Viajero de la Semana
Por Maru de Aliaga

“Cuando viajo recupero mi lugar en el mundo…” / Maru de Aliaga

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Maru lleva en la sangre el amor al Perú. Un antepasado suyo, Jerónimo de Aliaga, acompañó a Pizarro durante los años que duró su gesta perulera y pudo darse maña para fundar en estas tierras un linaje que le ha sobrevivido hasta nuestros días. Su abuelo materno, don Eduardo Arrarte, por si fuera poco, fue el fundador hace casi sesenta años de Lima Tours, la empresa pionera del turismo peruano.

Ella, lo sé porque la veo transitar ese camino, ha sabido vincular su amor por la tierra que la aloja con su trabajo como creyente de un turismo que genera desarrollo y alienta la construcción de un mejor futuro para los que menos tienen y viven en los paraísos que le mostramos al mundo. Directora de la carrera de turismo sostenible de la Universidad Ruiz de Montoya hace un tiempo y ahora a la cabeza de Km Cero, una importante consultora de turismo, Maru sigue viviendo con ilusión el palpitar de su estirpe de viajeros.

Desde chica me enseñaron que el viaje era parte indispensable de la vida. Que así como hay que ir al colegio, pues también hay que viajar. En mi familia todos viajan. Cada uno a su estilo y a su ritmo pero siempre están moviéndose y de hecho siempre hemos sentido que el mundo estaba sólo a un vuelo de distancia. Además de esta necesidad de viajar, compartimos en la familia un vínculo fuerte con el Perú. Por muchos años el negocio familiar estuvo vinculado a la tour operación y con esta vocación de ser anfitriones en el Perú surgió también el deseo de conocerlo bien.

Me inicié chica. Mi mamá trabajaba en la empresa familiar y nos llevaba a todas en sus inspecciones de servicios. Eran los 80s, años muy duros para el país, y yo comenzaba a conocerlo un poco más. Mis primeros viajes han sido aquí. Para mis papás era muy importante que antes de salir a conocer otros lugares conociéramos bien nuestro país y les agradezco eso.

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Será por eso que a mí el Perú me fascina aunque también me duele. Me fascinan todas las formas de entender el mundo que conviven aquí y como estas producen tantas verdades, tanto arte, tantas historias. Me fascinan sus paisajes intensos y contrastados. Me duele la injusticia que aún existe, así como el racismo, la informalidad. Siento que partes de mí están trenzadas con el Perú. Quizás eso hace que mis viajes favoritos, los que más me han tocado se hayan dado aquí.

Estudié Historia pero desde siempre me dediqué a trabajar en turismo. Esto me permitió conocer más mi país y conectar con personas de todo el mundo. De hecho entre mis primeros trabajos estuvo el de tour conductor y desde ahí me tocó acompañar a personas muy distintas en su propia experiencia de sentir el Perú. Este trabajo me regaló dos revelaciones: la primera es que el Perú “filtra” a sus visitantes: la gente que llega aquí lo hace atraída por la cultura, por la naturaleza y esta gente suele ser gente abierta, con ganas de conectar realmente con el país que visita y muy respetuosa de las tradiciones locales.

La segunda es que el Perú “toca” a la gente. Son innumerables los pasajeros que me han dicho que este viaje a nuestro destino era el mejor de su vida. Gente con miles de kilómetros de recorrido por el mundo. El Perú los samaqueaba. Incluso algunos me llegaban a decir que su vida tenía un antes y un después de Perú.

Si bien hay otros lugares en el mundo que también tienen este poder, el Perú parecer ser de los más potentes.

Ausangate 2012

Viajo por muchos motivos. Tengo la suerte de viajar por mi trabajo como consultora de turismo, muchas veces además a lugares que están buscando convertirse en destinos turísticos más competitivos y así he llegado a conocer lugares y personas muy especiales y de alguna manera he tenido la oportunidad de apoyarlos a construir el desarrollo que ellos quieren para su destino. Realmente un privilegio.

Pero para mí, por sobre todo, los viajes son ritos de paso por su cualidad de llevarnos a conectar más con uno mismo desde los espacios de soledad, desde lo inmenso de la naturaleza y desde el contacto con el “otro”.  Por eso siento que no importa tanto el “dónde” si no el camino que recorro y cómo lo recorro.  Influye la disposición con la que uno inicia el viaje ¿Tienes los ojos bien abiertos? ¿Estás dispuesto a ver lo que hay o lo que esperas encontrar? ¿Quieres salir de tu zona de confort? ¿Quieres interactuar con personas locales, ir despacio y disfrutar del silencio?

Cuando salgo de mi espacio cotidiano pasan cosas mágicas: algunas partes de mí que normalmente “duermen” salen a la luz y me conozco más. Recupero también mi lugar en el mundo: me doy cuenta que soy parte de todo y a la vez yo misma, que me puedo sentir cómoda en varios lugares. Viajando compruebo las mil y un formas de “aprehender” y entender la vida y sus relaciones; me doy cuenta de lo relativo y  rico que es todo. En los viajes logró vivir al día;   me reinvento: desecho lo que ya no quiero seguir cargando y a veces hasta mudo de piel y regreso renovada.

Hay viajes que son sobre todo peregrinaciones y como tales uno recorre caminos sagrados tanto externos como internos. Para mí la caminata alrededor del apu Ausangate es uno de estos. Me ha tocado recorrer esta montaña dos veces y a mis regresos siempre ha habido modificaciones importantes en mi vida. Sé que es el lugar al que regresaré cuando vuelva a estar en alguna encrucijada  y me ilusiona pensar en el día que mis hijos conozcan al apu.

Ahora con mis hijos bellos, Cristóbal de 3 años y Matilda de 3 meses, se me hace difícil escaparme de casa por largos periodos y los viajes se han vuelto más interiores pero ha surgido algo nuevo: la ilusión del planear los futuros viajes que haremos en familia y los descubrimientos que nos tocará hacer entre todos.

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