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Marcelina Angulo y la resistencia en el Alto Nanay, un artículo de Iván Brehaut

Mi opinión

Como tantas otras mujeres coraje de nuestro país, Marcelina Angulo Chota, lideresa de la comunidad campesina Los Seis Hermanos de Pintuyacu, en Loreto, presidenta, además, del comité de gestión del ACR Alto Nanay Pintuyacu Chambira, ha sabido desafiar las adversidades que sufre su pueblo desde la organización comunitaria. A los 19 años ya era una combativa dirigente local y ahora, que frisa los 41, es sin duda una de las principales vigilantes y defensoras ambientales de su región.

Nada parece arredrar a esta vigorosa mujer cuando se trata de la defensa de la intangibilidad del área de conservación que se ha convertido en una ilusión compartida con su gente. El ACR loretana, que se extiende por unas 954,000 hectáreas de sus bosques, provee, entre otros servicios ambientales, el agua que beben los 600 mil habitantes de Iquitos, la ciudad más poblada de las selvas del Perú.

Como lo hemos comentado por aquí, la minería ilegal ha tomado por asalto la cuenca del río Nanay, esparciendo sobre sus orillas y paisajes más notables un cáncer que está poniendo en jaque la vida de sus poblaciones… además de destruir los fecundos recursos de su envidiable biodiversidad.

Agregar solamente que en el 2025 un informe de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible, mencionado por Mongabay Latam, documentó la presencia de 688 dragas en 24 ríos y quebradas de la región Loreto.

Nosotros, un año antes, durante nuestra visita a la Reserva Nacional Allpahuayo-Mishana en el marco del Proyecto Guardianes, tuvimos noticias del ataque criminal sufrido por los guardaparques del Puesto de Vigilancia y Control Agua Negra, muy cerca a la ciudad de Iquitos, por parte de una gavilla de delincuentes, claramente vinculadas al accionar de la minería ilegal, que estuvieron a punto de asesinar a José Pizango, el más bravo de los servidores públicos del Sernanp en este punto del área.

De manera que volvemos a llamar la atención sobre la delicada situación de los defensores ambientales en esa zona de nuestro país, uno de ellos Marcelina Aguilar, la valientísima mujer coraje de Seis Hermanos. El excelente artículo del fogueado periodista Iván Brehaut, publicado recientemente por Servindi que les dejamos a continuación, da cuenta del trabajo de la aguerrida dirigente loretana y de lo atnto que nos queda por hacer para protegerla mientras apuramos las acciones que se necesitan para rescatar de las garras de la irracionalidad extractiva y la violencia a cada una de las cuencas que cayeron bajo el flagelo de la minería ilegal.


Iván Brehaut para Servindi

“Mientras el Estado ofrece promesas y medidas temporales, Marcelina Angulo y sus vigilantes comunales siguen camuflados entre los árboles, protegiendo con sus propios cuerpos las venas de agua de Loreto, sabiendo que si no son ellos quienes apagan el ruido de las dragas, podrían ser estas y sus dueños los que acallen sus reclamos y la esperanza de las comunidades del río Nanay”.

Marcelina vive en la comunidad campesina Seis Hermanos, ubicada en la cuenca del río Pintuyacu, a unas horas de viaje por río desde la ciudad de Iquitos. Marcelina es una de las mujeres y hombres que resguardan el Área de Conservación Regional Alto Nanay – Pintuyacu – Chambira (ACR ANPCH). Desde que tenía 19 años ha asumido cargos de liderazgo en su comunidad, desafiando las convenciones para demostrar que las mujeres son capaces de liderar la protección de sus territorios. Hoy, es la vicepresidenta del comité de gestión del área de conservación.

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Marcelina Angulo Chota vive en la comunidad campesina Seis Hermanos, anexo Saboya, en la cuenca del río Pintuyacu, en el distrito Alto Nanay, provincia Maynas, región Loreto. En su comunidad viven alrededor 400 familias, para tener una referencia Seis Hermanos se encuentra a dos días de Iquitos, por río. Fuente: Inforegión.

El ACR Alto Nanay Pintuyacu Chambira es hogar de más de 100 especies de mamíferos y 400 especies de aves dentro de un área que se extiende por unas 954,000 hectáreas de bosques. Sin embargo, el cuidado de los tres ríos, especialmente el Nanay, tiene un propósito claro y crítico: proteger las fuentes de agua esenciales para la ciudad de Iquitos, capital de Loreto y hogar de más de 600 mil personas. Iquitos sigue siendo la ciudad sin carreteras más grande del mundo.

Con un patrimonio tan valioso sobre sus hombros, la labor de Marcelina Angulo y los grupos de vigilancia no se limita a reuniones en oficinas gubernamentales. Marcelina lidera un grupo de 68 vigilantes comunales, 46 de ellos reconocidos formalmente como defensores de derechos humanos. Su trabajo es frontal y arriesgado, pues organizan patrullajes e intervenciones contra las embarcaciones que transportan combustible de contrabando y suministros para los mineros ilegales, peruanos y extranjeros, que sirven todos a un solo amo: el poderoso grupo colombiano “Comandos de la Frontera”.

Los Comandos de la Frontera, desafiando la soberanía nacional peruana, han cruzado ya hace años desde su natal Colombia y ahora extienden sus operaciones criminales por un área cada vez mayor de Loreto, imponiendo un orden criminal que apenas está siendo reconocido por las autoridades peruanas.

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Amenazas en la noche y disparos en el río

La rutina de resistencia que lidera Marcelina es extenuante. Los grupos, conformados por diez vigilantes, patrullan la zona en turnos de 15 días, navegando en pequeños botes conocidos como pequepeques. Lo hacen sin las condiciones mínimas de seguridad. “A la intemperie. No tenemos un centro de vigilancia”, relata Angulo, describiendo cómo deben cocinar y descansar al aire libre, armados con binoculares y silbatos para alertar a las autoridades cuando detectan la presencia de los invasores.

El daño que los mineros infligen a los ríos es palpable y se siente en los cuerpos de los habitantes. Las dragas extraen el fondo del río y procesan el material en rampas donde vierten mercurio para separar el oro, arrojando luego los restos tóxicos directamente al agua. Algunos de los efectos del mercurio son inmediatos en las comunidades que dependen del río para beber y pescar.

Marcelina cuenta que este envenenamiento “sobre todo a los niños y a la tercera edad les provoca dolores intensos y diarrea”. Un reciente estudio del Centro de Innovación Científica Amazónica (CINCIA) encontró que 45% de los niños y 37% de las mujeres en edad reproductiva evaluados presentaron concentraciones de mercurio asociadas a un riesgo alto para la salud.

Desafiar a economías ilícitas altamente lucrativas tiene un precio, y Marcelina vive bajo un constante asedio. Aunque forma parte del mecanismo intersectorial del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos para defensores en riesgo, las garantías sobre el terreno son prácticamente nulas. Desde 2019 ha reportado hostigamientos, pero la violencia ha escalado dramáticamente.

Los hermanos Denis, José y Frank Pizango Magallanes, guardaparques en el río Nanay protegen con denuedo el futuro del planeta en una región cercada por las ilegalidades y la violencia que genera la minería ilegal. Ellos, Marcelina Aguilar y cientos de vigilantes ambientales merecen la atención de la ciudadanía y la protección del Estado. Foto Gabriel Herrera / Viajeros.

Los mineros ilegales han recurrido a la intimidación directa, con mensajes de texto y audios de WhatsApp a altas horas de la madrugada, exigiéndole que los deje operar a cambio de dinero, y amenazando su vida y la de su familia. Sin embargo, el peligro ha traspasado las pantallas de los teléfonos. En una de las intervenciones a los mineros ilegales, un foráneo intentó sacar un revólver contra ella. «Un vigilante vio a uno de los mineros sacar un revólver y de un golpe lanzó el arma al agua», relató una fuente reservada.

Los ataques con armas de fuego son una realidad frecuente. Marcelina lo describe con crudeza: “Hace casi unos meses nos han disparado. Venían despacito (en una embarcación), preparándose, al parecer borrachos nos gritaban, y dispararon una, dos, tres, cuatro veces. Los vigilantes corrieron a esconderse, al suelo se tumbaron”. El mensaje de las mafias es claro y aterrador: “Tu cabeza queremos porque tú eres la que los mueve, te voy a dar donde más te duele”.

Más info en GUARDIANES. José Pizango, guadaparque de la RN Allpahuayo-Mishana

Parte de este drama es que muchos de los que trabajan en la minería ilegal y que atacan a los vigilantes como Marcelina, son pobladores de la misma cuenca del Nanay. Gente que hace 20 años peleó por mantener el río sin contaminación petrolera y que hoy se ha entregado a un delito que amenaza, que mata y que envenena.

A pesar del riesgo inminente, Marcelina Angulo no ha cesado en su activismo. Ha viajado a Lima junto a otros defensores para exigir al Congreso y al Ministerio del Ambiente la erradicación de la minería ilegal de los ríos amazónicos. Hay victorias, pero estas quedan en el papel. «No nos dan ninguna seguridad, la realidad es que los mineros siguen ahí…», afirma.

Mientras el Estado ofrece promesas y medidas temporales, Marcelina Angulo y sus vigilantes comunales siguen camuflados entre los árboles, protegiendo con sus propios cuerpos las venas de agua de Loreto, sabiendo que si no son ellos quienes apagan el ruido de las dragas, podrían ser estas y sus dueños los que acallen sus reclamos y la esperanza de las comunidades del río Nanay.

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