Parque Nacional Alto Purús: otra esperanza

¿Hasta qué punto los intereses de las transnacionales de la madera y del progreso fácil pueden resistir el impulso concertado de quienes han entendido que la Amazonía puede ser el buen negocio de los países pobres en su ansiado propósito de poner proa en dirección al desarrollo social? ¿Hasta qué punto los afanes de proteger una de las mayores fábricas de producción de oxígeno del planeta pueden hacer entrar en razón a los que ven en las carreteras interoceánicas la panacea del desarrollo?  En Perú, la alianza entre los que saben que el bienestar del futuro pasa irremediablemente por el buen uso de los recursos naturales, las agencias cooperantes y el Estado, viene dando –a pesar de los múltiples problemas y las cada vez más ruidosas campañas anti ambientales-  frutos tangibles: en noviembre pasado las autoridades peruanas dieron el visto bueno para la creación del Parque Nacional Alto Purús, una joya de más de dos millones de hectáreas en medio de un paraíso que posee récords mundiales en biodiversidad jamás antes sospechados.

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Ucayali: Mujeres artesanas contribuyen a la conservación del Parque Nacional Alto Purús

Me alegra que el deseo y los sueños de mis amigos en el Purús –Arsenio Calle y Rafael Pino, del Sernanp, los asociados a MABOSINFRON y los líderes de las comunidades nativas que he visitado- se empiecen a cristalizar: ellos saben mejor que nadie que los arrebatos carreteros y el uso indebido de los recursos de sus bosques que alientan los de siempre, se sosegarán cuando el binomio protección-producción se haga fuerte en la que podría ser sin temor a equivocarme la provincia más biodiversa de nuestro país. Y también la más alejada de todas.

Acabo de hablar por teléfono con los biólogos Calle y Rafael Pino, jefes del Parque Nacional Alto Purús y de la Reserva Comunal Purús, respectivamente, ambos se encuentran en Pucallpa a la espera del visto bueno de su oficina matriz para volver al campo a seguir impulsando el trabajo productivo con la gente de las comunidades; me adelantaron los dos que los emprendimientos basados en los cultivos de huasaí, cacao y plantas medicinales se han fortalecido y ya están a la caza de mercados para su apropiada comercialización. Si a esto le sumamos el trabajo de sus artesanas y las propuestas de turismo de naturaleza que se vienen preparando con antelación la revolución productiva que queremos empieza a tomar forma, qué bueno…

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[SOS] La trágica extinción de un pueblo indígena en contacto inicial en la Amazonía

La noticia la propaló el diario La República hace unos días basándose en los reportes del Ministerio de Cultura: cuatro miembros de una familia mastanahua en contacto inicial habían sido asesinados el 13 noviembre pasado por un grupo de indígenas no contactados en los predios de la comunidad nativa de Santa Rey, en la provincia de Purús, en Ucayali y sus cuerpos, tres semanas y media después, se podrían en una oscura dependencia local sin que fiscal alguno o autoridad competente dispusiera el levantamiento de los cadáveres que exige la ley. Tremendo, lo comenté en mis redes sociales, cuánta negligencia y desprecio por los pueblos indígenas de la Amazonía de nuestro país.

El caso es controversial y pone en tela de juicio las políticas que tiene el Estado peruano para hacer frente al problema de las Poblaciones Indígenas en Aislamiento y Contacto Inicial, los PIACI en la verborrea de cierto indigenismo siglo XXI, lo acaba de mencionar el antropólogo Luis Felipe Torres en un completo reportaje publicado en el portal Ojo Público que comparto con ustedes. El trasfondo de la historia es dramático, se los refiero al vuelo: la familia mastanahua, un grupo indígena de la familia pano, al parecer un hombre, sus dos mujeres y su suegra que vivían desde hace unos veinte años en las cercanías un asentamiento indígena en evidente contacto inicial, fue flechada por un grupo de panos, o tal vez mashco piros en aislamiento, no se sabe muy bien, los informes del Ministerio de Cultura son muy escuetos al respecto, en lo que podría haber sido un capítulo más de una guerra interétnica de las tantas que han jaloneado -y jalonan- la historia de la exultante Amazonía.

Claro, con el agravante, dice Torres, del ingreso a la mala en esas alejadas porciones del territorio peruano de nuevos y desdeñables actores sociales: por un lado, narcotraficantes y agricultores dedicados al cultivo de la coca, los mismos que se enseñorean en casi todas las áreas naturales protegidas de la selva imponiendo sus leyes; por otro, misioneros cristianos de una secta religiosa transnacional decidida a evangelizar a los indígenas a toda costa, sálvense quien pueda. Y todo esto con la complicidad bicentenaria de un Estado cuando no ausente, ineficaz ciento por ciento. Ojalá que el nuevo ministro, un señor muy interesado en la promoción de la lectura y en aprobar en tiempo récord un memorial en homenaje los muchachos muertos en las marchas contra el gobierno de facto en el LUM, se apure en dar solución a un problema antiguo que viene siendo abordado entre bambalinas, sin mayores apuros pese a los muertos y los abusos contra los derechos humanos de miles de peruanos atrapados entre dos épocas de la historia de la humanidad.

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Purús entre la conexión vial o la conservación

Francesca García, periodista de El Comercio, estuvo de paso por Puerto Esperanza, en la provincia de Purús, Ucayali, después de recorrer la Interocéanica hasta Iñapari, en la frontera con Brasil, y de allí tomar la ruta hacia Río Branco. Su crónica sobre el tantas veces mencionado aislamiento de la provincia de Purús con respecto a los polos de desarrollo amazónicos acaba de ser publicada en El Comercio de Lima. Me permito apuntar algunas notas sueltas que pueden complementar su trabajo periodístico.

1. Efectivamente, la carretera a Iñapari, Madre de Dios, se ha convertido en una obsesión para un grupo numeroso de habitantes de Puerto Esperanza, la capital provincial, quienes sufren las consecuencias de un aislamiento notorio. Pero es necesario mencionar que su reclamo empezó a tomar cuerpo recién desde que se anunciara la construcción de la Interoceánica del Sur y ha sido en todo momento apoyado por el párroco Miguel Piovesán, un sacerdote cuestionado por las poblaciones indígenas que habitan el ámbito rural de la provincia de Ucayali.

2. Ahora bien, ese compacto segmento de descontentos citadinos, mayoritariamente empleados públicos (y sus familiares en muchos casos) se ha vinculado históricamente con la ciudad de Pucallpa, la capital departamental, no con la de Puerto Maldonado. No olvidemos que las jefaturas de sus dependencias despachan desde Ucayali. O desde Lima. Y que los vuelos cívicos que los sucesivos gobiernos nacionales han venido proveyendo cubren la ruta Puerto Esperanza-Pucallpa.

3. Tan fuerte es la relación que existe entre la población de Puerto Esperanza y la de Pucallpa que los vuelos cívicos que el gobierno de Humala alentó para unir la capital de Purús con Puerto Maldonado no tuvieron el eco esperado y al final se cancelaron por falta de pasajeros.

4. En Iñapari vive la presidenta del Comité de Gestión del Parque Nacional Purús, la señora Mercedes Perales, una activista del desarrollo de la provincia de Purús que impulsa la conexión multimodal que comenta la nota de Francesca García y que en enero pasado, cuando la entrevisté en Puerto Maldonado, me comentó que a todas luces es muy poco lo que la provincia produce.

5. Y que la carretera, de prosperar los sueños del padre Piovesán, del congresista Tubino y de los habitantes de Puerto Esperanza, beneficiaría, sobre todo, a los madereros de Atalaya y Masisea, impulsores detrás de bambalinas de las pretensiones carreteras.

Cierro esta larga introducción al trabajo de Francesca García con algunas opiniones que siguen dando vueltas en la sala de edición de este portal:

La primera es de Arsenio Calle –dato muy valioso: el jefe del Parque Nacional Purús despacha desde Pucallpa: “La carretera es inviable económicamente, cuesta 300 millones de dólares. Cuando nos reunimos con el Ejecutivo, le preguntaron al alcalde de Puerto Esperanza por los productos que saldrían por la carretera y el alcalde no supo que decir, apenas mencionó que los indígenas producían “unas cuantas cositas” … es evidente que se pretende construir una carretera para desangrar el Purús”.

La segunda es de Juan José Villanueva, profesor, alguna vez sub prefecto provincial, en la actualidad presidente de una asociación de concesionarios privados: “Aquí nadie se está yendo, aquí no hay antipatriotas. Sucede que en Brasil encontramos a mejor precio los productos básicos que en Puerto Esperanza son extremadamente caros. Y si alguien ha migrado es porque en Puerto Esperanza no hay trabajo, producción, servicios…”

La tercera, la de monseñor David Martínez, obispo del Vicariato Apostólico de Puerto Maldonado, “Sin lugar a dudas, este enfrentamiento está muy condicionado por la preocupante discusión de la carretera y la necesidad de conectar el Purús con el resto del Perú. Es un tema que ha generado fuerte beligerancia, situando a las partes en un conflicto que no favorece ni a las instituciones, ni a los pueblos originarios, ni al resto de población purusina de buena voluntad, ni a la conservación de la naturaleza, ni al desarrollo del Purús como región. Creo que se han afilado demasiado las espadas y hay heridas mutuas fuertes que habrá que empezar a sanar si realmente tenemos un interés sincero por los pueblos, sus gentes, el desarrollo sostenible y el medio ambiente.

La última, de ayer con Carlos Soria, abogado socioambiental como lo llaman algunos: “Tenemos que ser eficientes en el manejo de los recursos que hay en las áreas naturales protegidas, la gente local quiere, ya que hablamos de conservación, el desarrollo de actividades sostenibles, no extractivas y hay muchas: el ecoturismo es una de ellas, la elaboración de productos de alto valor es otra; la gestión de paisajes, el cacao, pero vendido a empresas grandes, la producción de chocolates bien hechos, son solo muestras de lo que se debería hacer (…) La gente local no necesita que les enseñen a conservar, necesita simplemente que los gobiernos dejen de molestarlos y que las ONGs hagan bien su trabajo”.

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Carlos Soria: “La ley sobre el Purús va a ser nociva para los pueblos indígenas y el bosque”

Les paso este enjundioso trabajo que acaba de publicar Carlos Soria en la agencia Servindi a propósito de la recientemente aprobada ley “que “declara de necesidad pública y de preferente interés nacional el desarrollo sostenible de la provincia de Purús, priorizando su conectividad multimodal”. Hace unos días, antes de que se hiciera público el artículo que les propongo, el Dr. Soria, prestigioso abogado ambientalista, me recomendó su lectura y ahora entiendo el por qué: su mirada crítica de la Ley Tubino-Foronda nos permite a los periodistas que cubrimos el tema de las carreteras en la Amazonía y su ulterior impacto en la vida de las poblaciones indígenas, tener los conceptos y las referencias bibliográficas necesarias para un adecuado acercamiento a tamaño problema socio-ambiental.

Sobre el tema de la ley de marras, Soria es clarísimo, me lo ha comentado por correo. Lo copio: “El irrestricto respeto no significa nada. No da garantías, ni tiene mecanismos de control, no hay sanciones al incumplimiento. Más aún, se propone hacer esa conexión multomodal en una zona donde el talador y el minero ilegal son reyes . Algunos ecologistas de maceta creen que irrestricto respeto puede servir para algo. Yo creo que no sirve para nada. Solo da la excusa al GOREU, Muni provincial y eventualmente a un gobierno nacional para apoyar la trocha ilegal que ya existe en la zona”.

No se diga más, los dejo con el Carlos Antonio Martín Soria Dall’Orso y sus sesudo análisis de coyuntura.

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Parque Nacional Alto Purús: La carretera de la desesperanza

Les dejo la versión completa del reportaje que acabo de publicar en Mongabay Latam, la prestigiosa y muy activa agencia ambiental que ha empezado a sonar fuerte en Perú últimamente. En la lejana provincia de Purús, en el departamento de Ucayali, la posible construcción de una carretera que va a cruzar indefectiblemente el Parque Nacional Alto Purús y la Reserva Comunal Purús ha desatado las furias de unos y el beneplácito de otros. ¿Qué intereses están en juego en este conflicto aparentemente local? , ¿Es posible llegar a un entendimiento entre tirios y troyanos?. El drama que viven los habitantes de Puerto Esperanza y el Purús reclama soluciones rápidas.

La foto de carátula fue tomada por el fotógrafo Michell León por encargo de Apeco y WWF Perú y fue publicada en la edición 31 de la revista Viajeros. Suyas son también algunas de las fotos del artículo que acabamos de publicar en Mongabay Latam.

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