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Manuel Calloquispe: La vida no vale nada en La Pampa

Mi opinión

Lo que pasa en La Pampa es francamente desolador e indignante A la degradación ambiental que viene produciendo la minería del oro ilegal se suma la barbarie que se ensaña contra la población atrapada entre tantos fuegos. Manuel Calloquispe Flores, periodista local fajado en mil batallas y GAbriel Arriarán, estudioso del tema social en ese departamento, acaban de publicar en Frontera Pirata un reportaje escalofriante que da cuenta del crimen de una mujer de 19 años y su hija de dos a manos de una gavilla de delincuentes que luego de violarla le dispararon un tiro en el abdomen. Una segunda muchacha que la acompañaba sufrió el mismo destino pero felizmente logró sobrevivir para denunciar a los facinerosos.

En La Pampa se está produciendo una guerra entre las bandas criminales que controlan el negocio ilícito y las rutas que conducen a los campamentos mineros. Una guerra que ha cobrado decenas de víctimas y que tiene en vilo a la población que vive y sobrevive en este fin del mundo, en esta «frontera pirata». Todo a vista y paciencia de las autoridades que no hacen mucho por resolver el problema y la complicidad de una opinión pública que no ata ni desata. Impresionante.

Como dice Gabriel: «A Madre de Dios no la están matando los precios del oro, ni la minería ilegal, ni siquiera la torva criminalidad de los Guardianes de la Trocha. Sin llegar a los niveles de la crueldad estalinista, y, seguro, con la probidad y la buena voluntad de muchos funcionarios del Estado, la desangran desde hace décadas unas medidas centralistas y absurdas, pontificadas desde un sillón en Lima por políticos que jamás se ensuciaron los zapatos, pero sí los bolsillos»


La zona de amortiguamiento de la Reserva Nacional del Tambopata es donde se concentran los campamentos y los operativos de interdicción de la minería ilegal en Madre de Dios. Los cuerpos de Yosabet Álvarez Huallpayunya y hija Estefany de dos años de edad, fueron hallados al otro lado de la Pampa, cerca a Sarayacu.

Eran las 10.50 del día lunes 17 de julio. El coronel Fernando Reátegui Lazarte, jefe de la región policial de Madre de Dios, recibe un mensaje en su celular. Esa mañana, yo estaba al lado del coronel, cubriendo un operativo de interdicción a la minería ilegal en la zona de la Pampa, a la altura del Km. 107 de la carretera Interoceánica. Reátegui me muestra un reporte policial acompañado de dos fotografías. El reporte indica que el día anterior Yosabet Álvarez Huallpayunca, de diecinueve años, y su hija Estéfany, de dos años de edad, fueron brutalmente asesinadas  en el camino de ingreso a Sarayacu, a varios  kilómetros de la zona donde Reátegui dirige el operativo policial. Los cuerpos habían sido abandonados al costado de la trocha de ingreso a la comunidad. El reporte registraba una tercera víctima: Anabel Ivana Quispe, que fue, como Yosabet, violada sexualmente y luego ejecutada de un balazo en la boca. Milagrosamente, Anabel seguía con vida. Ese día habíamos salido de madrugada, con unos 150 efectivos de la Policía Nacional, a sorprender a los mineros ilegales de la zona de Tierra Colorada, otro lugar, de los tantos, que existen en la Pampa. Ingresamos a trote desde la carretera Interoceánica, por una trocha de unos 3 kilómetros de largo. Los mineros habían desmontado los motores de las balsas y  los habían arrojado al agua. Hasta este lugar de más de 15 hectáreas desoladas por minería llega la señal del celular. Por eso es fácil que los mineros, al notar la presencia del contingente policial, alerten a los trabajadores. Por eso sólo se había encontrado tres motores funcionando, y otros cinco motores enterrados en el barro. El operativo había fracasado. El jefe de la región policial estaba molesto y, cuando leyó el mensaje en su celular, se amargó todavía más. “¿Cómo podrían matar a una niña, qué mal les podría hacer una niña?” le escuche decir, con furia. Reátegui ordenó quemar todos los campamentos y destruir todas las balsas e instrumentos de los mineros, y se apuró en salir de la zona del operativo.

LA PARTE DE LOS CRÍMENES

A mi retorno a la ciudad de Puerto Maldonado, recibí una llamada de mis contactos en la Pampa, vecinos de Sarayacu y Jayave. Me dijeron que me darían la información de la joven madre asesinada, y que la mostrara toda a la prensa. En Puerto pudimos encontrarnos en privado. En la División de Investigación Criminal (DEPEINCRI–MDD) de la Policía de Puerto Maldonado pude contrastar lo que me contaron, y en el Hospital de Santa Rosa, logré acceder al testimonio que Anabel contó tanto a los médicos como a la Policía. Esta es la historia. Yosabet Alvarez Huallpayunca era natural de Urubamba Cusco y madre de dos niñas: Melany, de cuatro años, y Estefany, de  dos años. Anabel Ivana Quispe era natural de Puno, y amiga de Yosabet. El domingo 16 de julio, aproximadamente a las 8 de la noche, Yosabet y Anabel habían sido interceptadas por dos sujetos armados en el Km. 108 de la carretera Interoceánica, en la zona de la Pampa, y conducidas junto con Estefany, la bebé de Yosabet, de dos años y ocho meses de edad, en motos lineales hasta el Km. 117, hasta la trocha de ingreso a la comunidad de Sarayacu. A cuatro kilómetros de la Interoceánica, a este lugar desolado al lado del puente Jayave, llegaron otros sujetos en motos Pulsar, totalizando nueve criminales. Durante el secuestro, el que dirigía a los demás asaltantes, apodado Alex, pidió a Anabel que se comunicara con el Venao, y le pidiera que se entregara. Como ella no asistió al requerimiento de los maleantes, Alex se enfureció, y le pidió a Anabel  que se desnudara y, junto con dos sujetos de la banda la violaron, la obligaron a lavarse sus partes íntimas en el río, y le dispararon en la cara. Luego se fueron a reclamar a Yosabet para que les entregue al Venao, pero ella dijo no saber nada, y por eso le dispararon al tórax y dispararon a su hija Estéfany en la cabeza. Dándolas por muertas a las tres féminas, los maleantes salieron del lugar.  En el Hospital de Santa Rosa, el Dr. Erick Jesús Gutiérrez atendió la emergencia de Anabel.

FOTO 4 - Anavel Ivana Quispe 19 anos, natural de Puno, amiga de Yosabet
Anabel Ivana Quispe 19 años, natural de Puno y amiga de Yosabet, ingresa herida al hospital de Santa Rosa. Ahora fuera de peligro, Anabel ha sido evacuada de Puerto Maldonado y tiene resguardo policial.

Según me contó el doctor, la bala que le dispararon a Anabel ingresó por la boca, le rompió los dientes y el hueso de la mandíbula inferior y se quedó alojada en el seno derecho, sin ingresar al tórax. Eso significa que la bala fue de arriba a abajo, y ligeramente de derecha a izquierda, que cuando el maleante le disparó a la cara, Anabel estaba de rodillas, su rostro muy cerca al arma. Sangrando,  haciéndose la muerta, esperó hasta que los criminales se fueran del lugar. Después de varias horas, sobre las once de la noche, salió a pedir auxilio. La Policía de Mazuko la condujo de emergencia hasta el Hospital Santa Rosa de Puerto Maldonado, donde quedó internada en la sala de observación, ya fuera de peligro. Fuentes policiales en el mismo hospital transmitieron que los asesinos se habían enterado que Anabel  aún estaba con vida, y que habían amenazado con entrar al hospital para matarla. Un policía armado le prestaba seguridad. La misma tarde del martes 18, la Policía trasladó a Anabel a otra ciudad, para proteger a la único testigo de este crimen.

LA PARTE DEL VENAO

Pareja de Anabel, el Venao es un criminal  señalado en una audiencia del Poder Judicial el pasado 6 de marzo, como el líder de la banda que la prensa, la Policía y el Ministerio Público denominaron Los Guardianes de la Trocha. Los propios miembros de la banda se hacen llamar Ronda Campesina “El Pueblo”, la misma que robaba, asesinaba y luego quemaba a sus víctimas para desaparecerlas en “el Quemadero”, cercano al camino de ingreso al campamento de Tierra Colorada.  Del Venado solo se conoce su apelativo. No se conoce su nombre, nadie en la Pampa quiere hablar del Venao. Fuentes que tengo en la Policía saben que este criminal dirige y controla los campamentos de la minería ilegal, vigila, protege y cobra cupos a los mineros, comerciantes informales y hasta los transportistas de las trochas. Además sería el autor de los más grandes asaltos en banda a los campamentos del Corredor Minero. El pasado 22 de febrero, cuatro de los miembros de su organización fueron atrapados en el Mega 11, un campamento de la minería ilegal en la zona de amortiguamiento de la Reserva Nacional del Tambopata, cuando una diligencia fiscal acompañada de varios oficiales de la Policía que se dirigían a rescatar a una víctima de trata de personas, se topó con ellos.

Hay una guerra de mafias por el control de la Pampa. La Policía, aunque desconoce la verdadera identidad de Alex, o del Venao, maneja al menos dos hipótesis. Presuntamente, Los Guardianes de la Trocha son una banda paramilitar proveniente del VRAEM que, al mando del Venao, fueron contratados por lo mineros ilegales de la Pampa para brindarles seguridad. El Venao habría traicionado a los mineros, comenzado a cobrarles cupos, y a emprender la limpieza de las otras bandas locales de delincuentes que operaban en la zona, entre ellas, la banda del tal Alex, que busca al Venao para matarlo. La otra hipótesis supone que la extensa banda del Venao, con al menos cuarenta integrantes, se habría escindido, y la facción de Alex se habría vuelto contra la del Venao.

LA PARTE DE LAS ABUELAS

La noche del martes 18 de julio volví a verme con mis contactos de la Pampa.  Ellos me llevaron hasta un familiar de Yosabet, Rafaela Roldán Cueva, su abuela. Rafaela tiene 68 años, dice que vende chicha y algunas verduras, vive sola en una vivienda, y no tiene a nadie. Había llegado un día después del crimen de su nieta y bisnieta, desde su natal Tarapata, Urubamba, Cusco, junto a la primera hija de Yosabet y hermana de Estefany, Melany, de cuatro años. Al acercarme, sentí lo mismo que sentía por mi madre. Un parecido por la forma cómo se vestía y cómo hablaba en quechua, con esa profunda tristeza en el alma. Qichwamanta rimashani, wiraqucha periodista, dice Rafaela, –solo en quechua nomás puedo hablar señor  periodista. Qichwamanta rimakuy, yashanim. Qichwamanta rimakuy mamitay –en quechua hablamos madre, yo se quechua, le respondí. Me contó que es madre de Nancy Huallpayunca Roldán de 36 años, y que Nancy es la madre de Yosabet. Entre mis cuadernos de notas periodísticas encontré que Nancy estaba en la cárcel de San Francisco de Asis de Puerto Maldonado. El 22 marzo pasado su vivienda en la Pampa había sido allanada por la Policía, y en ella se encontró cuatro armas de fuego, una cacerina y catorce celulares que pertenecían a Los Wachiturros de la Pampa, una banda que operaba en la zona y que, minutos antes de la intervención de los locales, se hallaba involucrada en un asalto a mano armada. Aquel día Nancy fue detenida junto a su hijo Isaac, hermano de Yosabet, de quince años de edad. A Isaac se le acusó de haber participado en varios asaltos. Rafaela confirmó que, a la fecha, Isaac está en el Centro de Readaptación de Marcavalle, en Cusco, y que ha ido a visitarlo en dos oportunidades. Nancy había llegado a buscar trabajo en la Pampa el año 2010, y se   había quedado prestando servicios en los bares y cantinas del lugar. Con ello pudo hacer dinero y ayudar a su Yosabet, que entonces estaba al cuidado de su mamá Rafaela en Urubamba. Cuando Yosabet cumplió los catorce, la había traído a la Pampa a que la apoyara en los negocios.  Un año después, Yosabet se involucró en una relación con un joven, de nombre Cristian Mesa, quién es padre de  su primera hija, Melany, según refieren los amigos de Yosabet y Nancy. Mesa fue asesinado en la Pampa, y su cuerpo desaparecido, sin que nunca reconociera como suya a la hija de Yosabet. La historia se repitió con la pequeña Estefany, de cuyo padre Rafaela sólo sabe que era un trabajador minero y que falleció sepultado en un derrumbe, que nadie sacó su cuerpo porque era mucha la tierra que había que mover. Le pregunto a Rafaela, qué sabe de la Pampa. Ella, en quechua, me dice que no conoce la Pampa, pero en su pueblo saben que en este lugar matan a la gente y los queman hasta desaparecerlos.

Al día siguiente, el pasado miércoles 19, acompañé a Rafaela fue a visitar a su hija Nancy a la cárcel de San Francisco de Asís. Con el apoyo de la Defensa Pública del Ministerio de Justicia, se solicitó el permiso para que Nancy pueda salir de la cárcel para el entierro de su hija y su nieta. Recién a eso de las cinco de la tarde se autorizó la salida de Nancy del penal. Salió vestida con un polo negro. No quiso que se tomaran imágenes en video de la humilde ceremonia, realizada en el cementerio de San Martín de Porres, a la que sólo asistieron unos pocos trabajadores de la Pampa, los amigos de Yosabet que me contactaron al principio, y un párroco de la ciudad. Nancy sólo aceptó unas fotos, para el recuerdo. Lloró con profundo dolor junto a los ataúdes. No quiso hablar. Sólo miraba, con la vista perdida, pensando en quién sabe, lo que haría toda madre en esas circunstancias. Nancy, luego de ver por última vez a su hija y a su nieta, fue trasladada de vuelta al penal.

Testimonio de doña Rafaela Roldán Cueva

«Mi nombre es Rafaela Roldán Huaypallunca. Pertenezco a Maras, de Urubamba más arriba, en un pueblito Tarapata. De ahí vengo. Ayer recién me he enterado que las han han matado, recién he venido a Puerto Maldonado. Quiero ayuda para el cajón de mi finada, que la he encontrado con su bebita más, para la funeraria. He venido sin plata. Necesito plata para poder enterrar a mis hijas. No tengo familia, no tengo a nadie. Por favor doctor, ayúdame. No tengo a nadie quién me ayude. No tengo ni para el pasaje. ¿Qué puede hacer? Ayúdame por favor. Tengo familias en Urubamba, en Maras. Amistades, vecinos, vecinas, ayúdenme, me encuentro en una situación muy trágica. Su papá de Yosabet no la ha tenido como debe de ser, no la ha criado. Yo soy la que la he criado, yo soy la que la he cargado desde bebita como a mi hija. Maras, Urubamba, a mis familias, a mis paisanos, por favor ayúdenme, no tengo nada. Mañana tengo velorio. Yo pensaba llevar a mis finadas a enterrar a mi pueblo, pero para eso tampoco tengo plata. Las tendré que enterrar aquí nomás, a la bebita más. Yosabet ha vivido con su mamá un tiempo, de ahí se ha regresado conmigo, porque su mamá estaba mal, tenía un problema. Por eso Yosabet se ha regresado a la selva diciendo, voy a ir a mi mamá a ver, está enferma, voy a atender a mi mamá, dejándome a su bebita (Melany). La bebita no tiene ni documentos, quiero que me ayuden a sacarle sus documentos. Su papá de la bebita está muerto. A su papá le decíamos, firma, firma firma, le exigía la chica. De allí nomás Yosabet se fue, y ya no pudo firmar. Yosabet solo llevaba el apellido de su mamá nomás, de su papá no. La bebe (Melany) queda sin papá y sin mamá, en el aire. Papá periodista, yo por un ojo nomás veo, por otro ojo no veo. No tengo como solventar mis gastos. Ayúdame señor periodista. De mi hija, también tengo dos nietos varones, y yo nomás los cuido. Su papá de esos niños lo han matado, aquí en la Pampa, donde que lo han matado a mi nieta. Ahí en la Pampa que lo han matado. Así me han contado mi nieta, llorando ha venido, trayendo su ropita de su papá de la chiquita. Parece que en esa Pampa nomás lo matan a todas las personas. Ayúdenme para sacar a mi nieta su documento con el apellido de su mamá. Difícil ha sido hacerla pasar en el carro, por los controles en la Carretera, por los niños que se roban. Yo me he comprado mi pasaje, a mis nietos, vendiendo mi carrito, así he juntado mi platita. No me querían vender el pasaje, y la gente me decía, no van a pasar tus nietos sin documentos. A nosotros nos vas a hacer problemas, mejor quédate nomás, me ha dicho el chofer. Yo, a la fuerza, he suplicado, me he encaprichado y los he hecho pasar al carro. No vas a llorar, me dijo el chofer, yo voy a esconder en un lado a tus dos nietos, vamos a ayudarte para que pases. Vamos a llegar a un control donde van a controlar al carro, me dijo, pero felizmente la policía no ha subido al carro, no ha habido control, así pude pasar. ¿Las muertitas habrán pedido para que podamos pasar? Por eso hemos llegado. Los niños no tienen ningún documento. Cristian Mesa es el papá de uno de mis nietos, no se cuál es su apellido materno. Mi hija era trabajadora. Yo hago chicha, y vendo. Miércoles y viernes iba a mi pueblo, de ahí traía maíz, verduras, hierbas, y eso vendía, con eso ayudaba. Yosabet ha regresado por el problema de su mamá, si no no hubiera regresado. Si su mamá, no hubiera tenido problemas, Yosabet no hubiera regresado a Puerto. Me voy sola. Quería llevarme a mis nietas para enterrarlas, esa era mi mentalidad. Pero las almas de ellas mismas quieren quedarse, no tengo plata, no quieren irse, entonces se quedarán pues acá y yo nomás ya me voy. Las muertas, su espíritu, no quiere moverse, por eso no se sabe nada. Ayúdame señor periodista. Papitos por favor ayúdenme. Urubamba, pueblo de Urubamba, ayúdenme por favor, no me miren así. Diosito les va a devolver de lo que me van a ayudar, aunque yo no voy a devolverlos. Maras, Urubamba, ayúdenme por favor, no me miren así. No me dejes señor periodista, yo no tengo familia acá. Mis paisanos yo les preguntaba cuando venían para acá y volvían, me decían, no me encuentro con tu hija, con tu nieta. Y yo me sentía sola».

13/8/2017

Mas:

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