Xavier Aldekoa, Hijos del Nilo

“A los nómadas, la tierra se les escurre entre los dedos: se les escapa. En el año 1900, África tenía una población de 120 millones de personas. En 2016, superó la barrera de los 1,200 millones de habitantes. Antes del fin de este siglo, se estima que habrá 3,000 millones de africanos; más que la población actual que China e India juntas. Cada vez hay más gente, más cultivos y más sequía. Y la sed no solo mata, también crea asesinos. A medida que millones de africanos huyen del avance del desierto y las altas temperaturas secan los pozos, se recrudece la lucha por el agua y por las tierras fértiles. En la frontera entre el Sahel o el Sáhara y las áreas cultivables del sur, se intensifican las peleas entre los nómadas ganaderos y los agricultores sedentarios que protegen sus cultivos y pozos de pezuñas ajenas. Como cada vez hay más gente, las tierras ocupadas por huertos aumentan y hay menos sitio para alimentar o dar de beber a los rebaños de los nómadas que llegan de las tierras del norte. Desde Mali al norte de Nigeria y desde Chad a Sudán, el extremismo utiliza esa desesperación para ganar adeptos a su causa. Después de todo, la desesperanza es uno de los grandes motores de la radicalización”.