Viajero de la Semana
Por Gabriela Domingo para eleconomista.es

Chema Formentí: naturalista y peruanista

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Qué buena esta entrevista que le acaban de hacer a Chema Formentí , se las paso tal como me llegó. Confieso que me da mucho gusto que el trabajo de Chema empiece a ser valorado en España y también en nuestro país. Precisamente hace un par de días estuvimos hablando de él, a propósito de su exitosa participación en el pabellón peruano de FITUR, Marisol Acosta, de Prom Perú y yo. Coincidencias de la vida, a las pocas horas de producida esa conversa me topé con el interviú al prestigioso naturalista y fotógrafo asturiano,

Saludos, Chema, qué honor el mío haber sido tu compañero de viaje en el Río Los Amigos y por las alturas del Ausangate, esas dos experiencias peruanas que refieres han cincelado con tanta fuerza tu vida y tu pasión por los viajes. Nos vemos pronto, compañero.

José María Fernández Díaz-Formentí es médico, especialista en Estomatología. Cuando le conocimos, de inmediato nos contagió su amor por las regiones andina y amazónica, a las que lleva viajando más de 35 años. Hasta tal punto llega su capacidad de transmitir emociones, que desde entonces tenemos Perú metido en la cabeza y no pararemos hasta llegar al Gran Camino Inca, el Qhapaq Ñan.

Estudioso de la naturaleza y las culturas andinas y amazónicas, José María utiliza la fotografía como herramienta de comunicación, intentando captar imágenes que despierten el interés del lector. Ha colaborado en la línea editorial de la UNESCO en revistas y enciclopedias relacionadas con los lugares del Patrimonio Mundial y Reservas de la Biosfera, realizando numerosos reportajes por gran parte del mundo (Groenlandia, Islandia, Norteamérica, Japón, Europa, Tailandia…), pero sobre todo en América del Sur. Cuando no está viajando, explora la naturaleza de su tierra natal, Asturias.

¿Qué te impulsa a viajar? ¿Para qué crees que sirve viajar?
Viajar está entre las cosas más satisfactorias y enriquecedoras de la vida. Cuando hago un repaso del año vivido, los viajes están entre los recuerdos más valiosos y emotivos, sobre todo cuando he visitado países donde ciertos valores humanos siguen siendo prioritarios, como la solidaridad, la voluntad de ayudar, la hospitalidad, la sonrisa y conviven con frecuencia con unas situaciones de pobreza extrema. Esos viajes me “resetean” emocionalmente.

¿Qué recuerdos tienes de tu primer viaje?
Fue al Perú en 1979, con mi madre. Yo tenía entonces 15 años y fui becado a estudiar el mundo de los Incas. Además los patrocinadores me hicieron participar en un concurso cultural de la TV peruana de máxima audiencia. La popularidad y el afecto que recibí entonces del Perú fue tal que me marcó para siempre. He perdido la cuenta de cuantas veces regresé, creo que más de veinte.

¿Y tu viaje más memorable, la experiencia más fascinante, la más sorprendente?
Las experiencias más fascinantes quizá son las que viví en la selva amazónica y en el Pantanal. Recuerdo la emoción al encontrarme con el jaguar por primera vez en el Pantanal de Brasil, que además se tiró al agua frente a mí a cazar a un caimán. Fue muy emocionante porque el jaguar es mi animal favorito desde niño y siempre había deseado verlo en libertad. Pero también fue apasionante conseguir grabar el que para mí es el sonido más maravilloso de la Amazonía: se trata del canto de un pequeño pájaro llamado en el Perú “flauterito” (Cyphorhinus arada modulator). Siempre había deseado escucharlo en directo y más aún grabarlo: cuando por fin lo estaba haciendo temía que en la grabación se escuchasen los latidos de mi corazón. Y si de sorpresas hablamos, quizá las mayores me las llevé en ciertos lugares de los Andes, concretamente en la serranía del Hornacal (Jujuy, Argentina) y en Yauricunca (Ausangate, Perú): allí me encontré con montañas multicolores que me dejaron boquiabierto y que me parecían irreales. No daba crédito a lo que veía. Como también me quedé extasiado con el Salar de Uyuni y las lagunas Verde y Colorada (Bolivia), paisajes más próximos a los de otros planetas o a un estado primigenio del nuestro.

Y te habrás topado también con gente muy interesante, ¿verdad?
He conocido mucha gente y gracias a ello tengo algunos de mis mejores amigos al otro lado del Atlántico, mirando al Pacífico. Muchos me han ayudado y siguen haciéndolo desinteresadamente. Pero en cuanto a enriquecimiento como persona, quizá lo más intenso se lo debo a la gente más humilde. Hablar con un campesino o con un niño pastor, disfrutar con un matrimonio de llameros que te hospedan en su choza durante una tormenta en pleno altiplano boliviano, que te ofrecen lo poco que tienen sin esperar nada a cambio… Esos momentos son los que más te enriquecen como persona.

¿Lo más raro que has experimentado?
Sentí una sensación muy extraña las veces que viajé por encima del círculo polar ártico, en Groenlandia, Islandia y Finlandia. Como fui en verano, no existía noche, y aquello fue una situación muy curiosa. Los atardeceres eran bellísimos, con luces bajas anaranjadas. Fue una experiencia fantástica que quiero complementar algún día con la contraria: ir a avistar auroras boreales en las interminables noches del invierno ártico.

¿Has pasado miedo alguna vez?
Hace 2 años fui invitado a un centro de investigaciones biológicas en el Río los Amigos, en la selva peruana. Me propusieron subir en bote río arriba varios días para visitar una collpa apenas conocida (es un barranco al que acuden loros y guacamayos por cientos a comer barro) Esta es una enorme reserva biológica en la que no existe población humana alguna ni hay incursiones de colonos, maderistas o mineros; lo más próximo a una “selva virgen”. Acamparíamos en playas fluviales. La idea me encantó. Al segundo día, en una playa encontramos restos de fogatas y ramas de caña brava tronchadas. Un biólogo que me acompañaba miraba alrededor preocupado, pues eran rastros de un grupo de indígenas no contactados (mashcopiros). Empecé a sentir algo de temor. Sabía que se trataba de una tribu agresiva y que podrían atacarnos si estaban por allí. Pese a ello continuamos río arriba y yo evocaba lo que podrían haber sentido Orellana y los primeros exploradores de la Amazonía, asaetados desde las orillas. Unas horas después la belleza de la selva me hizo olvidarme de aquello, y por las noches estaba más preocupado por las tormentas (les tengo mucho respeto) que por los mashcopiros. Al año siguiente regresé al Perú y le pregunté a un amigo por el motorista y el guía Jerry que me habían acompañado en aquella aventura. Mi amigo me comentó que unas semanas después de haber estado allí, el guía volvió a subir solo río arriba para inspeccionar la selva, y al llegar a uno de los lugares en los que habíamos dormido, salió un grupo de nueve mashcopiros en la orilla, gritando y lanzando flechas y lanzas. Una hirió levemente en el brazo a Jerry y otra quedó clavada en el toldo del bote. Por fortuna Jerry consiguió girar el bote y escapar río abajo. Cuando me contaron esto sentí lo que definiría como “miedo retrospectivo”.

¿A dónde no viajarías nunca? ¿Qué tipo de viaje no harías nunca?
No viajaría a lugares potencialmente peligrosos por cuestiones de guerras, conflictos sociales o religiosos. Y prefiero evitar países con regímenes políticos totalitarios. No me meto en la política de los países que visito, pero la arbitrariedad que puede haber en esos regímenes puede causarte problemas por cualquier malentendido. Y en cuanto a viajes que no me atraen están los de turismo gastronómico. Cuando viajo, soy muy frugal en el comer y beber.

¿Un destino que nunca te cansas de repetir?
El Perú. He perdido la cuenta de los viajes que llevo, creo que unos veinte, y sigo sin conocer muchos lugares muy atractivos. Es un país apasionante, tanto por su riquísima historia y patrimonio cultural (pre-inca, inca, colonial…) y su costumbrismo (fiestas, mercados, comunidades indígenas…), como por su naturaleza (está en la lista de los 10 países con mayor biodiversidad del planeta) y paisaje (mar, desiertos, cordillera, selva…). Únase a ello unas gentes amables, hospitalarias, amistosas y educadas y con todo ello el deseo de volver está siempre ahí.

Si pudieras viajar en el tiempo, ¿en qué época te gustaría haber viajado y a dónde?
Me iría a los últimos años del imperio inca y a la llegada de los conquistadores españoles. Creo que es un periodo histórico apasionante, del que me resulta inconcebible que no se haya hecho una macroproducción cinematográfica. He leído mucho sobre ello, pero me encantaría poder verlo por un agujero.

¿Cuáles son tus ciudades, hoteles, museos favoritos?
Cusco es una ciudad apasionante: allí están los perfectos muros de los antiguos palacios incas dando sustento a las construcciones coloniales. Puedes dormir en hoteles cuyas habitaciones son muros incas con sus características hornacinas trapezoidales en las que residían las Escogidas o Vírgenes del Sol. Estás conviviendo y sintiendo la historia. Hay otras muchas ciudades que me encantan: Cartagena de Indias en Colombia, por ejemplo, es fantástica. En Europa mis favoritas son Venecia y Praga. Y en cuanto a museos me ha impresionado mucho el Museo del Oro de Bogotá, el museo Larco de Lima, el de las Tumbas Reales de Sipán (Chiclayo) y docenas de ellos más. Sin olvidar, por supuesto, el Metropolitan de Nueva York, los museos del Smithsonian en Washington o los clásicos museos europeos.

¿Sueles viajar sólo o en compañía?
A veces viajo solo, y otros acompañado por mi mujer (a la que también le gusta mucho viajar y le encanta la selva como a mí) o amigos y familiares que se apuntan a mis aventuras. Pero también viajar solo es una experiencia intensa e interesante.

¿Alguna vez te has apuntado a un viaje organizado?
Casi nunca. Prácticamente siempre diseño y personalizo mi itinerario, para conocer lo que me interesa y dedicarle el tiempo que deseo.

¿Eres de los que ahorra a lo largo del año para hacer un “gran viaje”?
Sí, claro. Mi gran viaje suele ser en verano, durante mi mes de vacaciones. Es el dinero mejor gastado del año. Por un lado me da muchísimas satisfacciones in situ, pero además su placer se prolonga el resto del año. Como vuelvo con miles y miles de fotos, grabaciones sonoras, libros, etc. tengo por delante un montón de meses en los que me lo paso estupendamente identificando las fotos, lo que me permite ir recordando el viaje.

¿Cuál es tu medio de transporte favorito? El avión y el tren, por su rapidez y seguridad. Los países que frecuento tienen carreteras muchas veces en mal estado, por ello, siempre que puedo evito ir por carretera, especialmente de noche.

¿Cómo organizas tus viajes? ¿Con guías, con ayuda de expertos?
La información previa es fundamental: recurro a guías de viaje que traigan mucho de logística (hoteles, horarios, tiempos, agencias, etc.) y a los recursos que ofrece internet. Hace años, antes de disponer de internet, solía dedicar uno o dos días, nada más llegar a mi destino, a organizar todo el itinerario con las agencias locales. Hoy puedo llevar todo eso armado desde casa. No suelo recurrir a guías, salvo en la selva: ellos ven muchas más cosas y te cuentan detalles que desconocías.

A todos nos encanta viajar, pero ¿crees que la llegada del turismo puede dañar alguno de los destinos que conoces?
El turismo es una fuente de conocimiento, de enriquecimiento humano mutuo y de estímulo económico para las comunidades cercanas al destino visitado. Lo que sí puede ser perjudicial para ciertos lugares es la falta de control del turismo o su gestión inadecuada. Hay destinos cuyo encanto está precisamente en el valor cualitativo de quien lo visita, y sería un error cambiarlo por un turismo cuantitativo. Por ejemplo está el caso de Choquequirao, una ciudad inca interesantísima. Para llegar a ella hay que hacer una caminata de varios días por cañones y paisajes increíbles. La recompensa es disfrutar de la ciudad con poca gente, personas muy motivadas y respetuosas, que han hecho un sacrificio físico por llegar hasta allí. Además, de ello viven las comunidades locales, que emplean a bastantes familias como muleros, arrieros, porteadores, cocineros, etc. Ahora se planea construir un gran teleférico a Choquequirao. Me entristece pensar en su masificación, con tumultuosos grupos siguiendo a su guía con banderitas. El lugar perderá su silencio, su intimidad y su estímulo a la reflexión en la magnificencia que lo rodea. Los arrieros deberán deshacerse de sus mulas y reconvertirse a vendedores de refrescos… Otras veces el turismo trae efectos claramente beneficiosos ya no solo para los pueblos cercanos, sino para la propia conservación de especies. Un ejemplo que se me ocurre es el del turismo ornitológico, o el de la observación de fauna. Por ejemplo en el Pantanal de Brasil, el jaguar ha pasado de ser considerado la alimaña a exterminar, a verse como fuente de trabajo para las poblaciones de la zona, pues acuden muchos turistas a intentar avistarlo.

¿Tu viaje pendiente?
Tengo pendiente conocer el África profunda. Lo que ocurre es que hay tantísimos documentales y reportajes sobre África, que me da la impresión de haberlo ya visto todo, y de que difícilmente podré ver algo excepcional. Y tengo pendiente repetir con mi familia un viaje que hice con mi hermano hace unos años por el centro de EEUU: el Gran Cañón, los parques de Utah, Yellowstone…

Y finalmente, si pudieras tomarte un largo periodo sabático, ¿a dónde irías?
Puestos a soñar, me plantearía recorrer el continente americano, de norte a sur, con calma, desde Alaska a Tierra del Fuego, país por país.