Ballenas en su hábitat: museo noruego promete ser el mejor del mundo

Y no dudo que va a ser así. Acabo de volver de Honningsvåg en el norte más extremo de la nórdica Noruega, un fin del mundo que mira sin recelos el polo norte y exuda inigualable belleza. Allí, en la última esquina de la isla Mager, en lo más alto de un acantilado sobre el océano Ártico, tuve la oportunidad de visitar el museo municipal de Nordkappallen, una joya modernista que le rinde homenaje a los exploradores que desafiaron lo inaudito –uno de ellos Richard Chancellor, capitán de una nave, en 1553, muy parecida a las de Colón- y la exultante ecología del territorio boreal.

Los ambientes del Nordkappallen -el museo de sitio, la sala de cine con sus tres pantallas integrada, el bar y el restaurante, su museo de historia natural, hasta las terrazas frente al insondable océano- destilan buen gusto a granel. Qué lujo, me quedé lelo viendo tanto despliegue de cultura y respeto por la historia y la geografía. Los noruegos, realmente, están en otra.

De allí que el The Whale, el museo que se está construyendo en Andenes, isla de Andøya, sí que promete. Espero que los burócratas tan finos que tenemos en el ministerio de Cultura y en las direcciones regionales que se ocupan de estos temas tomen nota de estos avances y los repliquen por aquí. ¿Se puede? Claro que sí, es cuestión de echar a andar la imaginación y pensar en grande. Sin tantas estridencias, por cierto. Vamos a ver.

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