Solo Para Viajeros

Carolina Butrich, apasionada de las olas y del esplendor de la naturaleza…

Mi opinión

Carolina Butrich, conservacionista, madre de familia, soñadora, encontró en los destellos del océano que dormita en las orillas de la bahía de Paracas el antídoto perfecto para vencer el desánimo y la sinrazón que han hecho que muchos, que tantos, se nieguen a buscar las soluciones que le permitan a nuestra especie enfrentar con éxito las calamidades ambientales que nos asfixian. Ese mar poblado desde tiempos ignotos por jinetes montados sobre la olas que a ella le tocó cabalgar es el mismo que la ingeniera ambiental formada en una universidad pública de Lima cuida con tanta diligencia y amor por el futuro. Caro es la invitada a la Bitácora de esta semana, qué orgullo, cuánta dicha…


⁠¿Qué olor te devuelve a la infancia?
El olor a algas al llegar a la bahía de Paracas que me devuelve a esos fines de semana de windsurf cuando era chica y que tanto disfrutamos quienes amamos ese lugar.

¿Cuál fue tu primer viaje?
Mi primer recuerdo de viaje en familia es a Huaraz, cuando era muy pequeña. Pero los viajes que me cambiaron la vida fueron los que hacía casi todos los fines de semana a Paracas para entrenar windsurf, y luego a toda la costa del Perú buscando viento para navegar. Esos viajes son el pilar de mi conexión con la naturaleza, lo que me llevó a estudiar Ingeniería Ambiental y luego a dedicarme a la conservación.

⁠¿Costa, sierra o selva?
Mi constante siempre será el mar y sus olas. Pero vivir en Perú me permite tener el privilegio de combinar el mar con escapadas al desierto, las lomas, los bosques secos y las montañas, y también a los bosques de neblina, los bosques inundables y los bosques tropicales lluviosos.

¿Cuál es tu comida favorita?
La que me cocina todos los días @walterwustperu

Felizmente casada con el conservacionista y fotógrafo de la naturaleza Walter Wust, Carolina y su familia comparten sus días entre Lima, la selva central y Wakama, al sur de la capital. Cuando natura llama, que i hace a cada rato, el mundo sabe acogerlos en cualquier rincón donde vibra la vida.

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¿Un peruano que te llene de orgullo?
Mis diez años en Conservamos por Naturaleza, Iniciativa de la SPDA, me han regalado la suerte de conocer a muchísimas personas inspiradoras. Desde sus distintos rincones, todas están construyendo el Perú que queremos y necesitamos. Me llenan especialmente de orgullo quienes impulsan iniciativas de conservación voluntaria, porque demuestran que otra forma de vida es posible, de la mano con la naturaleza. Personas como K´erenda Zambrano del ACP K’erenda Homet, en Madre de Dios; Eduardo Jackson del ACP Bosque de Churumazú, en Pasco; Maribel Pacco, de la comunidad campesina de Pilco Grande y el ACP Bosque de Pumataqui, en Cusco; Susana Chang del ACP Bosques Secos de Amotape, en Tumbes; Julieta La Torre del ACP Lomas de Atiquipa, en Arequipa; Javier Velásquez del ACP Bosque de Huayo en Loreto, entre muchas más.

¿Qué ave propondrías como ave símbolo del Perú?
El colibrí cola de espátula (Loddigesia mirabilis), una joya endémica del Perú que habita principalmente en el valle del río Utcubamba, en Amazonas. Su hábitat está seriamente amenazado. Desde Conservamos por Naturaleza, junto con LANDES y las comunidades locales, impulsamos una estrategia para restaurar zonas degradadas, reconectar sus bosques y asegurar que esta especie siga volando por muchas generaciones más.

⁠⁠¿Y qué flor?
Me cuesta elegir, pero sería alguna de las innumerables orquídeas que florecen en el Perú.

⁠ ¿Un libro de viajes o aventura?
Pregunta difícil, porque leer es una de mis grandes pasiones. Elijo primero «La invención de la naturaleza», de Andrea Wulf, un libro que narra la vida de Alexander von Humboldt, el naturalista que revolucionó nuestra manera de entender el mundo natural. Otro de mis favoritos es «Tropical Nature», de Adrian Forsyth, que explora la extraordinaria diversidad de los bosques tropicales. Si nos vamos al mar, recomiendo «Deep», de James Nestor, un viaje a las profundidades del océano y a nuestra relación con él, entre la aventura y la ciencia. Y por mi pasión por las olas, «Barbarian Day», de William Finnegan. Finnegan recorre olas y culturas de todo el mundo para reflexionar sobre la obsesión por surfear, la libertad, el paso del tiempo y la búsqueda de una vida dedicada a aquello que nos apasiona.

⁠¿Tu escritor favorito?
Ficción Latinoamericana: Gabriel García Márquez. A nivel global un autor que me encanta es Milan Kundera. Leo mucho también no-ficción.

¿Qué te hace sentir orgullosa de nuestro país?
Su diversidad: de paisajes, de geografía, de culturas, de sabores y de vida. Soy una eterna enamorada del Perú.

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Lo que empezó como un divertimento de ocasión, se convirtió para Caro en un modo de estar en contacto permanente con la naturaleza y sus sortilegios. Campeona mundial de windsurf y amante de la tabla hawaiiana, nuestra invitada de esta semana ha hecho del mar, su morada…

¿Qué personaje te haría cambiar de acera (para abrazarlo)?
David Attenborough. Lleva casi setenta años contándonos el planeta con una mezcla única de asombro, rigor y ternura. Ha logrado que millones de personas se enamoren de la naturaleza, y que entiendan la importancia de su conservación. Pocas voces han hecho tanto por conectar a las personas con la naturaleza.

⁠¿Un lugar del Perú o del mundo para vivir el resto de tu vida?
Tengo el privilegio de haber construido la combinación perfecta entre tres lugares. El primero es Lima, mi base de operaciones: una ciudad caótica, sí, pero que me permite surfear todos los días del año, moverme a pie o en bicicleta y estar cerca de las personas que quiero. Luego está Tunkipampa, nuestro pequeño paraíso en el bosque de nubes de la selva central, en la ruta entre Oxapampa y Pozuzo, junto al Parque Nacional Yanachaga Chemillén. Y finalmente Wakama, nuestro lugar feliz frente al mar.

⁠¿Una canción?
Uy, qué difícil. En inglés, I Dare You, de The xx, una de mis bandas favoritas. Este año la he escuchado muchísimo, después de verlos en un festival tras ocho años sin tocar juntos. En español, Quimera, de Jorge Drexler y sus frases como “soy un catador de auroras” con las que me identifico demasiado – el amanecer es mi momento favorito del día.

⁠¿Qué es lo que nunca falta en tu equipaje?
Un libro. ⁠

¿Un viaje soñado?
Recorrer en un velero las islas de la Polinesia Francesa.

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La lectura es otra de sus pasiones recurrentes. Antes de cerrar la maleta, la deportista que no ha dejado de ser y la conservacionista en plena acción se toman siempre el tiempo necesario para elegir el libro que la acompañará a donde vaya.

¿Cuál es el objeto que más valoras?
Mi Kindle, mis tablas para practicar los deportes que amo y mi bicicleta, el mejor medio de transporte que existe.

⁠¿Una ruta o destino que recomiendas?
La quebrada Paujil, en el Parque Nacional Yanachaga Chemillén.

⁠¿En dónde queda el paraíso?
En Tunkipampa. Después de recorrer tantos rincones maravillosos del Perú, fue el lugar que elegimos para construir nuestro sueño. En el corazón del bosque nublado de la selva de montaña, es nuestro refugio para desconectarnos del ruido, reconectar con la naturaleza y enseñarles a nuestros hijos, desde pequeños, a convivir con ella. Y es también nuestro paraíso porque podemos compartirlo con las personas que queremos, y mostrarles un poquito de por qué amamos tanto este país maravilloso. 

Carolina Butrich Schwartzmann (Lima, 1989), pasión por el mar, defensora del planeta que queremos…

Carolina Butrich es una viajera empedernida y una eterna enamorada del Perú. La recordamos recorriendo las rutas más agrestes de nuestro territorio para el programa de TV «2 en Ruta». Ingeniera ambiental por la Universidad Nacional Agraria La Molina y deportista cien por ciento —Caro fue campeona mundial de windsurf en el 2010—, la actual directora de la iniciativa Conservamos por Naturaleza de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA) es una de nuestras conservacionistas más notables y experimentadas.

A ella y a los equipos en los que participó y dirigió le debemos, entre otras cosas, la elaboración y posterior promulgación de la histórica Ley de Rompientes de nuestro país, el marco jurídico que ha logrado proteger legalmente cerca de medio centenar de rompientes a lo largo de la costa peruana, garantizando que ninguna obra de infraestructura —o capricho particular— altere la forma de la ola, la calidad del agua o el libre acceso de los deportistas.

Su compromiso con la protección de los espacios naturales del país la hizo merecedora del prestigioso Premio para la Conservación Carlos Ponce del Prado en su edición 2019, en la categoría de Joven Conservacionista Destacada. Un reconocimiento que sella una trayectoria donde la ciencia, la pasión por el deporte y el activismo ciudadano se convierten en una sola causa: defender la vida silvestre y los paisajes que definen nuestra identidad.

Casada con el fotógrafo de la naturaleza Walter Wust, Carolina divide hoy sus días entre su base de Lima y las olas de la Costa Verde, el refugio marino de Wakama, en Chincha, una ecoplaya sensacional y Tunkipampa, su paraíso personal en el bosque nublado de la cordillera de Yanachaga. Es en esos rincones de extraordinaria belleza donde la familia encuentra el espacio para desconectarse del ruido, reconectar con la tierra y enseñarles a sus dos niños, con el ejemplo diario, el valor incalculable de convivir en armonía con la naturaleza. Es una trome, una mujer coraje de verdad…

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