebatos y preguntas sin respuestas –los del atentado del 7 de enero en Paris- que lo que se obtiene al burlarnos de los extremismos, cualquiera sea su origen o traza, era mayor extremismo.

Y sigo pensando lo mismo. Me gustaría saber su opinión, ¿se trata la de los muchachos de Charlie Hebdo de una capitulación monda y lironda o de un repliegue estratégico? ¿O acaso estamos hablando de un ejercicio de auto-regulación del que también hablé en aquellos días tan tristes. Lo dejo allí.

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Desde la prisión: diseño y trabajo digno en Castro Castro

Me gusta repetirlo, la frase es de Hubert Lanssiers, el sacerdote belga que conocí en mi adolescencia y se convirtió desde entonces en el paradigma, en mi paradigma de la justicia y el amor a la humanidad: “en las cárceles la vida no se detiene, continúa”. Y es cierto, soy testigo de ello porque llevo varios años acompañando a Carlos Alvarez, director de la Asociación Dignidad Humana y Solidaridad, la institución que fundó Hubert, en su lucha personal por sembrar un poco más de esperanza en las vidas de los que purgan condena y sufren los rigores del encierro.

Por eso es que me gustó mucho la nota que les paso. Es de Juana Gallegos, de La República, y cuenta la peripecia de un muchacho francés, Thomas Jacob, cuya “genialidad” no es otra que el de haber convocado a un grupo de reclusos, hombres u mujeres, para construir con ellos una marca de ropa. Si testimonios como el suyo fueran divulgados como se merecen otro sería el cantar en los “centros de rehabilitación” de nuestro hipócrita sistema carcelario.

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“Je ne suis pas Charlie Hebdo” (yo tampoco)…

El siete se produjo la atroz carnicería en la redacción de la revista Charlie Hebdo y el ocho, irreverente como a veces suelo ser, se me ocurrió sustentar en una conversa con Pino Rubio, amigo de toda la vida, el porqué de mi ubicación en el carril opuesto al que ocupaban en ese momento casi todos los que comentaban la masacre. Me animé a decir que mi solidaridad en tan dramática hora estaba con los familiares del policía muerto a mansalva durante el ataque de los terroristas de Al Qaeda y el Estado Islámico y las víctimas de paso por las oficinas de la revista satírica. En ellos pensaba al repasar los cables llegados desde el lugar de los hechos y no en decir lo políticamente correcto. Aclaro, no es que estuviera en contra de los caricaturistas del hebdomadario asesinados por los hermanos Kouachi, al contrario, fui de los primeros en saludar su osadía y espíritu inclaudicable; sin embargo, como lo apunté en la cuenta de Pino distinguía entre “los dibujantes (que) eran conscientes de las iras santas que estaban generando (y) sabían a lo que se exponían” y los otros caídos esa mañana.

Por supuesto que en los días siguientes a la batahola de Paris todos aquellos que “firmamos” el #Je suis Ahmed fuimos tildados de complacientes con el yihadismo por no decir de traidores. Miren a lo que me expuse…

Una semana después de los sucesos que han conmocionado Occidente, la controversia entre los #Je suis Charlie Hebdo y los #Je suis Ahmed no ha sido dirimida como suponían algunos y en el centro de la discusión vuelve a colocarse uno de los derechos fundamentales en los que se sustenta, dicen, nuestra civilización, esta que defendemos tanto y que parió precisamente la Francia de la liberté, la egalité y la fraternité. Yo que hace pocas semanas me pronuncié en contra de la emisión de La Paisana Jacinta y que desde hace mucho vengo sugiriendo regulaciones que acaben de una vez por todas con la cloaca televisiva que nos han impuesto, no puedo rasgarme las vestiduras en defensa de una libertad de expresión–la que supuestamente tenemos todos de manifestarnos de la manera como se nos ocurre- en la que no creo.

Por eso es que acababa mi reflexión de opinólogo de esta manera: “En lo que a mí concierne no deberíamos valernos de la libertad de expresión para darle duro a quienes profesan sus propias religiones así estas sean del oriente del mundo…o del oriente del Perú. Me quejaría hasta el cielo si es que a una revista peruana se le ocurriese poner en su carátula a un indígena mashco-piro (o a cualquier otro) anatemizado por creer en dioses que no calzan con nuestro rasero ideológico. Lo que se obtiene burlándose de los extremismos, cualquiera sea su origen o traza, es mayor extremismo. Y en este caso la muerte de gente que no tenía vela en ese entierra como el policía musulmán muerto por estos terroristas”.

Como lo mencioné en la conversa que comento ojalá que mis opiniones sirvan para seguir debatiendo. Esa es la idea de esta revista digital.

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