Viajero de la Semana
Por Jaime Quiroz

“Para aprender de otros y vencer mis propios miedos, por eso viajo”. Jaime Quiroz, cletero.

Para caratula

Conozco a Jaime Quiroz desde siempre. Tenemos en común la misma escuela, los mismos hábitos y una idéntica obsesión por los caminos, por vivir en permanente movimiento. Del muchachito inquieto que quiso ser ingeniero, por pedido expreso de la familia, y devino en ingenioso diseñador gráfico, ha sobrevivido ese apetito tan suyo de aprender lo que sea por puro gusto. Y a veces por necesidad.

Muchos años después de iniciar el recorrido interminable, Jaime es un cletero de polendas, pieza clave del cicloturismo peruano y, sobre todo, un fotógrafo de los buenos. De los mejores, basta mirar sino parte de su obra en http://jaimequiroz.com/ para comprobarlo.

Que siga el viaje, compañero.

¿Cómo inicio mi viaje? Pues comenzó en la Recoleta, allí en la manada de Lobatos y tropa Scout aprendíamos a acampar, a formar equipo, a salir al campo, a hacer nudos, a ponernos metas. Luego pasé por Diseño Gráfico donde estudiamos fotografía (de rollo y cuarto oscuro). Viajaba cada vez que podía, a los 16 o 17 años, irresponsablemente, nos aventurábamos en cualquier cosa que avance y después con DNI en mano (tiempo de terrorismo) a rumbos desconocidos. Viajes de noche y sin mucho o nada de plan especial.

Recuerdo que en mi barrio de Pueblo Libre de niños andábamos en cleta y nos aventurábamos a los 12 años hasta La Punta por toda la avenida la Marina. Después de unos años de puro trabajo de pronto recobré la conciencia, entré al gym, compré una bici y como cosa del destino conocí el paraíso: Pachacámac.

Comencé a seguir al grupo de un amigo que andaba super fuerte y cada vez que llegaba a las cimas (con la lengua afuera), como gentil forma de devolverme la espera se arrancaban, haciendo de la ruta, para mí, una deliciosa tortura. En una de esas salidas conocí al que sería mi compañero de viajes y socio de tours cleteros. Ya no era el único loco que soñaba en pedalear lugares remotamente distantes. Decidimos apostar a la idea de mostrar nuestro país al mundo: turismo en Mountain Bike; es así que a lo que hacía César, que tenía mucha más experiencia en estas aventuras y además una tienda, le sumaba mi experiencia de comunicación y alrededor del 2000, con un internet primitivo y de poca cobertura iniciamos la aventura digital con Perú Bike.

2010 camino a Pitumarca 2Camino a Pitumarca

Así pasaron más de 15 años, hemos sumado kilómetros en dos ruedas por lugares fantásticos. Después de mucho aprender, hoy el negocio tiene un volumen que en temporada alta va bien, pero es un negocio que sin pasión no es viable. Hace quince años nuestros clientes llegaban por contactos o web y teníamos al año quizás una decena de turistas, hoy hay semanas atendemos ciclistas casi todos los días, a pesar que Lima como destino no ha trabajado ningún posicionamiento ni intentado mostrar sus fantásticos atributos al mundo, comenzando por nuestros Andes y la red de caminos ancestrales y modernos que nos enlazan entre costeños y serranos, entre el mar y la cordillera.

A la pasión cletera sumé la fotografía y los años, cientos de lunas y miles de clicks, me permitieron desarrollar mejor mis habilidades como fotógrafo de viaje. La foto y el ciclismo de montaña me enseñaron mucho. Encontrarme con gente de lugares alejados, con pocas cosas materiales, con ganas de compartir y mucho que contar me mostró otros ángulos de la vida y esa experiencia también ejerce un cambio en tu actitud personal, creo que para mejor, más comprometida con la gente, con nuestra historia y la naturaleza.

Me preguntan en qué lugares he estado, y pienso en dónde no he estado y espero tener el tiempo y la fuerza para conocerlos. Con la bici hemos llegado a Kuelap, paseado por Amotape, Conchucos, Cajamarca, Pómac, el Colca, el Titicaca, Paracas, el valle de Nazca, Palpa y Atiquipa, el Mantaro con la sierra y la selva centrales, por el Huaguruncho y hasta Pozuzo, por Caylloma, Ayaviri y Espinar, por Tarapoto y ni que decir de Lima costa y sierra.

Para mí no hay nada mejor que viajar y volver con alguna que otra experiencia personal, aprender de otros y de enfrentar en algunos casos tus propios miedos, porque la naturaleza es impredecible. El respeto a la tierra es evidente, sabios eran los antiguos habitantes de estas tierras y de esa sabiduría básica y ancestral nos debemos el haber llegado como nación al siglo XXI. Y tal vez si inicias el camino de viajar puedas convertirte en un Jacques Cousteau o en un Antonio Raimondi (inspiradores) del este siglo, quien sabe. Cada viaje crea la necesidad de soñar con el siguiente, no importa si la mochila con el equipo que haya que cargar pese más que la del resto de gente de la ruta, solo hay que hacerlo.

2005 cerca a La JalcaCerca a La Jalca, 2005.