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“Todavía no quiero morir, yo quiero luchar”. Antonio Sueyo, octogenario harakbut de Madre de Dios, fue vacunado en Puerto Maldonado

Mi opinión

Les dejo por aquí la nota que ha publicado el Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica – CAAAP dando cuenta de la vacuna contra el Covid 19 que las autoridades del sector salud de Puerto Maldonado le acaban de poner a Antonio Sueyo, Sontone, anciano harakbut que se ha convertido en símbolo de los pueblos indígenas originarios de Madre de Dios.

Como lo comenté anoche en redes sociales y lo repito por aquí, Sontone es uno de los últimos harakbuts nacidos en total libertad, cuando un grueso de su pueblo vagaba por los bosques nubosos y las cabeceras de los ríos que forman el río Madre de Dios. Lo conocí hace un par de años en Boca Inambari, la comunidad que lo aloja y lo cuida como una joya. Cachupín, le dicen los más jóvenes con cariño y Sontone les sonríe y aparentemente es feliz.

Aquella vez Sontone me recibió en su chocita a un lado del río y platicamos un rato: él en una lengua salida de Macondo, yo en un castellano que más parecía alemán. O tal vez chino. Igual pudimos entendernos. Traté de decirle cuánto lo admiraba y cuánto de mágico guarda su historia, su vida lejos de occidente, ese mundo tan hostil y tantas veces despiadado con su pueblo.

Me enternece que el guerrero harakbut haya sido vacunado. Sontone, madera firme de lupuna o shihuahuaco, resistió hace algunos años una delicada operación al corazón y no pudo ser derrotado por el alevoso Covid 19 que lo postró unas semanas en un hospital de Puerto Maldonado. Buenos vientos, hermano, dákichi wamambuy…


Antonio Sueyo ya fue noticia en julio el año pasado. Este octogenario indígena del pueblo Harakbut de Madre de Dios era, en aquellos días, la más viva imagen de la esperanza. La imagen que daba fuerzas para seguir batallando contra la pandemia en medio de la desolación que producía el aumento incesante en el número de muertes por Covid-19 en toda nuestra Amazonía. Luego de dos semanas internado en el Hospital Santa Rosa de Puerto Maldonado, ‘Sontone’, su vedadero nombre en Harakbut, salía el 15 de julio de allí con las manos en alto. “Estoy muy contento. Regresaré a mi comunidad, ese es mi sitio”, decía entonces.

Ayer la sonrisa de su rostro, evidente a pesar de la mascarilla, volvía a ser inmortalizada por los fotógrafos de la región. Un nuevo día para la esperanza y para el optimismo. Una nueva oportunidad para seguir caminando en su longeva vida que, oficialmente, le atribuye 82 años. “Yo todavía no quiero morir, sé que algún día tendré que morirme, pero es muy pronto aún, yo quiero luchar”, decía en su idioma apoyándose en la traducción de su hijo Héctor, que siempre le acompaña, “por eso estoy muy contento con esta vacuna”.

El líder indígena se fotografió con el equipo de salud. Foto: Paolo Peña

Su envidiable vitalidad, que no pasa desapercibida para casi nadie, le llevaba no solo a agradecer por ser uno de los primeros adultos mayores de la región Madre de Dios en recibir la vacuna, sino a ser ejemplo para otros. En esa línea, hacía un llamado y una invitación clara hacia quienes, como él, ya tienen más de setenta años de vida y en estos días tienen oportunidad de inocularse la primera dosis de la vacuna de forma completamente gratuita.

“Ojalá todos vengan a vacunarse. Hay que sobrevivir y batallar con este virus. Quiero que todos vengan, también los hermanos de las comunidades harakbuts, matsigenkas… de todos los pueblos, que vengan aquí a Maldonado a vacunarse”, animaba.  Como se recuerda don Antonio Sueyo vivió su niñez y adolescencia en situación de aislamiento, antes de que se produjese el proceso de contacto del pueblo Harakbut.

Más de 4000 vacunas para adultos mayores de Madre de Dios

El último 22 de abril, Madre de Dios recibió 4.260 dosis de la vacuna de Astrazeneca para sus adultos mayores. En ese sentido entre el martes 27 y el viernes 30 de abril se está procediendo con las inoculaciones en cuatro centros educativos de la ciudad, de acuerdo al cronograma difundido desde el Gobierno Regional de Madre de Dios.

Sin embargo, a través de redes sociales varios voceros indígenas vienen solicitando que, para el caso de los sabios y sabias que todavía viven en las comunidades indígenas de la región, se articule una estrategia que permita acercarles la vacuna, pues las comunidades se ubican en lugares muy apartados y la mayoría no cuenta con los recursos necesarios para trasladar a sus mayores hasta Puerto Maldonado.

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