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El Bufadero no se negocia. Glosas a un artículo de Alfonso Miranda Eyzaguirre

Por Guillermo Reaño para Notas de viaje

La mañana entera la he pasado hablando con los asistentes al XII Congreso Peruano de Turismo aquí en Huaraz, donde escribo estas notas, sobre la importancia del cuidado de los bienes comunes en estos tiempos de «hágase lo que se quiera» y abajo los consensos, sobre el caso de El Bufadero, el cerro tutelar de los sambartolinos que ha sido sometido, urbi et orbi, primero, a una lotización escandalosa y, hace unos días, al inicio de unas obras constructivas que podrían significar su inminente destrucción. Sé que la abogada Andrea Domínguez, de la Clínica Jurídica Ambiental de la Pontificia Universidad Católica del Perú y una de las tantas personas que se han coaligado para defender el patrimonio cultural y ambiental del tradicional distrito limeño, ha hecho lo mismo en un coloquio de derecho ambiental en Uruguay.

Es que lo que ha ocurrido en San Bartolo es de una insensatez subida de tono, como se consigna con muchísima claridad en la columna de opinión publicada en el diario Expreso que firma Alfonso Miranda Eyzaguirre, empresario de reconocida trayectoria, ex viceministro de Pesquería y presidente de la Comisión de Pesca y Acuicultura de la Sociedad Nacional de Industrias. No voy a insistir en dar más argumentos que los que señala el articulista; solo me voy a remitir a lo siguiente:

La nota en El Bufadero de San Bartolo no se negocia

Quienes vivimos en San Bartolo sabemos que la vida en común y el turismo en nuestro distrito —el convencional, el deportivo, el recreacional, por supuesto que también el gastronómico y el de naturaleza— se articulan completamente con el paisaje y con los bienes patrimoniales de una localidad que ha sido poblada desde hace, por lo menos, 3,500 años. Dan fe de ello la presencia en la narrativa de los vecinos del distrito de la Venus de Curayacu, la pieza en terracota encontrada al frente del Cerro La Cruz-El Bufadero en 1956 por el profesor Frédéric Engel, que algunos investigadores asocian a los antiguos rituales de fertilidad propios del mundo andino y a las influencias tempranas de la tradición Chavín.

Ambos cerros, ambos promontorios rocosos —el del Cerro La Ermita, donde se halló la Venus que se exhibe en el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú, y el del Cerro La Cruz-El Bufadero—, son parte de una misma dualidad arquetípica: con seguridad las piezas más resaltantes del mundo-otro que infinitas generaciones de pescadores, marisqueros y hombres de las orillas marinas de Santa María del Mar, San Bartolo y Punta Negra construyeron y reconstruyeron mientras espectaban el morir del océano contra los roqueríos y las peñas del litoral, dándose tiempo para reverenciar el bufido y los espumarajos que brotaban del inframundo del macizo que se ha querido desguazar en nombre de la ligereza y la frivolidad.

Que se haya detenido la obra que el municipio de San Bartolo autorizó sin respetar los procedimientos que exigen el sentido común y el buen proceder administrativo es lo que los vecinos veníamos exigiendo desde que empezó el martilleo sobre las rocas del sector sur de El Bufadero a inicios de setiembre pasado. Que la nueva administración edilicia y los órganos encargados de velar por el patrimonio natural y cultural desde el propio Estado nos acompañen a terminar de patrimonializar el cerro El Bufadero —y también el de La Ermita— y encontrar de consuno el estatus de protección para nuestras dos bahías es lo que vamos a exigir con los informes técnicos que se están produciendo y la fuerza de la gente. Luego nos volveremos a agrupar para restaurar lo que se destruyó y convertir El Bufadero en su conjunto en un monumento —un santuario— dedicado a celebrar el mar nuestro y saludar la presencia en sus contornos de los que desde el inicio de los tiempos los venimos contemplando y cuidando. Sería lo justo.

Buen viaje.

Maravillosa fotografía de Evelyn Merino Reyna, vecina de San Bartolo. El Cerro El Bufadero es el macizo que integra y le da vida al distrito. A través de oscuros manejos edilicios se ha lotizado el cerro y sus contornos para venderlos a particulares.

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