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Rostros de la primera línea: Miriam Ríos, la joven brigadista asháninka que desafía las llamas en Cutivireni

Mi opinión

Es cierto que el fuego sigue profanando el territorio sagrado del pueblo asháninka pese a los esfuerzos de los brigadistas que tratan de detener su furia desde que se iniciaron los incendios a inicios del mes de octubre. Trágico y como hemos editorializado por aquí, el desastre socioambiental que nos ha caído encima hubiera sido evitable si el Estado y la sociedad se hubieran puesto las pilas para prevenir este desenlace fatal brindando el apoyo y los recursos a las organizaciones de base y a los gobiernos municipales.

Eso que hicieron con una constancia que saludo los compañeros de la Central Asháninka del Río Ene (CARE) cuando decidieron desarrollar -y luego ejecutar- la Estrategia de Manejo Integral PAAMARI, la iniciativa comunitaria que plantea afrontar las temporadas secas, que es cuando ocurren estos incendios, a través de la previsión y el manejo del fuego desde el respeto y su uso cultural. No desde el amedrentamiento a la población y la penalización de sus miembros. Y, lógicamente, desde la formación de un cuerpo de combatientes bomberiles numeroso, bien equipado y muy bien preparado para atender situaciones como la que se están presentando fuera del territorio de las 45 comunidades nativas que forman parte de la organización indígena.

Saludo este esfuerzo desde las propias bases de la sociedad bosquecina que nos señala el camino a seguir: los incendios serán cada vez más intensos en sus territorios, sabemos que las consecuencias del cambio climático y la deforestación, entre otras desgracias, van a ser durísimas con el bioma amazónico, ese bien común que solo podremos salvar con previsión, desde las propias comunidades, con apoyo del Estado y replicando los ejemplos exitosos como estos que nos proponen los impulsores de la iniciativa PAAMARI. En medio de la oscuridad, qué bueno poder decirlo, siempre brillan las lucecitas que nos van indicando por donde debemos caminar.

Les dejo la historia de esta valiente: Miriam Yaquelin Ríos Chiricente, joven brigadista de la estrategia PAAMARI que ejecuta la Central Asháninka del Río Ene (CARE), ella y sus compañeros están exponiendo su vida en defensa de la vida de los pobladores asháninkas de Cutivireni que siguen atrapados entre las enormes lenguas de fuego en la Selva Central.


Tomado de Inforegión

En medio de un incendio forestal de nivel 4 que ha arrasado más de 1300 hectáreas de selva en Junín, las mujeres indígenas rompen barreras en las brigadas comunales para defender su territorio ancestral, exigiendo herramientas dignas y auxilio inmediato para los damnificados.

La selva de la cuenca del río Ene arde bajo el avance de un incendio forestal catalogado en nivel 4 que comenzó el pasado 4 de octubre en la comunidad nativa de Cutivireni, distrito de Río Tambo (Satipo, Junín). Con más de 1300 hectáreas de bosque reducidas a cenizas y la amenaza constante de que las llamas alcancen el anexo de Pamaquiari y zonas aledañas como Boca Tiveni, la primera barrera de contención la conforman los propios habitantes asháninkas. Entre ellos destaca la voz y el temple de Miriam Yaquelin Ríos Chiricente. Ellas es una joven líder que forma parte del grupo de mujeres que han asumido la labor de brigadistas forestales para salvar su territorio.

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El drama del combate cara a cara con el fuego

Para Miriam, la experiencia de enfrentarse directamente al fuego fue tan desesperante como dolorosa. Según relata, la emergencia se desató luego de que una quema en una chacra no fuera debidamente controlada ni escuchadas las advertencias comunitarias, saliéndose de las manos hasta convertirse en una tormenta de fuego.

«Me desesperé al ver todo este incendio. Los animales no deberían quemarse ni morir así», lamenta Miriam. Para evitar que el fuego continuara propagándose hacia áreas seguras, las brigadas trabajaron intensamente abriendo líneas de defensa y control: «Primero hacemos la limpieza abajo y cortamos el combustible vegetal de arriba para que no pase el incendio».

Sin embargo, el esfuerzo físico y emocional estuvo al límite. Con jornadas extenuantes que demandaron caminatas de cuatro horas monte adentro, ráfagas de viento traicioneras y humo denso, los combatientes quedaron expuestos a la asfixia.

«Hicimos la línea de control, pero vino un viento fuerte y nos asfixió; nos faltó respiración y lentes para el humo», explica la brigadista.

Advierte, también, que la falta de equipamiento adecuado complica las labores. Incluso herramientas básicas fallaron en pleno combate.

Brigadistas comunitarios de la Estrategia de Manejo Integrado del Fuego PAAMARI de la Central Asháninka del Río Ene (CARE). (Foto: Difusión)

Liderazgo femenino en la defensa del bosque

Miriam forma parte de los brigadistas comunitarios vinculados a la Estrategia PAAMARI de Manejo Integrado del Fuego, cuyo nombre proviene de un vocablo asháninka que significa “fuego”. Impulsada por la Central Asháninka del Río Ene (CARE), junto con aliados como Cool Earth Latam, esta iniciativa combina los conocimientos tradicionales del pueblo asháninka sobre el uso cultural del fuego con herramientas tecnológicas como el Sistema de Alerta Temprana Satelital (SAT-CARE), GPS y drones. Como parte de su preparación, Miriam ha recibido capacitaciones a cargo de la Intendencia Nacional de Bomberos del Perú (INBP), que fortalecen sus capacidades para responder ante incendios forestales.

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Su vocación nació al ver a otros compañeros entrenarse en la Escuela CARE, descubriendo en las quemas controladas una herramienta vital de prevención comunitaria. No obstante, Miriam subraya la urgencia de abrir más espacios para las mujeres de su pueblo. «En todas las comunidades casi puros varones participan. Nosotras somos solo cuatro mujeres brigadistas; deberían entrar más mujeres y recibir más capacitaciones y equipos de protección personal».

Un clamor urgente por víveres, equipos y reconstrucción

Pese a los esfuerzos conjuntos, donde el Gobierno Regional de Junín ha movilizado helicópteros y personal especializado, sumando a más de 70 u 80 combatientes en terreno, la magnitud del fuego desbordó la capacidad de respuesta inicial. Las cuadrillas de primera línea han tenido que combatir el siniestro en condiciones precarias, con demoras en la llegada de alimentos y agua mineral debido a las grandes distancias geográficas.

Ante este escenario, la Central Asháninka del Río Ene (CARE) emitió un pronunciamiento de auxilio al Gobierno Regional y al Ejecutivo pidiendo víveres, herramientas de calidad y refuerzos urgentes para no permitir que la emergencia escale a nivel 4.

Para Miriam Ríos y las familias de Cutivireni, la batalla no termina cuando se sofocan las brasas. El impacto en los medios de vida es devastador: se han perdido chacras, viviendas y fauna silvestre que tardarán al menos cinco años en recuperarse. «Pido más apoyo para quienes perdieron sus casas: ollas, ropa, platos. Todo es muy caro para las familias. Necesitamos víveres ahora, pero también ayuda para volver a sembrar nuestras plantaciones», concluye la defensora ambiental. El bosque no es solo un recurso natural, sino el hogar que su pueblo protege con sus propias manos.

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