Bienvenido Huayllafara, bienvenido el futuro

En armar sociedades y poner a la gente en modo sí-se-puede Franco Negri, sabe.  Hace unos días tuve la oportunidad de acompañarlo a visitar a los entusiastas integrantes del comité de turismo de Huayllafara, una comunidad en la parte media del valle de Lamay que forma parte de La Tierra de los Yachaqs, el singular proyecto de Turismo Rural Comunitario que impulsa Pilar Montesinos.

Este es el relato de dos días, hasta tres, visitando una comunidad campesina que está luchando por preservar lo que heredaron de los mayores.

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Julieta Quirós, antropóloga argentina: ““La agricultura campesina es la agricultura del futuro”

Concuerdo con Julieta Quirós, la investigadora del Instituto de Antropología de Córdoba que acaba de cerrar una magnífica exposición sobre la vida rural en Traslasierra, valle de San Javier, provincia de Córdoba, cuando afirma que “la agricultura campesina, diversificada, libre de veneno y productora de territorios sin venenos, es la agricultura del futuro”.

Cuánta verdad tiene su aseveración.

Como lo he comentado en otros posts, vengo recorriendo los campos de las comunidades campesinas de Huancco Pillpinto y Huayllafara, en el pródigo valle de Lamay, en el Cusco, dos territorios asolados por las mismas penurias: el éxodo poblacional y la crisis de la agricultura tradicional.

Lo paradójico es que en ambas comunidades los campos de cultivo siguen produciendo de todo, maravillosamente; han sabido mantenerse así durante centurias. Mágico: en Huayllafara, el día de ayer, los topos de quinua amarilla copaban las quebradas con su belleza inaudita.

Sin embargo, pese a tanta riqueza y patrimonio cultural, sus pobladores viven en la pobreza y sus productos no valen nada en los mercados que tienen a la mano.

Claro, un observador despistado podría afirmar que lo que deberían hacer es salir a buscar mercados alternativos a los que frecuentan. O simplemente sembrar productos con mayor demanda, que los hay y a pastos: de pronto alcachofas, paltas, espárragos, soya, cítricos…

No lo hacen, permanecen tercos en sus costumbres y apegados a su calendario agrícola. El tránsito de los cultivos tradicionales, incorporados al ADN comunitario, que por cierto algunos programas de desarrollo están favoreciendo, a los commodities de moda en el agro de la región no lo están dando.

Qué bueno que así sea. Como dice la antropóloga argentina los cultivos campesinos constituyen un mercado que se expande geométricamente y están a punto de convertirse en la vedete de la alimentación citadina -y también rural- en el planeta entero.

Dice más la entrevistada: “La producción campesina o agroecológica necesita de una política de Estado de apoyo, acompañamiento y fomento. Para que estos y otros alimentos sanos, producidos por las manos de miles de familias cordobesas –el valle de San Javier se ubica en esa provincia- puedan traspasar las fronteras de los pueblos del interior y llegar al consumidor de la ciudad, el Estado debe implementar acciones concretas. El productor familiar precisa dos tipos de acciones, que deben ir juntas por una relación sinérgica: por un lado, una política clara y sostenida en apoyo a la capitalización en infraestructura. Y por otro, un acompañamiento territorial y técnico en la cadena de producción y comercialización”.

Si el Estado hubiera procedido así en Chinchero no estaríamos en este momento enfrentados con los que defienden la mega obra aeroportuaria. Por el contrario, los infinitos tonos de verde que revientan en la meseta en tiempos de cosecha serían la confirmación de un agro saludable con familias de productores agrarios ganando lo que deberían ganar.

Eso no sucedió, lamentablemente; tanto es así que el propietario campesino, cansado de arrastrar miserias y fracasos agrícolas, terminó siendo el mejor aliado de los proyectos modernizantes que algunos miden en bolsas de cemento y corruptelas al por mayor.

Hay que insistir, lo vengo diciendo en todos los tonos, en el replanteamiento de las actividades económicas del territorio rural de nuestro país, ese espacio tan vital del Perú que se ha convertido en un acelerado productor de migrantes. Y de pobres.

Termino citando este párrafo de la muy ilustrativa entrevista a Julieta Quirós: “El Movimiento Campesino de Córdoba viene trabajando local y territorialmente en todas estas cuestiones. Es un trabajo hormiga que se hace en y desde cada territorio, y que depende de generar y fortalecer lazos cotidianos entre las familias y productores, redes de producción y comercialización justa, conciencia y defensa del derecho al arraigo de la gente de campo en el lugar de pertenencia. El Estado debe trabajar a la par de organizaciones como ésta, cuya función social en la práctica va mucho más allá de la «cuestión campesina»: se trata de iniciativas que generan desarrollo local y regional en el interior de la provincia, fortalecen modos de producción agraria ecológicamente sustentables, promueven derechos efectivos de ciudadanía (acceso a salud, educación, trabajo) y tejen redes de abastecimiento de alimentos sanos entre el campo y la ciudad”.

Asumo como mío ese ideario. Estoy trabajando en eso con los promotores de La Base Lamay. Les cuento más dentro de unos días.

Buen fin de semana para todos.

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Cushuro, la milagrosa alga andina que combate la desnutrición

La semana pasada hablamos de hongos andinos y unos días antes de las potencialidades del aguaymanto, el Golden berry peruano que ha ingresado fuerte a los mercados de Europa y los Estados Unidos.

Le toca el turno ahora al cushuro, un alga que se reproduce con prisas en las lagunas de la Cordillera Blanca y en otros cuerpos de agua del macizo andino.

Conocí sus encantos y grandes posibilidades para combatir la desnutrición y otros males hace muchos años de la mano de Luzmila de la Puente, la propietaria del mítico Piccolo de Huaraz, el restaurante que cobijaba a inicios de este milenio a viajeros de todos los pelambres y soberbia cocinera.

Recuerdo haber compartido un banquete de antología con Walter Silvera, Rafo León y Sonaly Tuesta preparado a base de cushuros, en sorprendentes platos dulces y salados.

En festejar los atributos y bondades de los platos regionales, Luzmila era una trome. ¿Por dónde, por qué caminos andará mi buena amiga?

El cushuro andino es un portento de la naturaleza de nuestro país: contiene más proteínas que la carne, más calcio que la leche y más hierro que un plato de lentejas. Incluso, repito lo que dice la nota que les dejo, se afirma que la cantidad de proteínas que aporta duplica el de la kiwicha y la quinua, dos pesos pesados de la alimentación que debemos impulsar.

Ayer hablaba de estos temas con una bullanguera legión de apasionados de los andes en la comunidad de Huayllafara, en el valle de Lamay, Cusco. En el centro de interpretación que los asociados al comité de turismo han construido, mientras don Benigno Huallpa, líder local, nos explicaba al detalle el ciclo agrícola en sus quebradas, no hicimos otra cosa que criticar la extendida miopía de nuestras autoridades (y también la de nosotros) que nos está impidiendo comprender –y sobre todo valorar- la extraordinaria riqueza que los campos de cultivos andinos guardan y estamos desperdiciando.

En Huayllafara, los campesinos que siguen tercos defendiendo sus activos culturales, siembran una inmensa cantidad de productos de gran valía a lo largo del año que, lamentablemente, tienen un precio ignominioso en los mercados donde se comercializan.

Don Benigno nos contó que la quinua roja, la amarilla, las distintas clases de maíz, el tarwi, las papas nativas, las habas, la oca -llamada por estos lares apilla-, el olluco o papa liza, la cañigua, el trigo, la cebada se producen en cantidades en sus topos pero que a la hora de venderlos es muy poco lo que obtienen. El mercado privilegia, y paga bien, otros productos. De Ripley, verdaderamente.

Insisto, tenemos la obligación de hacer productiva la sierra peruana, y por supuesto las otras regiones del país. Si queremos abatir los males que nos aquejan como sociedad tenemos que emprender la revolución agrícola que nos merecemos. Y allí los cushuros, aguaymantos y los hongos van a cumplir, tiene que ser así, la misión que la historia les tiene reservada.

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Hongos andinos se convierten en aliados para combatir la desnutrición en el Cusco

Aquí en el Cusco los llaman callampas y hace mucho que se ganaron un espacio en la mesa popular. Los acabo de ver en cantidades industriales en los puestos ambulantes que hay fuera del mercado de Urubamba. Las amas de casa los adquieren para utilizarlos en casi todos los platos de consumo diario y valoran sus propiedades nutritivas.

Los hongos del Perú, sobre todo aquellos cuya función estuvo vinculado a la magia y la ritualidad, han sido registrados en ceramios cupisnique y mochica; sin embargo, un manto de desdén los condenó al ostracismo. Desaparecieron de las prácticas culturales y muy poco se supo de ellos.

Hace unos años reaparecieron gracias al buen ojo de los comuneros de Granja Porcón, en Cajamarca, que los incorporaron con éxito y mucho ingenio en su propuesta culinaria de cara al turismo. Pronto los campesinos de la sierra de Lambayeque se sumaron a la iniciativa generando un mercado que debemos seguir impulsando. Como lo he comentado en otro post, resulta de interés nacional convertir el campo de nuestro país en un territorio económicamente viable.

Leo en un docu que acabo de bajar de la web Academia que “las setas son los frutos visibles del hongo y una categoría taxonómica poco investigada académicamente. Las setas (hongos) son indicadores de la viabilidad del suelo; por tanto, indicadores de la salud medioambiental. Las setas también son una fuente valiosa de nutrientes y medicina estrechamente ligados. Algunos champiñones peruanos contienen altos niveles de proteína. Por ejemplo, Calvatia cynthiformistiene mas proteína digestible que la carne y las leguminosas.

Fabuloso, saludo desde esta pequeña tribuna el trabajo de los campesinos involucrados y el esfuerzo del Programa de Pequeñas Donaciones (PPD) del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF o FMAM). Hay que seguir dándole duro a la esperanza…

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El aguaymanto la fruta de los Andes que es sensación en el mundo

Durante los años de mi estancia en el callejón de Conchucos fui un asiduo consumidor de aguaymanto, ese fruto típicamente andino –rico en vitamina C y otros minerales- que hemos empezado a consumir en las grandes ciudades y entonces podía comprar en casi todos los mercaditos que frecuentaba entre Chavín y Huari.

Buenos tiempos aquellos, de grandes aprendizajes y constataciones. Una de ellas, sumamente cruel y de amarga recordación: la agricultura en esos valles otrora productivos hasta decir basta, devino en una actividad de poca importancia económica y en virtual abandono. Los campesinos de Conchucos que conocí, salvo notables excepciones como la de don Pilardo Amado, agricultor autosuficiente de Carash, distrito de San Marcos, o eran pobres extremos o se veían obligados a migrar a las ciudades de sus entornos para vivir de los programas sociales del Estado o de la benevolencia de los municipios ricos en canon minero.

Con Rabí Rojas y los demás miembros del equipo en el que trabajaba tratamos de plantear soluciones para enfrentar de alguna manera ese drama. Entendíamos entonces que los precios de las papas y los otros cultivos locales condenaban al agro conchucano al autoconsumo y a la desesperación: ese círculo vicioso que se extiende por casi toda la sierra y selva que recorro, salvo donde la agricultura alternativa a la tradicional se hace fuerte y gana espacio en los mercados que valoran su calidad. Uno de ellos, precisamente el creciente mercado de los berrys de esta nota.

No sé cuál podría ser el conjuro para acabar con la extendida crisis del agro nacional. No soy un especialista en la materia, debo admitirlo; sin embargo, cuánto me gustaría que la clase empresarial y política de nuestro país –también la Academia- empezara a tratar en serio este problema. Y solucionarlo de una buena vez.

La debacle del agro peruano genera pobreza, lo que digo es de Perogrullo y con ella, el impulso de las migraciones, la pérdida de nuestros activos culturales y el cambio en el uso de la tierra tanto en la Amazonía como en la sierra. Veamos si no el caso de Chinchero, en el Cusco, una pampa otrora fértil y productiva que ha empezado a perder su valía agrícola debido al colapso de los precios de los insumos del campo, la poca preocupación de un Estado ausente y la arremetida de los urbanizadores, entre otras causas.

En fin, larga vida a los cultivos de aguaymanto, larga vida a la agricultura que nace al impulso de los mercados de afuera. Pero sobre todo, larga vida a la agricultura tradicional, esa que convirtió al Perú en despensa universal productos de la tierra y fuente de orgullo patrio.

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Exportaciones peruanas de castaña superaron los US$ 66 millones en 2018

El año pasado fue un año bueno para los castañeros de Madre de Dios. La producción fue mucho mayor que la del 2017, un año especialmente malo para los concesionarios, para las comunidades nativas involucradas en el negocio y para los demás productores del recurso estrella de la región.

El reporte que ha hecho público la Asociación de Exportadores (Adex) habla de una cifra que supera los 66 millones de dólares para la campaña del 2018. Muy buena noticia.

La recolección castañera de este año aún no acaba, todavía las cuadrillas de hombres y mujeres con sus canastas y payanas a cuestas están recorriendo el bosque para terminar la zafra, pero pareciera que no va a ser tan rentable como la del año pasado.

En la mañana de hoy visité la planta de Candela Perú, la empresa de comercio justo que acopia el recurso para comercializarlo por todo el mundo. Me sorprendió el alto nivel tecnológico de la unidad productiva que han instalado en La Joya, camino a la comunidad de Infierno y el empuje de sus técnicos para convertir al fruto de los árboles milagrosos de Madre de Dios en dinero para su gente.

La castaña, lo hemos dicho mil veces, es uno de los productos más rentables, en términos económicos y ambientales, del departamento. Da platita contante y sonante a los involucrados en su recolección, transporte y comercialización y protege el bosque de la deforestación y el mal trato que le dan los que quieren llevarse sus recursos a la mala.

Ayer justamente las autoridades del Ejecutivo encargadas en aterrizar las ideas y buenas intenciones expresadas durantelos primeros días del operativo Mercurio 2018, han colocado a la castaña departamental en la primera línea de productos que se van a impulsar para transformar el desmadre de Madre de Dios en desarrollo de verdad.

Ojalá se logre.

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Tres ministerios peruanos se unen para seguir impulsando la industria alpaquera

Qué buena noticia: hay que seguir insistiendo en el desarrollo económico altoandino, una región del país abandonada a su suerte que requiere a gritos el impulso que le permita salir adelante. Las comunidades alpaqueras que he recorrido últimamente en el Cusco y en Huancavelica tienen un potencial enorme, la fibra de este habitante ancestral de las alturas de nuestro país goza de la preferencia de un público selecto, premium, que paga muy bien si es que el producto final reúne las condiciones que exige.

Enhorabuena el interés gubernamental y de los empresarios privados en trabajar de la mano para mejorar la performance de una industria que está creciendo y tiene todas las condiciones para generar ingresos y calidad de vida allí donde más se necesita. Buena semana para todos.

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Miriam Abramovay: “No se trata de aumentar la participación de las mujeres rurales, se trata de empoderarlas”

Cuando escucho hablar de desarrollo rural en América Latina pienso de inmediato en Roberto Haudry, antiguo funcionario en el Perú de un proyecto agrario que tuvo como una de sus partes ejecutoras precisamente al Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), la organización que ha circulado la nota de prensa que les alcanzó.

Haudry de Saucy me sorprendió, cuando lo invité a trabajar un par de temas con los alumnos de uno de los primeros diplomados en Turismo Sostenible que dirigí en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, por su mirada del mundo rural desprejuiciada y carente de los galimatías sociológicos que suelo encontrar en el discurso y en la praxis de muchos proyectos y proyectistas.

Me interesa la propuesta de trabajo de IICA, voy a recorrer durante cinco meses la Cuenca Amazónica intentando conocer los emprendimientos en turismo sostenible y desarrollo rural que tan poca difusión encuentran a pesar de la importancia que tienen para la conservación y apropiada gestión del bioma más importante del mundo. Por supuesto que los temas planteados por Miriam Abradomay de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) me interesan en grado sumo.

Hay que empoderar a las mujeres y pobladores amazónicos, el tiempo de las miradas complacientes y las soluciones de escritorio debe quedar atrás.

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El café de Vicentina Phocco / Ignacio Medina

Asu, que lo diga Ignacio Medina es sinónimo de veracidad. El café orgánico peruano vuela alto a pesar de lo magro de sus precios si los comparamos con el que tienen los cafés gourmet de otras partes del mundo. Qué importa, que pequeños productores como Vicentina Phocco y Pablo Mamani, su esposo, sigan produciendo cafés tan buenos que son capaces de alzarse con los primeros puestos en los concursos internacionales habla muy bien del esfuerzo de productores y agencias cooperantes en una zona del Perú tan propicia, lamentablemente, para la siembra de coca ilegal y el triunfo de la minería aurífera. Voy a tratar de cruzar las fronteras de Kosñipata, por donde ando, para llegar a estos flancos altos del Inambari, al otro lado de las quebradas del Cusco. El esfuerzo de estos pequeños productores vale la pena el esfuerzo. Les voy contando. La nota que les dejo fue publicada en El País de España.

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De paso por el territorio awajún. Cinco historias del Alto Mayo

“Cuando los agrónomos empezaron a decir que los sistemas agroforestales o policultivos constituían la manera más ecológica y económica de hacer agricultura amazónica, los aguaruna y los huambisas –awajunes y wampis- ya llevaban años de años preparando chacras donde aparte de la yuca habían introducido plantas medicinales, aromáticas, palmeras, especies forestales, frutas, etc., recreando un sistema muy parecido al que se encuentra en su entorno” (Viajeros n° 4).

Les dejo este texto sobre los awajún del Alto Mayo publicado en el último número de la revista Viajeros. Disfruten el día, viajeros…

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CONVOCATORIA: Movimiento Regional por la Tierra y Territorio convoca a la sistematización de casos inspiradores de acceso a la tierra y el territorio

Desde hace algunos meses colaboro con el Movimiento Regional por la Tierra y el Territorio identificando casos exitosos de comunidades en Sudamérica que han logrado superar toda clase de obstáculos para acceder con dignidad y mucho esfuerzo a la tierra y al territorio que les pertenece. En este planeta extraño donde las ciudades están empeñadas a imponer condiciones sobre el mundo rural y el modelo económico en boga alienta el despoblamiento del campo, los impulsores del movimiento están decididos a reseñar mil historias inspiradoras que describan lo contrario; vale decir, que nos hablen de la terca batalla de los pueblos andinos, amazónicos, mestizos, afrodescendientes por construir desarrollo en el ámbito rural, el espacio vital para millones de pobladores de nuestro continente.

He contribuido preparando hasta la fecha cinco casos peruanos: el de la comunidad nativa de Puerto Prado, en Loreto; el de los compañeros de la asociación MABOSINFRON en Ucayali; el los socios de la empresa ECOMUSA en Madre de Dios y en las últimas semanas, el de los ambientalistas de Chaparri, en Lambayeque y Tres Islas también en Madre de Dios. Me enorgullece estar contribuyendo con un granito de arena en la visibilización de la lucha de estos colectivos de gente valiente y llena de esperanzas. Su gesta ilumina el futuro, le da vigor a nuestros sueños.

Anímate y hazte aliado del Movimiento. Entre todos podemos construir la historia de los hombres y mujeres que están cambiando la historia. Les dejo esta nota con la convocatoria que están promocionado los compañeros de la aguerrida ONG boliviana.

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Cooperativa del Bosque de Protección Alto Mayo es elegida Empresa del Año de la Región San Martín

Justo premio para una empresa cooperativa que está protegiendo el bosque del Alto Mayo para construir desarrollo sostenible. En diciembre pasado tuve la suerte de conocer a sus dirigentes y a sus aguerridas bases en la reunión de cierre de operaciones del 2016 que se llevó a cabo en la localidad de Aguas Verdes, a un lado del portentoso Bosque de Protección Alto Mayo (BPAM).

En la región del Alto Mayo se está construyendo un modelo de gestión territorial que nos llena de entusiasmo. En sus bosques llenos de vida y en el resto de su hermosa y biodiversa geografía, el Gobierno Regional de San Martín, los municipios de Rioja y Moyobamba, el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas (SERNANP), la ONG Conservación Internacional y una larga relación de organizaciones de la sociedad y del Estado vienen trabajando de la mano para construir el paisaje sostenible que sueñan sus pobladores. La edición última de la revista Viajeros está dedicada a reseñar los mejor de esta gesta interinstitucional y ciudadana.

Saludos y felicitaciones a los amigos de San Martín, a Norith, a Braulio, a don Segundo Calle, a Marisol Hasegawa, a Karina Pinasco, a los compañeros de Ampa, a José Altamirano, a Nórbil Becerra, al profesor Yagkitai, a Martina Entsakua, a Juan Becerra de Nueva Cajamarca, a las nuwas de la comunidad awajún de Shampuyacu. A todos.

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Prom Perú lanza marca sectorial Superfoods Peru en feria de alimentos más importante del mundo

Estoy sumamente interesado en este tema, el de los súper alimentos peruanos, esa otra posibilidad de desarrollo que tenemos a la mano, cerquita nomás y en los Andes y en toda la Amazonía, para derrotar la pobreza extrema y la devastación ambiental que sufre nuestro territorio patrio. En estos últimos días he hablado de ello con Víctor Noriega, el gobernador regional de San Martín; con el fotógrafo Raimón Plá, conectado a Internet desde su velero anclado en una rada de Barcelona y anoche con Pepe Álvarez Alonso, investigador amazónico y responsable de la Dirección de Diversidad Biológica del Ministerio del Ambiente.

Con todos confirmo esto que les digo con alborozo y deseos de llamar la atención de medio mundo: los mercados emergentes para los productos derivados de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos aumentan su demanda de manera desproporcionada y a un ritmo alocado. Se han puesto de moda y amenazan con convertirse una tendencia universal. Más claro ni el agua.

Si en el 2008, los datos acabo de tomarlos de un documento del MINAM, los productos agrícolas certificados facturaron a nivel global 40 mil millones de dólares, el estimado para el 2020 alcanza los 210 mil millones de dólares. Fantástico.

Y en el 2050 la cifra que se prevé supera los 900 mil millones de dólares. Una cantidad de fantasía, un verdadero milagro para países como el Perú, bendecido por ahora por su diversidad biológica y cultural. Si no aprovechamos, como dicen los esnobs, esta nueva ventana de posibilidades, mejor apaguemos la luz y pongamos un letrero que diga: se vende este país de tantas oportunidades perdidas.

Saludo el esfuerzo de Prom Perú por asociar nuestra marca a estos productos de creciente demanda y necesidad mundial. Ese primer paso debe estar acompañado de la aprobación inmediata de las políticas públicas que favorezcan la reconversión del agro y el manejo apropiado de bosques y cochas, lo que investigadores como Jorge Gasché y Napoleón Vela llaman el modo de producción bosquecino. Y por el lado privado, de la necesaria inversión de capitales, única manera de estimular cadenas productivas que permitan construir un modelo de desarrollo potente, apropiado por fin a la idiosincrasia de nuestra población y a la geografía que habitamos.

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