Viajero de la Semana
Por Miguel Gutiérrez

Miguel Gutiérrez Podestá: amor por lo auténtico

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Miguel es uno de los colaboradores más cumplidos y queridos de esta casa. Su columna Todo Ayacucho es todo un boom y desde su tierra y diversas regiones del interior, envían cartas aunándose al llamado por redescubrir eso que está muy adentro de cada uno de nosotros: nuestra propia tierra, el lugar de nuestros orígenes.

Me motivaron las frases que siempre se han escrito en nuestros libros y que se han pintado incluso en grandes carteles de avenidas, aquellas que te dicen algo bonito de algún lugar del Perú y se acompañan además con una fotografía. Pero en esa época en la que cursaba la mitad de mi carrera, hace unos cinco años, no me parecía suficiente llegar a un lugar e irme luego. Me preguntaba por qué tenía que quedarme siempre en Lima aprovechando solos algunos días libres para mirar las gigantescas quebradas e ilusionarme con atravesarlas. Entonces terminé mi carrera de comunicaciones y después de unos años pensé que lo mejor era hacer algo por esos caminos sin señales.

Viajo porque al volver a casa siempre soy distinto, porque siempre quiero contarle algo nuevo a mi familia ayacuchana, sobre todo porque a Ayacucho es el lugar del que más tengo boletos coleccionados y es la tierra que más me acerca a esa luz serrana con la que se pueden tomar buenas fotos. Viajo porque tal vez quiera volverme un poco loco, ser un forastero con sombrero y morral, ser un personaje de una novela escrita por uno mismo e intentar darle la fuerza como para que los relatos ayuden a alguien a invertir en la misma visita o invertir de alguna forma en ayudar a quien le pueda faltar una sonrisa foránea.

Además, viajo porque hubo algo en la educación que me dieron que está en contra de quedarse quieto o de depender siempre de un solo estado o sistema. Creo mucho en la revolución – que siempre ha existido y nunca va a dejar de vivir- decía creo en la revolución individual, en la anhelada disciplina de hacer las mismas cosas siempre, pero muy básicas, porque siempre intento cambiar y cambiar, pasar de una etapa a otra y seguir viajando para confirmarme que puedo ser diferente y bueno, que hago más caso a mis abuelos que a un jefe de planta y que no importa a dónde pueda llegar, siempre y cuando tenga una buena canción que me acompañe. O una ilusión y un cuadernito. O también una razón para regresar, pero sin fecha.