[COLOMBIA] Nuquí, donde la naturaleza se la pasa de fiesta

Me muero de ganas de conocer el Chocó colombiano, una geografía extraordinaria, compleja, llena de contrastes. Hace unas semanas les dejé en esta vitrina virtual la historia de Javier Montoya, un hombre bueno acribillado a mansalva en la puerta del hotel que construyó al lado del manglar y de la infinita belleza del Pacífico colombiano. Ahora les paso este relato sobre las ballenas jorobadas que arriban cada año a la ensenada de Nuquí y el trabajo de Josefina Klinger, una mujer coraje que está construyendo con los suyos una experiencia de turismo rural que quiero conocer. Buen lunes para todos.

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2048: el año en que nos quedaremos sin ballenas … y sin pesquerías

En estos temas hay que ser exagerados. No sucumbir a la tentación de minimizar los acontecimientos que se vienen para sentirnos bien y seguir en lo mismo; en asuntos como éste tirar la basurita debajo de la alfombra resulta grotesco. Un estudio publicado por la revista Science, al menos eso es lo que indica la nota que hemos recogido de Play Ground Noticias, ha revelado que las pesquerías del planeta tienen los días contados, ya no dan más, agotaron su cuota de extracción, saquearon hasta matar irremediablemente el planeta océano.

El artículo menciona algo que he venido escuchando: el 90 por ciento de los grandes peces han desaparecido de nuestro mares y que cada año mueren 300 mil tortugas marinas y 250 mil cetáceos como consecuencia de las pesquerías que siguen operando como si nada estuviera pasando. Catastrófico, son las grandes especies –ballenas, orcas, tiburones, atunes- las que bio-indican la buena, o mala, salud de los océanos planetarios. Su presencia en nuestros mares garantizan la pervivencia de muchas otras especies, algunas tan agresivas como la nuestra. Así de sencillo, clarísimo.

(Y yo que venía feliz y entusiasmado con los coletazos y malabares de una ballena bebé y su madre frente a las costas de Vichayito, en el norte peruano. Fatal, seguimos destruyendo la casa de todos…)

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[ARGENTINA] Puerto Madryn, ballenas y fauna marina a un ladito de la ciudad

Hace algunos meses, mientras navegábamos hacia las islas del Callao, tuve la oportunidad de conversar largo con Indira Palomino de lo mucho que se había avanzado en otras latitudes en regular una actividad, la del avistamiento de ballenas, compleja y sumamente delicada. Le comenté lo que sabía de este tipo de turismo a través de los relatos de Alejandro Balaguer, en Panamá y de lo que había visto, muy de paso, en Península de Valdés, Argentina, uno de los litorales más fantásticos de Sudamérica.

Bueno, Indira, viajera entusiasta e hiperactiva, acaba de volver de Madryn, en la provincia de Chubut, y nos ha dejado esta nota sobre su paso por este paradero del turismo de naturaleza que se debe conocer ahora que las ballenas de este lado del continente se están convirtiendo en vacacionistas obligadas del invierno peruano. Buena semana para todos…

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[TRAVESÍAS] Ballenas de nuestra América

Ya va llegando la temporada de avistamiento de ballenas en el norte peruano, una actividad que se está manejando, lo he escuchado en varias reuniones, de manera concertada, responsablemente. Para ir calentando motores, planear su próximo viaje a Órganos se entiende, los dejo con este texto de Alejandro Balaguer, fotoreportero y conservacionista argentino de recordada residencia en nuestro país. Alejandro es director en la actualidad de Fundación Albatros Media, un observatorio ciudadano preocupado en generar conciencia ambiental para enfrentarnos como colectivo a los problemas derivados de la obcecación humana por destruirlo todo. La nota que les propongo fue publicada en la edición 32 de la revista Viajeros.

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En velero para llegar a África. Una travesía entre Salvador de Bahía y Ciudad del Cabo (1ra. parte)

Iniciamos con esta primera crónica la publicación de una bitácora viajera que los va a sorprender. Su autor, Eduardo Larrañaga, es un biólogo peruano, aventurero y fotógrafo de naturaleza que ha empezado hace un buen tiempo un viaje inacabable por los confines del planeta. Acompáñenos a conocer los entretelones de una navegación alucinante entre Salvador de Bahía y Ciudad del Cabo, en velero y con los binoculares bien puestos. ¡Qué vivan la aventura y los sueños!

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¿Por qué debemos crear la Zona Reservada Mar Pacífico Tropical Peruano?

Por supuesto que estoy a favor del establecimiento de la Zona Reservada que viene impulsando el Sernanp y el Ministerio del Ambiente en el mar de Piura y Tumbes, una de los ecosistemas más ricos que existen en nuestro país. El establecimiento del área protegida, aun cuando el estatus propuesto sea transitorio, garantizará un manejo apropiado de un zona amenazada -como tantas- por el desborde social y el aquí se puede todo. Hubiera sido deseable que el establecimiento de la misma se diera en el marco del IV Congreso Mundial de Reservas de Biósfera recientemente llevado a cabo en Lima, muchos de mis amigos en el norte esperaron la buena nueva hasta el final de evento y se quedaron con las ganas. Hay que seguir haciendo fuerza, no queda otro camino.

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El cambio climático, un azote para las ballenas

Este año me volví a perder la temporada anual de las ballenas en el mar de Los Órganos y Cabo Blanco. Digamos que me perdí una de las temporadas más espectaculares de los últimos años, según afirman los entendidos. Las ballenas cumplen una función muy importante, invalorable en la dinámica de los océanos del planeta; sin embargo, no las valoramos como deberíamos y hasta nos empecinamos en cazarlas para satisfacer intereses subalternos. En la última edición de la revista Viajeros incluimos dos excelentes artículos sobre nuestros cetáceos del norte (que también son del sur, a tenor de las fotos de las dos ballenas jorobadas de La Herradura, Lima, que circularon por redes en los últimos días. Les paso este artículo de El Espectador de Colombia para que se enteren del drama que viven estos extraordinarios gigantes como consecuencia del malhadado cambio climático.

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Puerto Madryn: reserva de vida

Hace un montón de días le vengo dando duro al tema del turismo que se viene impulsando en El Ñuro a propósito de la presencia en las cercanías de su muelle de tortugas verdes (Chelonia midas), un quelonio que recorre la costa peruana durante su aventura migratoria. Como lo han relatado Aldo Durand en su cuenta de Facebook y el periodista Ralph Zapata en las páginas de El Comercio, en la otrora apacible caleta talareña se ha producido una avalancha de turistas atraídos por una propuesta definida por la posibilidad de bañarse con las benditas tortugas.

Lo que fue en un primer momento una promesa de disfrute para los que llegan de afuera, además de una interesante oportunidad económica para la población de El Ñuro se convirtió, debido a un manejo ligero del producto que se ofrece sin ninguna restricción, en una pesadilla. Me cuentan que un fin de semana cualquiera de esta temporada de vacaciones podía contarse dos mil personas pugnando por tomar por asalto el mar de la aldea con el propósito de interactuar con las ocasionales visitantes. Horrible. Apocalíptico.

El turismo de naturaleza en ecosistemas tan frágiles como el que habitan lobos de mar, ballenas, pingüinos y tortugas requiere regulaciones y controles que no se están activando de la manera en que se debe y si no actuamos de inmediato para ordenar la creciente actividad que se está desarrollando en algunas zonas del país: islas Cavinzas y Palomino, ensenada de San Fernando, Órganos y El Ñuro, por mencionar algunos sitios emblemáticos del turismo de avistamiento de fauna silvestre, vamos a lamentarnos muy pronto.

Los que habitamos el paradójico planeta turismo sabemos qué es lo que viene después de la difusión masiva de propuestas como ésta y el consecuente éxito económico de sus propulsores. Sabemos que el libre mercado y las leyes que rigen el turismo masivo en el Perú van a precipitar sobre estos paraderos mágicos, frágiles y tan necesitados de propuestas nuevas, el ingreso de la informalidad y el negocio chicha. Eso ya pasó en Taquile, en Huaraz, en Lunahuaná, en tantos otros lugares donde la actividad se instaló a la mala, sin planificación ni una adecuada gestión.

El turismo informal impone en los territorios donde no hay regulación ni presencia de autoridad su lógica inmediatista, mercantil y una forma de entender el negocio que no sabe de conceptos básicos que el turismo formal ha introducido en su praxis. Uno de ellos, el de capacidad de carga. ¿Cuántos visitantes por día puede recibir El Ñuro sin que se altere la vida de las tortugas, sin que se ponga en riesgo el ciclo migratorio de la especie y todos los demás aspectos que rigen su vida en estado silvestre?.

Otro, el del respeto por las comunidades donde se realiza la actividad. ¿Se ha trabajado con los pobladores de El Ñuro un plan, una estrategia de intervención que los beneficie de verdad y se eviten los pasivos culturales, también ambientales, de una actividad que hace tiempo dejó de ser inocua?

Hay que empezar de cero en El Ñuro. Tenemos una oportunidad magnifica, lo he comentado en redes, para “desfacer entuertos” provocados por la primera de un turismo con capacidad de impactar en las economías locales y producir desarrollo. Sé que la Dircetur Piura ha convocado a las partes para trabajar una hoja de ruta que permita revertir lo actuado y solucionar los cuellos de botella que produjeron las medidas que tomó sin escuchar las voces de los que pedían sensatez y pasos ligeros. Ahora toca que los demás actores de esta historia depongan intereses particulares y se pongan a trabajar pensando en ordenar la actividad para que no cunda la informalidad y se instale la ley de la selva. Y para empezar a mirar otro problema en ciernes, quizás más grave que el anterior: la poca cultura turística, uso un eufemismo para no decir la ausencia de ciudadanía y educación, del nuevo turista peruano.

Les dejo este reportaje sobre lo que ofrece Puerto Madryn, en península de Valdes, sur argentino, una zona de ese inmenso país donde se viene desarrollando desde hace mucho tiempo una industria ligada a la fauna silvestre cuyo eje fundamental es la sostenibilidad y el cuidado de los recursos que se poseen.

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