[VÍDEO] “Hello Cuba”: un documental sobre la cubanidad, desde un barrio habanero

Guillermo Palacios se detuvo en una calle cualquiera de La Habana para robarle a sus habitantes un poco de su intimidad con el propósito de convertirla en un documento, un documental cinematográfico, que se mete -sin mayores pretensiones- en la vida cotidiana de los vecinos de un barrio de esta Cuba que le ha dado vuelta al milenio.

“Queríamos captar la esencia de lo espontáneo, me lo comentó Guillermo semanas atrás, el día a día de los cubanos de hoy, entonces nos paramos en la calle Figueroa para ver pasar el tiempo…las horas”. El resultado, un fresco absolutamente sincero, objetivo, de una sociedad que a pesar de tanto nos sigue fascinando.

Les dejo el trabajo de mis amigos Guillermo Palacios y Ana María Pomareda. Los dos y el consagrado Reuben Aaronson, son los artífices del corto “Hello Cuba”. Les va a gustar.

Mañana mismo voy a Lima por “Cuba Stone”, el librito escrito a tres manos por Jeremías Gamboa, Joselo Alfredo Rangel y Javier Sinay.

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Jorge Vignati: la última entrevista a una leyenda del séptimo arte

Jorge Vignati era esencialmente un hombre bueno, sin máculas, transparente. Un caballero andante, un gentil hombre extraviado -adrede- en las calles de Barranco. Cual Eguren contemporáneo, supo derrochar bonhomía y clase por donde le tocó andar. Fue un tipazo,

Ya sea en el Juanito, el célebre bar de la avenida Grau, o en Huaraz, donde apoyó varias ediciones del Inkafest, el Flaco Vignati no dejó jamas de expresar su amor incondicional por la buena fotografía, la aventura intensa por cualquier cordillera y el séptimo arte.

Lo conocí en la casa que Raúl Gallegos, el papá de Gabriel e Inés, se dio el lujo de inventar en la calle Cajamarca, a tres pasos de Los Reyes Rojos. En el gabinete-estudio de Raúl, Jorge Vignati, conversador nato, me regaló algunas tardes del último año de Inés en el colegio para festejar al alimón la vida, los proyectos por venir, la ilusión de estar instalados en este mundo a punto de quimeras, de sueños imposibles.

Voy a extrañarlo.

Su muerte, a diferencia de lo que me ha sucedido últimamente con la partida de otros amigos, no me tomó por sorpresa. El Flaco había decidido irse de a poquitos, sin querer molestar a sus amigos, sin perturbar a los que lo habíamos convertido, por méritos propios, en el fundador del mejor cine peruano.

(Me enteré de tu partida, Maestro, en el malecón Tarapacá, en Iquitos, en el restaurante de los Otero, en el Fitzcarraldo, vaya paradoja, y no me tocó esta vez fruncir el ceño. Al contrario, pude reconocer al evocar tu figura de Quijote andino, una sonrisa, interior e inmensa, celebrando tu vida, la vida pletórica en emociones, auténtica y bella que te regalaste)

Kausachun, wayki. Buen retorno a la pachamama.

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