Viajero de la Semana
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“Viajar me hizo más sensible, más coherente…” / Jack Lo

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Hay muchas formas de ser consecuente, una de ellas, me sumo al relato de nuestro viajero de esta semana, es dejarlo todo para contar las historias de la gente que se fue conociendo en el camino y que tienen que dejar de ser invisibles, poquita cosa, apenas un número vacío en las estadísticas de la burocracia de turno. Jack Lo, el hiperactivo líder del colectivo Conservamos por Naturaleza, periodista sutil y dedicado, cletero urbano y, entre tantas cosas más, Premio Rey de España en el 2013 por una crónica sobre las bolsas de basura que he leído más de mil veces, marcha por esa ruta, con honestidad y ganas de cambiar el mundo. Con coherencia, apurando el paso. Aplauso de pie por este creyente…

Tenía 17 años y no tenía idea que estudiar. Solo sabía lo que no quería. Ternos, corbatas, horarios, cursos de matemáticas o física. Mi papá quería que estudiara turismo. Pero no le hice caso y postulé a la Pontificia  Universidad Católica del Perú para estudiar periodismo.

 Durante la universidad y dos años después, me dediqué a trabajar en deportes. Sin querer fui viajando por el Perú, entrevistando futbolistas y escribiendo sobre Alianza Lima, Universitario, Cienciano y todo equipo que me tocara seguir ese fin de semana. Hasta que me cansé de ver fútbol, en el trabajo, en las comidas, en las parrilladas, con chelas, sin chelas. Y conversar con futbolistas no era lo más gratificante del día, por lo menos en ese momento. Ya en El Comercio, pasé a la sección Turismo, en donde, por tres años me dediqué a viajar por el Perú. Pisé 20 de los 24 departamentos del país y uno que otro país sudamericano y del Caribe. A varios fui repetidas veces y me fui encontrando con personas que te abrían la puerta de sus casas invitándote un plato de comida; con decenas de atardeceres y amaneceres en lagos, lagunas, ríos, montañas; he tiritado toda la noche a causa del frío y caminado doce horas empapado por el sudor hasta llegar a un campamento en medio de la nada. En todos los viajes me pasaron muchas cosas que me fueron confrontando conmigo mismo.

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Y decidí buscarle otro sentido a mi vida. No podía seguir viviendo igual después de todo lo que había conocido viajando. Sería un hipócrita, un indiferente, un incoherente. Sería alguien que le gusta viajar pero no se preocupa por cuidar lo que tanto disfruta. En Áncash, la mina Pierina cortó 5 kilómetros de largo y 200 de alto de una montaña. En el mismo departamento, cerros de relave abandonados parecen miradores al lado del río Santa. En las alturas de Cusco la sequía y las heladas mataron cultivos de papa, frejoles, maíz. Niños que (si es que asistían) tenían que caminar tres horas para llegar a su colegio. Gente que vive y mantiene una familia con 50 soles mensuales. ¿Cómo puedo hacer yo para contribuir a que menos peruanos se sientan abandonados o por lo menos ayudar y sentirme útil?

Renuncié al periódico y después de una temporada fuera del país, regresé con la misma pregunta que ya me rebotaba en la cabeza. Y hace cuatro años creamos en la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA), Conservamos por Naturaleza, una iniciativa con la que apoyamos en difusión y asesorías técnicas a comunidades, personas, familias o instituciones que están conservando el Perú. Queremos que la gente pueda vivir conservando y ganar dinero haciéndolo, en lugar de ser una carga para sus vidas. Funcionamos como un puente de ayuda entre ellos y la sociedad civil en general. Del mismo modo, realizamos eventos, charlas, festivales, conversatorios, para promover estilos de vida más sostenibles en las ciudades, entendiendo de que no sirve de nada ayudar a proteger un bosque o las playas, si en nuestro día a día seguimos consumiendo bolsas de plástico, tecnopor, usando el carro por cualquier motivo o dejando las luces de la casa prendidas las 24 horas. Buscamos una sociedad más atenta en su día a día, más responsable y más empática con el otro. Que pierda el miedo a viajar y a encontrarse con otras vidas que nos enseñan. Entendiendo que todo lo que uno hace va a terminar repercutiendo en la vida de otro ser vivo.

Jack y Bruno, Conservamos por Naturaleza

Jack y Bruno, Conservamos por Naturaleza

Entonces, empezamos a viajar por el Perú conectando áreas de conservación. Hemos ido a Madre de Dios, Amazonas, Cusco, Junín, Arequipa, Ica, Piura, Tumbes, Chiclayo, Lambayeque, Loreto, Cajamarca, conociendo personas que dan su vida todos los días para proteger el país, imaginándose el futuro para sus hijos y nietos. Desprendiéndose de cualquier egoísmo y siendo totalmente generosos. Hemos caminado días enteros, metido en el río, conducido horas sin parar, dormido en botes o sentados, y siempre lo hemos hecho con una sonrisa para poder llegar. ¿Cómo no ser agradecido con personas que dan su vida desinteresadamente?

Viajar me hizo más sensible. Me hizo preocuparme por los demás. Me hizo conocerme mejor. Me hizo madurar. Me hizo conocer algunos fisioterapistas, acupunturistas, quiroprácticos, kinesiólogos, que tengo que visitar de vez en cuando por algunos dolores en la espalda. Viajar hizo que amara el Perú cada vez más, que lo entendiera, que lo valorara, porque como siempre digo: uno tiene que conocer algo para luego valorarlo, amarlo y cuidarlo. Me pongo a pensar lo poco que he transitado aún en mi vida y este es un viaje. Un viaje en el que hay que mirar siempre con ojos de turista, como a veces juega Mari, mi novia cuando camina alrededor de nuestro barrio. En el que seamos capaces de emocionarnos tanto como con el canto de un ave en el río Tambopata, como con el canto de otra ave cuando estás yendo a comprar a la bodega de la esquina.

Mari y Jack, caminando juntos ...

Mari y Jack, caminando juntos …

Siempre me he quejado cuando me toca estar en mi casa en Lima y no viajo. Pero me he comenzado a dar cuenta que las pausas en este gran viaje también cuentan, son necesarias y son parte de todo este gran recorrido al que nos toca darle siempre un sentido. Y un respiro.

Comparto con ustedes este enlace que me enviaron en los últimos días:

http://www.unitedexplanations.org/2016/05/17/por-una-economia-que-recupere-el-sentido-de-lo-sagrado/

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