[CINE] “¿Por qué estudiamos si al final va a haber una guerra?”

Es verdad. Los niños son los que más sufren el desvarío de los hombres. Son ellos los que tienen que huir de la brutalidad –o simplemente soportarla- sin saber las causas que la producen, ni quien es el responsable. Hace unas cuantas semanas una foto, la del niño kurdo Alan Kurdi ahogado en una playa de Turquía, evidenció el drama que viven miles de seres humanos que tratan de escapar de la guerra que cubre una vasta región de Asia. La imagen fue extremadamente conmovedora, nos hizo llorar a todos…pero solo un momento. La Tierra siguió girando sobre su eje mientras otros niños se ahogaban en el mismo mar.

La tragedia de los territorios ocupados por Israel en la Palestina es otro infierno de nuestro tiempo. A las bombas de hace un año, hay que sumarle la de los últimos meses. La represión y la barbarie se han convertido en pan de cada de día en Gaza y la Cisjordania; el documental “Dreams behind the Wall”, de la periodista española Elena Herreros, de La Sexta TV, describe la rutina de estas víctimas a través del testimonio de dos criaturas de ocho años que tienen que ir a la escuela y seguir vivos en medo de los escombros, la desolación y los enfrentamientos de cada minuto.

Sé por Boris Cyrulnik y también por la experiencia recogida en muchos años de ejercer el oficio de maestro que es posible superar los traumas de la infancia, algunos desgarradores y terribles, apelando a la capacidad terapéutica que supone el encuentro y el inicio de una relación de amor. Niños soldados, supervivientes del Holocausto, de deportaciones, guerras o genocidios, lograron superar maltratos y humillaciones gracias al encuentro con un Otro sano, completo, afectivamente poderoso. En eso consiste la resiliencia, esa fortaleza interior que espero aflore en los niños de la guerra, de la maldita guerra que parece enseñorearse en estos tiempos tan desalentadores y tristes.

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