María Paz Ramos: “La idea es volver a Lima una ciudad de la que todos nos sintamos orgullosos”

Totalmente de acuerdo con María Paz Ramos, la aguerrida subgerente de Turismo de la Municipalidad Metropolitana de Lima, si esa intención se empieza a pergeñar en esta administración el alcalde de esta tan maltratada ciudad –y su equipo de colaboradores- se habrán ganado un sitial de honor en la memoria de sus vecinos. Que ya somos casi diez millones, dicho sea de paso…

Lo digo porque si algo le falta a la urbe capitalina -y por extensión, al país que habitamos- es una narrativa, un discurso oficial, que se detenga más de la cuenta a resaltar lo positivo y le dé menos pábulo –protagonismo, bola o como queramos llamarlo- a las noticias que nos hacen daño porque suelen exacerbar innecesariamente esa mirada torva que solemos tener sobre nosotros mismos.

Ejemplos de lo que digo miles. Tomo dos, al azar. Va el primero: los titulares de los noticieros de hace unos días no hicieron otra cosa que restregarnos los robos de las duchas que el municipio de Chorrillos había colocado en Agua Dulce, la playa que los “blanquitos out context” suelen poner como ejemplo, cuando se trata de cholear a los ciudadanos que no tienen acceso a los clubes exclusivos o a los balnearios de moda, de polución y aj-que-sucios-que son.

Claro, desmereciendo el esfuerzo que se ha hecho por darle a los veraneantes de esa playa el confort, la limpieza y el orden que se merecen y que pude ver hace unos días en ese emblemático rincón de la Costa Verde. Impresionante: desde el malecón de Chorrillos Agua Dulce era, doce del día de un miércoles cualquiera, Copacabana, en Rio de Janeiro. O El Silencio. Mar azul, arena blanquísima y una multitud dueña de lo que les pertenece utilizándolo con esmero, como se debe.

Claro, no era domingo, podrían retrucar los quejosos… pero hace dos días, domingo 19, les cuento, gocé del mismo placer en Santa María, al sur de Lima, una playa que compite en multitudes con las más pintadas del litoral limeño-chalaco y que ese día se parecía también a Copacabana: harta gente regocijándose de lo lindo. Yo que habito esta ciudad desde hace muchos lustros nunca había visto tanto orden y buen servicio en la maltratada playa chorrillana. Tampoco en Santa María del Mar.

Segundo ejemplo: la remozada carretera Panamericana Antigua. Una doble vía que los vecinos del sur más al sur de Lima reclamábamos a voz en cuello; una obra cuyos trabajos hemos tenido que soportar dos largos, larguísimos años, de polvo y trompicones. Para mí, pasajero del Lima-San Bartolo-Pucusana y otros servicios de transporte públicos una bendición: una vía rápida capaz de trasladar a miles en poco tiempo y comodidad. Y con paraderos a todo meter, pasos cebra, arboledas y ciclovías. ¿Cuál fue el comentario generalizado de la tribuna? No sirve: no alienta el turismo (sic) y la ciclovía es un peligro.

Caracoles, cómo nos gusta caminar como el cangrejo.

En fin, vuelvo al principio: hagamos el esfuerzo por construir un discurso, un metatexto ciudadano, que sin dejar de ser crítico (cuando de verdad hay que serlo) nos sirva para construir en el imaginario ilusiones y un mejor tiempo por venir. Nos hace falta. Lima no es Barcelona, lo sé. Pero esta Lima con la que a veces me encuentro es mejor que la que habité cuando era un mozalbete.

Ojalá que el trabajo de María Paz y su gente, a quien por cierto conozco y valoro, nos sirva para reconciliarnos con el futuro de una urbe que tiene sus cositas. Y que tiene que seguir mejorando. Buena suerte, chicos.

Les dejo esta dos notas que acabo de recoger del siempre bien ubicado portal Turiweb.

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