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El mar es su destino: Anahí Morcos encontró el paraíso en Paracas…

Mi opinión

En Paracas el viento que sopla sin azoro desde el inicio de los tiempos susurra melodías que no todos suelen escuchar. Anahí, la joya más preciosa de Amín Morcos, el legendario fundador de la acuicultura sostenible en nuestro país, lo sabe: desde que sus pies y sus impulsos se posaron sobre la arena de sus playas, las notas que compone la naturaleza abrigan sus pasos y sus quimeras. Para Anahí Morcos, la propietaria de una porción del paraíso en la bahía infinita que poblaron desde antaño los gentiles, el universo entero cabe en una gota del rocío que nos envía el gigantesco océano. La hija de Amín encontró el paraíso en Paracas…


¿Qué olor te devuelve a la infancia?
Soy mucho de identificar olores, pero lo que más me devuelve a mi infancia es, curiosamente, un sonido y una sensación: el sonido del viento y el solcito de la tarde cuando estás echado en la playa. Eso me transporta inmediatamente.

¿Cuál fue tu primer viaje?
El primero que recuerdo fue un campamento a la playa El Negro, con mis papás y un grupo de amigos suyos. Es uno de esos recuerdos de infancia que tengo muy grabados.

¿Costa, sierra o selva?
Me gustan las tres, cada una tiene su encanto, pero definitivamente, después de un tiempo, siempre me llama el mar.

Anahí Morcos Rabitsch, emprendedora, gestora ambiental, promotora del ecoturismo y defensora del territorio Paracas.

¿Cuál es tu comida favorita?
Me gusta casi de todo, pero no me puedo resistir a un buen puré de papas con asado.

¿Un peruano que te llene de orgullo?
Me cuesta elegir a uno. Admiro a muchas personas que no son necesariamente conocidas. Creo que en el Perú hay muchísima gente haciendo cosas admirables desde su propio lugar, muchas veces sin que nadie las conozca.

¿Qué ave propondrías como ave símbolo del Perú?
El pingüino de Humboldt. Me gusta lo que representa: vive en una costa desértica, en un ecosistema muy particular y vulnerable, y ha sabido adaptarse a condiciones difíciles. Me parece que esa capacidad de adaptación y resiliencia representa muy bien a los peruanos.

Anahí promueve un modelo de turismo regenerativo en Paracas fuera del circuito masivo tradicional, rescatando valores de sostenibilidad, observación de aves, deportes náuticos y difusión de la riqueza histórica y natural de la costa iqueña. Ah, también es una promotora de la gastronomía elaborada con productos locales.

¿Y qué flor?
La flor del huarango. El huarango es capaz de vivir en uno de los ambientes más áridos del mundo y aun así florecer. Me parece una imagen preciosa de resistencia y adaptación.

¿Un libro de viajes o aventura?
«El Perú de costa a costa» y «Río Huarango». Los dos me gustan porque invitan a mirar el territorio de otra manera, no solo como un lugar por recorrer, sino como algo que hay que aprender a observar y entender.
¿Tu escritor favorito?
No tengo uno. Soy más de libros que de autores.

¿Qué te hace sentir orgullosa de nuestro país?
El Perú tiene una riqueza natural y cultural enorme que me llena de orgullo, pero creo que finalmente son las personas que hacen las cosas con convicción, conciencia y respeto las que hacen más grande al país. Encontrarme con gente así, muchas veces haciendo cosas extraordinarias en lugares muy sencillos, me llena el corazón.

Amín Morcos, ingeniero pesquero, fundó en la década de 1980 el primer criadero de conchas de abanico (Argopecten purpuratus) en la bahía de Paracas, Ica. En la foto, los dos Morcos, padre e hija.

¿Qué personaje te haría cambiar de acera?
Las personas que solo piensan en sí mismas. No me gusta la envidia y me cuesta entender a quien no cree en la vida en comunidad, en apoyarnos y crecer también haciendo crecer a los demás.

¿Un lugar del Perú o del mundo para vivir el resto de tu vida?
Cerca del mar. No sé exactamente dónde, pero definitivamente cerca del mar.

¿Una canción
This Must Be the Place (Naive Melody), de Talking Heads.

¿Qué es lo que nunca falta en tu equipaje?
Bloqueador, lentes de sol, botella de agua reutilizable y una linterna. Siempre.

¿Un viaje soñado?
Tengo varios. Siento que todavía me faltan muchos lugares por conocer y, la verdad, me encanta pensar que todavía quedan tantos por descubrir.

¿Cuál es el objeto que más valoras?
Tengo varios objetos con mucho valor sentimental, especialmente algunos que me recuerdan a mis papás. Pero si tuviera que elegir uno, sería una concha Spondylus que mi esposo me regaló en mi cumpleaños.

Azul, Anahí, Annika y Lucho, la tribu en pleno.

¿Una ruta o destino que recomiendas?
Pisco y Paracas, pero más allá de las rutas habituales. Hay muchísimo por descubrir: bodegas de pisco, viñedos con uvas patrimoniales y cultivos orgánicos, oasis en medio del desierto, dunas maravillosas y mucha historia. Pisco fue escenario de la llegada de la Expedición Libertadora y está profundamente ligado al nacimiento de nuestra bandera; también están lugares como Tambo Colorado y Montesierpe que nos llevan mucho más atrás en el tiempo. Y, por supuesto, está la Reserva Nacional de Paracas. Recomendaría recorrer todo este territorio con tiempo y curiosidad, saliendo un poco de los circuitos del turismo tradicional.

¿En dónde queda el paraíso?
En la playa donde vivo, en la bahía de Paracas.

Tras el fallecimiento de su padre en 2018, Anahí asumió el liderazgo de la concesión acuícola familiar ubicada en Playa Atenas, dentro de la Reserva Nacional de Paracas. Lejos de limitar el espacio a la producción tradicional, emprendió un proceso de transformación hacia el ecoturismo y la conservación ambiental. Junto a su esposo, el empresario turístico y viajero a tiempo completo Luis Vereau, ha consolidado Paraíso Paracas, una iniciativa que integra la producción limpia y artesanal de moluscos con el campamento responsable, la gastronomía de kilómetro cero y la promoción de un estilo de vida saludable al borde del mar. Hoy en día, Anahí Morcos representa una nueva generación de gestores ambientales que abogan por el turismo regenerativo y la protección de la biodiversidad marina, demostrando que es posible habitar la costa sin alterarla y continuar un legado familiar desde el respeto profundo por la naturaleza. Y Paraíso Paracas se consolida como un refugio donde la vida transcurre a otra velocidad: baja en huellas que trastocan el entorno natural y alta en vibraciones que energizan. En el ranchito de los Vereau Morcos (Anahí, Lucho, Annika y Azul) la vida transcurre a otra velocidad entre cultivos de conchas, un campamento heterodoxo  bajo las estrellas y una propuesta de vida sana al lado de las mareas que invitan al viajero a pausar el ruido, respirar hondo y recordar que la verdadera riqueza está en aprender a habitar el territorio con la convicción y la ternura que solo el mar enseña.
El Paraíso Paracas existe…
El ranchito de Anahí y Lucho Vereau en Paracas es el lugar ideal para postergar ad infinitum la tertulia y los sueños.
Anahí y Annika, la tradición y los mismos anhelos se perpetúan…

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