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Briggite Bardot, militante «animalista» y figura pública del mundo que vamos dejando atrás

Mi opinión

Fue, hasta 1973, cuando decidió sorpresivamente dejar de lado su meteórica carrera en el celuloide para dedicarse a defender la vida de las focas abandonadas a su suerte y la de otros mamíferos igual de acosados por el hombre, la mujer más codiciada del planeta. La femme fatale capaz de enfrentarse, como una Venus despejada de prejuicios, a una sociedad pacata empecinada en no querer aceptar la exposición del cuerpo femenino tal como lo imaginamos en nuestros más acalorados sueños. Incandescente diosa rubia y sex-simbol para varias generaciones de terrícolas, Brigitte Bardot fue demonizada en los sesenta por la misma tribu a la que le rindió pleitesía en su venerable madurez y ancianidad. Ahora que ya no está, que partió a la eternidad, donde por cierto ya habitaba desde su glamorosa aparición en ‘Y Dios… creó a la mujer’, el buenismo ha activado sus furias contra la mujer de carne y hueso que abrazó la causa de los Le Pen, padre e hija, y se adhirió a la ultraderecha más brava que nunca. En este portal no nos vamos a sumar a la turbamulta enardecida que quiere enviar a la hoguera a la beldad parisina por sus opiniones políticas, por su tirria al islamismo y la migración. No, aquí la vamos a recordar como un ícono de su tiempo, una belleza no tan efímera que fue admirada en su momento por Marguerite Duras, Simone de Beauvoir, Jean-Luc Godard y François Truffaut que a sus 39 rutilantes años hizo un giro para convertirse en la precoz abanderada de la causa animalista, esa forma tan civilizada que tenemos los habitantes de Gaia de mostrar nuestro repudio a la barbarie humana en contra de la naturaleza. Buen retorno a la tierra, BB.


Tomado de El Mundo de España / Carlos Fresneda

«He dedicado mi juventud y mi belleza a los hombres, voy a dedicar mi sabiduría y mi experiencia a los animales…». Con esa declaración de intenciones, con 39 años y 47 películas a sus espaldas, Brigitte Bardot dio volantazo a su vida en 1973 y decidió consagrar su vida a «evitar el sufrimiento de los animales».

Su militancia venía de antes, cuando en 1962 (el año en que rodó Una vida privada y El reposo del guerrero) elevó por primera vez su voz en público contra «los horrores de los mataderos franceses», denunciado que las reses eran sacrificadas sin aturdimiento y con prácticas de maltrato animal. Fue su primera campaña por el bienestar animal a los 28 años, cuando su imagen de sex-symbol rivalizaba aún con esa rebeldía incipiente que le llevó tiempo después a ejercer como portavoz de la Sociedad para la Prevención de la Crueldad de los Animales (SPA).

Cuando BB decidió repentinamente decir adiós al cine en 1973, tras los rodajes de Si don Juan fuera mujer y La muy buena y alegre historia de Colinot Trousse Chemise, su rostro estaba ya públicamente asociado a la causa animalista. Tres años después hizo causa común con el activista galés Brian Davies y juntos lanzaron la campaña contra la caza de focas de la Fundación Internacional para el Bienestar Animal (IFAW).

La actriz, en la película 'Crazy for love', de1952.

Bardot condenó públicamente los métodos empleados por los cazadores inuit en la región del Ártico, que atacaban a las crías de foca polar a las pocos días de vida y las despojaban de su pieles estando aún conscientes. La ya ex actriz encabezó varias manifestaciones ante la embajada de Noruega y en marzo de 1977 logró que el presidente Valéry Giscard dEstaing prohibiera la importación de pieles de foca en Francia.

Ese mismo año, con el aura de icono del cine francés que le acompañó durante décadas, rompió fronteras con su campaña contra Canadá por el tráfico de pieles de crías de foca. El ecologista suizo Franz Weber y el activista y documentalista francés Allain Bougrain-Dubourg fueron su grandes aliados en la causa, con las imágenes de BB junto a un bebé foca que despertó las conciencias y dio la vuelta al mundo.

«No he venido a Canadá a hacer turismo o a ser fotografiada como el Festival de Cannes», proclamó Brigitte Bardot. «Estamos aquí para encontrar una solución al problema a nivel mundial. Aunque la caza de focas se ha efectuado durante más de 300 años, las tradiciones están cambiando y solo los tontos no cambian de opinión. Las focas están en peligro de extinción».

Su dedicación a la causa fue a más y en 1986 decidió crear en Saint-Tropez la Fundación Brigitte Bardot (FBB), que dos años después traslada a París y logra el reconocimiento como «organización de utilidad pública», tras el impacto de la serie de 13 episodios S.O.S. Animales presentada por la propia ex actriz.

Brigitte Bardot
La actriz francesa y activista por los derechos de los animales, Brigitte Bardot, en 1989.AFP

La FBB se convirtió en el gran referente en Francia contra la crueldad de los animales y extendió sus redes con grupos en más de 70 países, con 75.000 donantes, una plantilla de un centenar de trabajadores y medio millar de investigadores. La protección de las focas y de los animales marinos, las cacerías, el cautiverio, la cría y el sacrificio de animales para el consumo humano, los espectáculos con animales, el tráfico de animales salvajes o el abandono de las mascotas han sido algunos de los temas bandera la fundación.

En los últimos años, la fundación se destacó por su labor en el «rescate» de animales, con su red de «refugios» en la geografía francesa donde han acogido a más de 11.000 macotas. Bardot encabezó de hecho en enero una popular campaña que reunió más 170.000 firmas en Change.org, Sauvons Rillete!, para salvar de la eutanasia a una jabalina «domesticada» como mascota en Chaource, a 200 kilómetros de París: «Este pequeño animal es inocente y tiene el derecho a vivir: la eutanasia es un crimen y estamos gobernados por asesinos».

Desde el verano pasado, y pese a sus problemas de salud, ractivó su campaña contra las monterías y declaró en una entrevista al canal BFMTV: «Para ganar mi último combate, le he enviado un sonotone a Emmanuel Macron, que parece estar sordo (…) Las monterías son algo atroz, con la persecución de animales con perros de caza. Llevo décadas pidiendo la abolición de esta práctica cruel e inhumana».

El comercio de la carne equina fue de hecho otro de sus últimos caballos de batalla de Brigitte Bardot, que hizo pensar a sus compatriotas sobre el impacto del consumo de carne. Pese a su militancia pública y notoria a favor de los animales, Bardot experimentó un nuevo viraje en el ocaso de su vida, esta vez hacia posiciones de extrema derecha tras su cuarto matrimonio con Bernard Dormale, ex asesor de Jean-Marie Le Pen. En las elecciones presidenciales del 2012 y del 2017 pidió de hecho el voto para Marine Le Pen, a quien llegó llamar «la Juana de Arco del siglo XXI».

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