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Lichi Vásquez: «La montaña puede ser la escuela más poderosa que nos regala la vida»

Mi opinión

En el Día de las Madres quisimos saber cómo pasan y sienten el día las madres que conservan a Gaia, nuestra madre universal, el origen de lo que somos y de lo que seremos, para saberlo buscamos a un grupo de ellas y les lanzamos la pregunta. En este día especial queremos hacer un alto en nuestro trabajo para festejarlas, apapacharlas, decirles que sin su empuje y sin sus convicciones nada de lo que soñamos podremos conseguirlo. Con ellas, #OtroMundoesPosible.


Un especial por el Día de la Madre a cargo de Stefano Cárdenas

En tu experiencia, ¿cómo se entiende el acto de cuidar cuando la montaña también es madre y maestra? ¿Cómo dialoga ese cuidado con tu propia forma de maternar?

A lo largo del tiempo la montaña me ha enseñado mucho para crecer como persona, y ahora que soy madre no deja de enseñarme. La montaña me enseña que cuidar a mi hijo no es evitarle la caída, sino, ser suelo firme a donde siempre puede volver, ella no aplana el camino para hacerlo más fácil sino que sostiene y enseña cómo caminarla, con respeto, con confianza en sus habilidades, así maternar implica soltar el control sin ser burbuja, sino, base sólida que confía y enseña a confiar.

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Desde tu vínculo con el Ausangate y la vida en altura, ¿qué aprendizajes sientes que la montaña te ha dado sobre la vida, el tiempo y la crianza?

Crecí mirando al Ausangate antes de saber leer, cuando me hice montañista entendí que la cordillera no cambió, solo cambió mi mochila. Sigue enseñándome lo mismo: no eres más fuerte que la montaña, eres parte de ella, allá arriba, es simple: cuidas el cuerpo, cuidas al compañero, cuidas al Apu. Si fallas en una, la montaña te cobra, eso te quita la soberbia rápido. La montaña se sube sin prisa con mucha paciencia, es importante escuchar las señales del propio cuerpo y confiar en ese lenguaje, igual con la montaña, leer sus señales es sumamente importante, tu vida depende de ese mensaje. Criar es como subir a la montaña, vas lento, vas sintiendo, confías en tu intuicion, hay días nublados, el camino no es claro pero también hay días soleados y todo fluye, al final del día lo más importante es sentirnos equipo, sentirnos abrigados, ver qué mejorar para siguiente día y continuar.

En un mundo que muchas veces mira la montaña como desafío o conquista, ¿qué significa para ti sostener una relación basada en respeto y escucha? ¿Cómo transmites esa mirada a quienes vienen después?

Crecí sabiendo que si no saludas, la montaña no escucha, respeto es tratarla como a una persona mayor, llegas con humildad, entendiendo que la última palabra la tiene ella, no vas a exigirle y menos a conquistarla, vas a disfrutar y agradecer cada paso en ella, es un gran privilegio de muy pocos estar en las montañas y debemos siempre agradecer por eso, respetando el proceso, leyendo y entendiendo las señales de: «puedes avanzar» o «en otro momento será», este aprendizaje toma tiempo, no se sabe cómo hacer montañismo de la noche a la mañana, hay que ir preparados, la improvisación puede costarnos la vida allá arriba. Intento transmitir esa mirada con el ejemplo, incluso en experiencias más cortas, menos técnicas uno debe ir preparado y debe estar atento a las señales.

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Lichi con Fabiancho, su montaña favorita…

Si la montaña pudiera hablar de ti a lo largo del tiempo, ¿qué diría sobre tu forma de caminarla, de sentirla y de pertenecer a ella?

Diría que llegué a ella muy joven con mucha prisa y curiosidad pero que en el camino aprendí a recorrerla con calma, con honestidad, con claridad, hoy más que buscar la cumbre busco la experiencia y vivo intensamente cada segundo en ella, aprendí a ver mis reflejos más internos en sus hielos, lloré muchas veces de miedo pero también me hice fuerte.

Si algún día las nuevas generaciones recorren esos mismos caminos, ¿qué te gustaría que perciban —aunque no se diga en palabras— sobre la forma en que tú entendiste y cuidaste ese vínculo?

Quisiera que sientan que yo no vine a rayar mi nombre en una piedra, vine a ser parte del paisaje un breve instante y mi amor por este lugar se midió en cuantos pudieron volver después de mi y encontrarlo igual o mejor. Que vean que defendí que las montañas no son un símbolo de conquista y que si uno quiere pueden ser la escuela más poderosa que nos puede regalar la vida.

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