Se incrementa caza ilegal de vicuñas en Pampa Galeras y otras zonas de reproducción

El manejo de las poblaciones de vicuñas en la altiplanicie peruana, en especial en los territorios donde se estableció en 1967 la Reserva Nacional Pampa Galeras, en la actualidad Reserva Nacional Pampa Galeras-Bárbara D’Achille (RNPGBA), es una contribución de nuestro país al mundo entero. No lo digo yo, lo han venido afirmado instituciones de prestigio intachable como World Wildlife Fund (WWF) y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN). Y, por cierto, también personalidades de la talla de Marc Jean Dourojeanni, uno de los protagonistas, junto con el recordado Antonio Brack Egg, de la recuperación de una especie que hacia mediados de la década de los años 60 daba signos evidentes de un imparable descenso poblacional.

La historia de esta gesta ha sido narrada, con evidentes toques personales, por Dourojeanni en su monumental “Crónica Forestal del Perú”, un libro fundamental para entender el devenir del conservacionismo nuestro tan lleno de épicas como ésta –o como la que supuso el manejo que se hizo a inicios del siglo pasado de las poblaciones de aves guaneras de nuestro extenso litoral- que no son del todo conocidas por los interesados en la materia.

Dourojeanni en el compendio que menciono relata los esfuerzos emprendidos por el Estado peruano, por lo menos desde 1965 , por salvar a la emblemática vicuña de la extinción, intención apoyada por la cooperación técnica alemana que derivó, años después, en la creación del Proyecto Especial de Utilización Racional de la Vicuña (PEURV), organismo dirigido desde 1978 por Antonio Brack Egg. Dicha oficina, adscrita al Ministerio de Agricultura, fue la que dispuso las medidas de manejo que enfurecieron a Felipe Benavides Barreda, el recordado creador del Parque de las Leyendas, entonces la figura más señera del conservacionismo peruano.

El affaire Vicuña, así lo llama Marc, enfrentó a los jóvenes ambientalistas –el propio Dourojeanni, Brack y al recordado Carlos Ponce del Prado- con los defensores de la vida animal y ese parquismo inicial que entendía a las áreas naturales protegidas que empezaban a establecerse como reservas faunísticas intocables. Los burócratas a cargo de la recuperación de la especie, muchos de ellos molineros, es decir egresados o profesores de la UNALM, habían propuesto, amparados en informes de los cooperantes alemanes, una saca selectiva de vicuñas de Pampa Galeras con el propósito de regular sus poblaciones y generar recursos económicos para las comudidades locales. La medida disgustó a Benavides que se enfrentó a los técnicos a cargo del proyecto, en especial con Antonio Brack, durante largos años.

Campañas periodísticas de grueso calibre y juicios que se prolongaron interminablemente involucraron a los aludidos. Al final, miles de artículos y reportajes trelevisivos de por medio, la razón estuvo del lado de los funcionarios reclutados por el gobierno militar y las poblaciones de vicuñas de Pampa Galeras y zonas aledañas fueron creciendo, a pesar de la arremetida senderista en los ahora lejanos ochenta y noventa, hasta alcanzar los volúmenes que se mencionan en la estupenda crónica de Talía Lostaunau, también molinera, que acaba de publicar Mongabay Latam

Hay que evitar el “vicuñicidio” que se está produciendo en la RNPGBA y hacerlo pronto. Mientras los campesinos de las comunidades donde viven estos camélidos sudamericanos acatan el aislamiento social dispuesto por el gobierno, los cazadores ilegales actúan a sus anchas, esa es la triste realidad en todas partes. Hay que pararla, ya…

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