Cusqueños se manifiestan a favor de la creación del ACR Ausangate

La ola de indignación que provocó la inclusión del cerro Vinicunca dentro de la concesión minera que el Instituto Geológico, Minero y Metalúrgico (Ingemmet) otorgara en marzo último a la empresa de capitales canadienses Minquest Perú, volvió a colocar en la agenda de los cusqueños el tema de la protección de las áreas naturales que posee la región. Seguimos en el Cusco tomándole el pulso a la temperatura ambiental.

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¿Réquiem por Vinicunca, la montaña de colores del Ausangate? Turismo chicha y minería abusiva en las alturas del Cusco

¡Qué día, por dios! El affaire Vinicunca, el destape que hizo CoperAcción de la concesión a la minera de capitales canadienses Minquest Perú de la Montaña de Colores, fue el tema que alborotó las redacciones de todos los medios de comunicación el día de hoy. Nosotros no podíamos estar al margen de tamaño bombazo y hemos pasado la jornada en el Cusco yendo y viniendo de todas partes para cotejar fuentes e informaciones.

En fin, mañana juega Perú en Ekaterinburgo y antes de apagar la luz les quiero dejar esta pequeña nota que trata de hacer un recuento de lo que viene sucediendo en los contornos del apu Ausangate y llamar la atención sobre las amenazas que se ciernen sobre nuestros recursos naturales y culturales si se sigue actuando a la mala. Nos vemos mañana, ya saben en esta redacción #SomosACRAusangate.

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Vinicunca: la Montaña de Colores del Ausangate en peligro

No todo lo que brilla es oro. A la cordillera del Ausangate, Cusco, el turismo llegó y llegó feo, a la mala, sin planificación ni concierto, al yankempó; lógicamente los efectos de ese desarrollo espontáneo ya se empiezan a sentir.

En el 2016 el fotógrafo Arturo Bullard mostró imágenes de las pintas sobre una de la ladera de la mítica Montaña de Colores (o Rainbow Mountain como la promocionan jaladores y agencias en las calles del Cusco más turístico) que habían hecho los pobladoes locales y se hizo evidente la pulla entre las comunidades que se atribuían el derecho a cobrar un boleto por el ingreso a sus territorios.

No digo que esté mal el involucramiento de la gente en temas como éste, no; las necesidades económicas son inobjetables y el emprendurismo de los peruanos no está en tela de juicio. Solo, alineándome a lo que comentan entre líneas las dos periodistas de The New York Time que suscriben la nota que les dejo, advierto el peligro que supone para la perduración de un producto turístico (la trajinada sostenibilidad de los que todos hablan y parecen saber) el manejo a la brava del mismo.

En fin, antes de que empiezan a lanzar sus anatemas los opinólogos de ocasión, me atrevo a aconsejar a la academia (a la universidad sobre todo) y a los entendidos del negocio turístico lo siguiente: hagan un esfuerzo por analizar el fenómeno –repetido en El Ñuro, Piura y en otras localidades- para que los perjudicados no sean siempre los mimos. Turismo responsable, que le dicen. Nada más.

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Alturas del Ausangate: La mujer elegida por los apus para ser altomisayoc

En agosto del 2015 recorrí el apu Ausangate con Chema Formentí, el americanista asturiano y con el equipo de Camino Films, mis compañeros de cuitas de un proyecto de TV lindísimo, que lamentablemente duró poco. Con ellos y con Lichi Vásquez, mujer-montaña, caminé durante cinco días las alturas insondables de la cordillera del Ausangate. ¡Qué viaje!, lo tengo grabado en la retina.

El Ausangate es el reino de los últimos alpaqueros (paqocheros) de la altiplanicie cusqueña, una raza de hombres recios que adoraron, y adoran, a las montañas, las deidades broncas de las que depende la suerte de los animales en sus pagos y que no guardan relación con los dioses que fecundan la tierra para hacerla próspera. En la cordillera donde brilla con luz propia el Ausangate, el coloso de 6372 m que se divisa desde el Cusco, son los apus, no la pachamama, los que ordenan el mundo. O el mundo-otro como lo ha llamado Xavier Ricard, el estudioso francés que se ha ocupado de los pastores de altura de este fin del mundo.

¿Cómo se convierte un mortal en altomisayoq, la máxima jerarquía “eclesiástica” de una religión animista que ha sobrevivido más de la cuenta en los Andes? Ricard comenta que hay dos maneras, la elección sobrenatural y el aprendizaje del oficio bajo la tutela de un altomisayoq afanado, que ya no van quedando, debo decirlo. Tal vez el último haya sido Nazario Turpo, víctima de una muerte absurda, mientras hacia la ruta Ocongate-Cusco durante un paro del SUTEP .“La elección sobrenatural, anota Ricard en “Ladrones de sombra”, su trabajo sobre la región, se manifiesta por una “descarga de rayo”, de la cual debe librarse el futuro chamán. Así de sencillo, vivir después de la descarga eléctrica de un rayo, convierte a un simple mortal, hombre o mujer, en un emisario de los dioses.

Desde este punto de vista el rayo -qhaqya- es concebido como un “mensajero de los Dioses”. Vale decir, “los apus lo emplean para designar al común de los mortales, aquel a quien dios ha elegido para que se convierta en su waynillu, su servidor”. Sincretismo religioso, en las alturas de la provincia de Quispicanchi.

Al igual que a Pocho Ochoa, la lectura de esta nota que trajo la revista Somos el sábado que acaba de pasar me hizo el día. Se las dejo.

Saludos Lichi, Juan Carlos Flórez, wayquis de Andean Lodges, socios de los comuneros de Chilca y Osefina, dueños de esta parte de la ruta.

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Montañas de colores en el altiplano andino

Chema Formentí continúa su magisterio americanista en España, ahora desde el maravilloso Museo del Jurásico de Asturias (MUJA), en el municipio de Llastres (Colunga), sobre el Cantábrico; sin duda, una de las postales más hermosas que conozco del principado de Asturias. El título de la charla: “Montañas de colores, apus, desiertos y volcanes del Altiplano andino”; un recuento de sus viajes, en diapositivas y exquisita narración, por los apus Salcantay y Ausangate, en el Cusco-Perú; las tierras de Sajama, Uyuni y Sud Lípez, en Bolivia; el desierto de Atacama y el Parque Nacional de Lauca, en Chile y la quebrada de Humahuaca, en Argentina.

Una navegación fascinante por unas tierras de colores en un fin del mundo salvaje y extremadamente hermoso.

Tuve la suerte de acompañar a Chema en su primera vuelta al Ausangate, en esa oportunidad gozamos como chavales viendo los trajes con que se atavían las montañas Yauricunca, sobre los cuatro mil metros de altura, allí donde se ahogan las plantas y fructifican la desolación y los vientos fríos.

Estoy seguro que la conferencia de José María Díaz-Formentí, Chema, en la Semana de la Ciencia del Muja será un éxito. Qué pena no estar allí, que lástima no acompañarlo al lado de José María García Ramos y Laura Piñuela, los impulsores del gabinete científico que atesora la tercera colección más notable de icnitas o huellas de dinosaurios fosilizadas del planeta.

Suerte, compañero, que los apus te sean propicios.

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