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Buenas señales, grandes tareas pendientes, un comentario de Juan Stoessel sobre el sector turismo

Mi opinión

Mirar el vaso medio lleno, esa es la idea en estos momentos de cambios en el sector turismo. Por supuesto que sé que esbozar optimismos en tiempos de animadversiones y trompeaderas por-quítame-estas-pajas no resulta muy productivo en términos de likes ganados y viralizaciones; sin embargo, la coyuntura impone serenidad, diálogo, objetividad y, sobre todo, claridad para fijar posición frente a los viejos temas por resolver que aquejan al maltratado sector turismo.

Dicho lo anterior, debo decir que estoy de acuerdo, en líneas generales, por lo hecho hasta ahora por el dúo Valencia-Chirinos en el MINCETUR: iniciar gestiones ministeriales tratando de resolver el nudo en Machu Picchu es lo correcto, ya habrá tiempo de hacer lo propio con los problemas pendientes en otros destinos y escenarios.

En esta revisa de opinión, por ejemplo, nos hemos ocupado del crecimiento de la informalidad en las actividades propias del turismo de aventura, situación que llegó a un límite en las rutas de senderismo en el Cusco y en la Huacachina, a propósito de la prohibición de los tubulares sobre sus dunas, conflicto que amenazaba con crecer que ha sido controlado gracias al respaldo del propio ministro a una mesa de trabajo ampliada que se va a encargar de abordar y darle salida al tema. Me imagino que un tratamiento similar tendrá el asunto pendiente de los porteadores en el Camino Inca y en el Salkantay. Y el ordenamiento del servicio turístico en la Montaña de Colores y en la Cordillera Blanca, dos de los grandes cuellos de botella del turismo nuestro.

En fin, mil problemáticas más por resolver… y pronto. Nos toca a nosotros dar opinión y sustentar las propuestas que planteamos; vale decir, nos toca convertirnos en una comunidad que escucha, atiende, propone, que presiona cuando hay que hacerlo y, sobre todo, que participa en la gestión de un sector de la economía nacional poblado de emprendedores y servidores de todos los tamaños y procedencias. Esperemos que sigamos viendo el vaso a medio llenar. Les dejo las opiniones al respecto de Juancho Stoessel, de Casa Andina, dirigente gremial de la Cámara de Turismo del Cusco (CARTUR) y permanente analista del sector.


Por Juan Stoessel, tomado de Perú 21

Después de varios años haciendo las cosas a medias o, peor aún, retrocediendo, hoy vemos señales de que las cosas comienzan a cambiar en el sector turismo.

Empecemos por Machu Picchu. Se acabaron las reservas temporales. Los boletos solo podrán obtenerse con pago confirmado. Se pone fin al acaparamiento de cupos, que convertía la búsqueda de tickets en una odisea y fomentaba las reventas abusivas. Otro indicio muy auspicioso es que las autoridades a cargo de Machu Picchu están sentándose en la misma mesa. Las carteras de Cultura, Ambiente, Turismo, el Gobierno regional y el Municipio vienen conversando sobre cómo gestionar mejor nuestra maravilla mundial. Aunque parezca mentira, eso nunca ocurría antes. Que hoy suceda es excelente.

También hay buenas noticias sobre conectividad aérea. La ruta Cusco-Santiago tendrá más frecuencias y se abrirá un vuelo directo Cusco-São Paulo. Son dos mercados que traerán más turistas, ayudando a consolidar Cusco como puerta de entrada al país.

Y hablando de puertas de entrada, al fin comienza la construcción del puente Santa Rosa, que conectará el nuevo aeropuerto Jorge Chávez con la ciudad. Más vale tarde que nunca.

Son avances. Son señales de que las cosas comienzan a hacerse de otra manera. Pero no podemos caer en triunfalismos, porque el gran pendiente sigue ahí: infraestructura y servicios básicos.

Si queremos ser una potencia turística, no basta con tener atractivos. Machu Picchu, las playas, la Amazonía, la gastronomía atraen al visitante. Pero la experiencia se define en los aeropuertos, carreteras, en la calidad del transporte, la seguridad, limpieza y orden de nuestras ciudades. Ahí seguimos en deuda. La brecha viene desde hace décadas, pero en los últimos cinco años se ha agravado profundamente. La experiencia del turista viene siendo disminuida y golpeada.

Hoy, la coyuntura del fenómeno de El Niño obliga a redirigir recursos a la prevención de daños. Es lo correcto, pero la emergencia actual no debe hacernos olvidar que requerimos urgentes mejoras en servicios e infraestructura. Un ejemplo reciente lo dice todo. La comisaría de Cusco está cerrada por riesgo de derrumbe del inmueble. El principal destino turístico del país no tiene la comisaría operativa. ¿Qué imagen deja eso?

Sin embargo, no veamos solo el árbol. Veamos el bosque. Hay señales de cambio. Ahora toca acelerar.

El Perú no necesita inventarse atractivos turísticos. Ya los tiene. Lo que necesitamos es infraestructura y servicios que estén a la altura de nuestros destinos. Ese es el desafío. Y también, la gran oportunidad.

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