“Todavía no quiero morir, yo quiero luchar”. Antonio Sueyo, octogenario harakbut de Madre de Dios, fue vacunado en Puerto Maldonado

Les dejo por aquí la nota que ha publicado el Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica – CAAAP dando cuenta de la vacuna contra el Covid 19 que las autoridades del sector salud de Puerto Maldonado le acaban de poner a Antonio Sueyo, Sontone, anciano harakbut que se ha convertido en símbolo de los pueblos indígenas originarios de Madre de Dios.

Como lo comenté anoche en redes sociales y lo repito por aquí, Sontone es uno de los últimos harakbuts nacidos en total libertad, cuando un grueso de su pueblo vagaba por los bosques nubosos y las cabeceras de los ríos que forman el río Madre de Dios. Lo conocí hace un par de años en Boca Inambari, la comunidad que lo aloja y lo cuida como una joya. Cachupín, le dicen los más jóvenes con cariño y Sontone les sonríe y aparentemente es feliz.

Aquella vez Sontone me recibió en su chocita a un lado del río y platicamos un rato: él en una lengua salida de Macondo, yo en un castellano que más parecía alemán. O tal vez chino. Igual pudimos entendernos. Traté de decirle cuánto lo admiraba y cuánto de mágico guarda su historia, su vida lejos de occidente, ese mundo tan hostil y tantas veces despiadado con su pueblo.

Me enternece que el guerrero harakbut haya sido vacunado. Sontone, madera firme de lupuna o shihuahuaco, resistió hace algunos años una delicada operación al corazón y no pudo ser derrotado por el alevoso Covid 19 que lo postró unas semanas en un hospital de Puerto Maldonado. Buenos vientos, hermano, dákichi wamambuy…

Leer más

Vigilantes comunales de la Reserva Comunal Amarakaeri se acreditan como operadores de drones

En diciembre del 2019 recorrí con un grupo de vigilantes comunales de la Reserva Comunal Amarakaeri (RCA) un sector de los bosques que se alzan alrededor del río Nusinascato, en el distrito cusqueño de Quincemil, un territorio donde nacen las aguas que abastecen de vida las selvas de Madre de Dios y el oriente boliviano. El objetivo de la avanzada que me acogió como testarudo caminante en esa selva inhóspita y difícil era uno solo: linderar una zona de la reserva natural de más de 400 mil hectáreas que el Estado entregó en el año 2002 a las comunidades harakbuts asentadas desde el inicio de los tiempos en tan singular territorio asediadas en ese momento por el avance incontenible de la minería ilegal.

A fines del año previo a la pandemia que sufrimos, 2019, las huestes mineras, expulsadas de La Pampa, en la zona de amortiguamiento de la Reserva Nacional Tambopata, se estaban reagrupando para extender sus tentáculos al interior de la RCA, un área natural protegida cogestionada entre el SERNANP y diez comunidades indígenas pertenecientes a los pueblos harakbut, yine y matsiguenka. Había que actuar rápido y colocar letreros delimitando los espacios en riesgo podías ser un primer paso, me comentaron los técnicos del organismo estatal y los entusiastas directivos del Ejecutor del Contrato de Administración de la Reserva Comunal Amarakaeri (ECA-RCA). Eso fue lo que hicimos.

Sobre el modelo de gestión en las reservas comunales he escrito bastante en los últimos años. El modelo, redundo, me parece genial, se trata de un colosal experimento de gobernanza ambiental y social que hay que seguir impulsando. De manera que la noticia que comparto con Uds. me entusiasma. Desde el 2013, apunté en un reportaje publicado en la revista Caretas sobre ese ingreso a la RCA, el pueblo harakbut ha venido recuperando su territorio y pretenden, sus hijos más tercos, ir por más: por lo pronto, se han propuesto detener, con la ley y mucha tecnología en las manos, el avance de las hordas mineras que siguen codiciando el territorio que heredaron de sus ancestros. Que sigan batallando en la misma tarea, un año después del inicio de la peste, es esperanzador. Desde aquí los aplaudo de pie y saludo el esfuerzo que están haciendo por sanar la tierra de todos.

Leer más

Arakbut’en Etochime’: Arte harakbut para reconstruir el mundo

El arte harakbut es vital y está lleno de simbologías, lo sé porque conozco el trabajo de dos de sus artistas más reconocidos: Wili Corisepa y Yésica Patiachi. Y porque desde hace buen tiempo recorro los bosques nubosos de los departamentos de Madre de Dios y el Cusco reportando la historia y los sueños de una de las naciones de la Amazonía peruana más tercas en su afán de rescatar sus territorios ancestrales y la cosmovisión que algún día alumbró el camino de sus ancestros.

Pueblo de cazadores y agricultores hábiles en la siembra de delicados cultivos que continúan dando alimento al cuerpo y al alma, los harakbuts no han cejado de luchar contra la minería que se introdujo en sus comunidades e intenta tasajear la Reserva Comunal Amarakaeri, el territorio histórico que co-gestionan con el Estado. Modelo de administración en las áreas naturales protegidas, dicho sea de paso, que en esta plataforma hemos saludado desde su implementación.

Me alegra sobremanera el compromiso que ha asumido el Vicariato Apostólico de Puerto Maldonado con los artistas harakbut de la pastoral indígena.
Por Yésica Patiachi y Lucho Tayori sé del aprecio que su nación les tiene a los misioneros –en especial a Apakatone- que se acercaron a su pueblo durante la terrible época del caucho para evitar que el genocidio acabará con todos. Y qué bueno que a la iniciativa del obispo David Martínez se haya sumado la Sub-gerencia de Participación Ciudadana y Gobiernos Indígenas del Gobierno Regional de Madre de Dios, a cargo del sociólogo harakbut Héctor Sueyo.

Prometo visitar a los artistas harakbut cuando vuelva a Puerto Maldonado. Su trabajo merece una mayor difusión.

Leer más

En defensa del Rostro Harakbut: vigilancia comunal en Amarakaeri

Luis Tayori  Kendoro y Jaime Corisepa Neri, líderes harakbuts, el pueblo indígena que desde el año 2002 co-administra con el Estado peruano la Reserva Comunal Amarakaeri, un territorio de más de 400 mil hectáreas de pura selva en los límites departamentales del Cusco y Madre de Dios, tuvieron que sortear mil dificultades para llegar al Rostro del Hombre, el tótem natural que los abuelos de su raza habían reverenciado antes, mucho antes, que la maldición minera se abatiera sobre los territorios de sus  comunidades.

Y que ellos, los hijos y nietos de las nuevas generaciones del pueblo harakbut no habían visto jamás.

Leer más

Yésica Patiachi en Roma: “El verdadero oro de la Amazonía es el bosque”

Yésica Patiachi Tayori, la maestra bilingüe de la comunidad de Puerto Luz que conocí el año pasado en Puerto Maldonado, participa en estos días en Roma del promocionado Sínodo de los Obispos para la Región Panamazónica convocado por el papa Francisco para “identificar nuevos caminos de evangelización para esta porción del pueblo de Dios”. Lo sabía por Marcos Patiachi, su hermano menor y guardaparque en la Reserva Comunal Amarakaeri, el territorio ancestral de más de 400 mil hectáreas que los harakbuts de ocho comunidades nativas co-gestionan con el Estado.

Acabo de retornar de ese bosque asediado por el extractivismo a la mala que todavía guarda bellezas inmensas por gestionar. Me impresiona el apego de los harakbut que conocí por el terruño que heredaron de sus mayores y que tantas vidas le costó al pueblo harakbut, un grupo étnico diezmado por el caucho, la colonización posterior y el secular abandono estatal. De allí mi identificación plena con el alegato que la profesora Patiachi lanzara al mundo durante la reunión que los indígenas amazónicos tuvieron con el papa argentino en el 2018. De allí también mi complacencia con las declaraciones que acaba de dar en Roma sobre la minería ilegal y la destrucción de los bosques y del tejido social amazónico. Les dejo esta nota que resume sus declaraciones sobre el particular. Yésica siempre habla claro.

Leer más

Cuerpos pintados en el bosque de Madre de Dios. Apoteosis harakbut en la Reserva Comunal Amarakaeri

Les dejo por aquí la versión completa del reportaje que escribí sobre los harakbut de la Reserva Comunal Amarakaeri.

Pese a lo complicado de la tarea emprendida por las comunidades nativas comprometidas en la propuesta de las reservas comunales establecidas por el Sistema Nacional de Áreas Naturales Protegidas me ilusiona la posibilidad de que sean las propias poblaciones locales las que deciden y gestionan los territorios bajo su tutela. Y que el Sernanp esté de su lado, vigilante, solidario, para lo que sea necesario.

Tanto las comunidades nativas como el Estado y por cierto, la sociedad civil, esa entelequia que a muchos disgusta, debemos agotar esfuerzos para crear modelos de gestión que puedan parar la hecatombe ambiental que está destruyéndolo todo. Y hacerlo ya, de una vez, no hay más tiempo que perder.

Leer más

Yesica Patiachi: la mujer que emocionó al Papa Francisco. Hablan los harakbut

Parece que el encuentro de Francisco con los pueblos indígenas amazónicos hubiera sido hace un montón de tiempo. Sin embargo, no ha pasado ni siquiera una semana del acontecimiento que sirvió, entre otras cosas, para poner en la agenda la situación en la que viven las poblaciones originarias de esta importante región del planeta.

A pesar del duro golpe que ha significado para nosotros la aprobación por parte del congreso peruano de una infeliz iniciativa que pone en riesgo la salud y la vida de centenares de indígenas en aislamiento voluntario y contacto inicial de la Amazonía, seguimos firmes en la ilusión de un tiempo nuevo por llegar. Y en esa porfía vamos a continuar.

Les dejo el testimonio de Yesica Patiachi Tayori, la ejemplar indígena harakbut, maestra de profesión, que alzó la voz el 19 de enero último para que el Papa Francisco escuche y defienda los derechos y los territorios de una población desposeída y clave en la sanación de la casa común.

Leer más