Solo Para Viajeros

La dificultad del fantasma / Leila Guerriero

A sangre fría fue una de las novelas que más  me impactó durante mi paso por la universidad, esa época tan definitiva en la que las lecturas juveniles, caseras, provenientes casi todas  de la biblioteca familiar, dejan de cumplir el cometido que tuvieron y se hace  imprescindible mirar para otro lado e ir en busca de nuevos derroteros. En mi caso, además, atento  estudiante de periodismo, toparse de lleno con la obra cumbre de Truman Capote, el  legendario escribidor del The New Yorker y Playboy definió el rumbo de mis inquietudes lectoras de entonces para convertirme por largo tiempo en un  encandilado adlátere del Nuevo periodismo, ese género bastante mayor de la literatura cuyos primeros capitostes, dicen, debieron ser Tom Wolfe y  Gay Talese, aunque para muchos, incluso para Leila Guerriero, la autora del libro que voy a comentar enseguida, el fundador de ese periodismo narrativo, contestatario y grandilocuente,  haya sido su compatriota  Roberto Walsh con Operación Masacre, un libro publicado en 1957 que hasta el día de hoy no logro conseguir. Ni he leído.

La dificultad del fantasma. Truman Capote en la Costa Brava el opúsculo que pueden encontrar en la colección Nuevos Cuadernos Anagrama contiene la crónica que escribiera Leila Guerriero luego de pasar un mes en la Residencia Literaria Finestres, en la Casa Sanià, una de las viviendas que alquiló Capote durante los meses que pasó en las playas de Cataluña tratando de encontrar los datos, las historias no contadas, que le permitieran describir  la insólita presencia del enfant terrible estadounidense en el verano del sesenta, pocos meses después de producido el crimen de la familia Clutter, en Holcomb, Kansas, el suceso que originó el viaje del  novelista que  seguía siendo un periodista inquieto al lugar de los hechos con la intención de escribir un reportaje que al final terminó siendo la novela de no ficción más brillante de todos los tiempos.  


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