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Kiara Soto y Valentina Quezada, hijas del mar: jóvenes mujeres en la primera línea de la conservación

Mi opinión

El mar peruano, su salud, el papel que cumple en la supervivencia de los océanos del planeta, sigue siendo una preocupación de la comunidad científica y de los defensores de la Tierra. Stefano Cárdenas conversó con dos jóvenes estudiosas de sus ciclos y permanencias y con ellas reflexionó sobre la necesidad de seguir agotando esfuerzos para frenar la irracionalidad que está destruyendo el bioma más extenso y extraordinario de todos. Les dejo la nota, linda semana.


Por Stefano Cárdenas

El mar suele parecer eterno cuando se observa desde la costa. Inmóvil. Inagotable. Como si las corrientes que atraviesan el Pacífico hubieran existido siempre en perfecto equilibrio. Pero lejos de las playas y del ruido de las ciudades, el océano lleva años enviando señales de agotamiento: especies que desaparecen, aguas cada vez más cálidas, ecosistemas alterados y cadenas biológicas que comienzan a fracturarse bajo la presión humana y el cambio climático.

En medio de esa transformación silenciosa, una nueva generación de jóvenes científicas peruanas ha comenzado a mirar el océano de una manera distinta. Ya no solamente como recurso, frontera o paisaje, sino como uno de los sistemas vivos más complejos y vulnerables del planeta.

Foto Yuri Hooker.

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El océano no necesita discursos, necesita defensoras

Desde investigaciones sobre especies migratorias en el Pacífico Este Tropical hasta expediciones científicas en la Antártida, Kiara Soto Meléndez y Valentina Quezada forman parte de una generación que entiende que conservar el mar implica mucho más que estudiar su biodiversidad. Significa comprender cómo corrientes oceánicas, clima, especies y sociedades humanas permanecen profundamente conectadas. Ambas pertenecen a un grupo de investigadoras que hoy comienza a ocupar espacios históricamente poco visibles dentro de la ciencia marina latinoamericana. Una generación que no solo estudia el océano, sino que también intenta traducir su complejidad en conciencia pública, cooperación internacional y defensa ecológica. Porque mientras el planeta sigue discutiendo fronteras políticas, el océano continúa recordándonos algo más incómodo: que ningún ecosistema del mundo está realmente aislado.

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Kiara Soto es egresada de la carrera de Biología Marina de la Universidad Científica del Sur. Es miembros de Sustainable Ocean Alliance Perú (SOA Perú), una ONG que promueve a las siguientes generaciones en convertirse en líderes de la preservación del océano.

El mar como una red biológica viva

Kiara Soto Meléndez, el océano solo puede entenderse desde la interconexión. A partir de su experiencia en el trabajo de campo, explica que muchas especies marinas recorren enormes distancias a lo largo del océano Pacífico para alimentarse, reproducirse y completar distintas etapas de su ciclo de vida. “La cooperación entre países se vuelve necesaria para proteger procesos ecológicos mucho más grandes que nuestras fronteras”, sostiene, insistiendo en que el océano funciona como un sistema compartido y no como ecosistemas aislados por límites políticos. Esa misma idea aparece también en la visión de Valentina Quezada, quien considera que una de las experiencias más transformadoras de su formación fue comprender que el océano conecta procesos ecológicos a escala planetaria. “Cada experiencia de investigación me ha hecho valorar aún más la complejidad y la vida que existe en el mar”, explica Valentina, añadiendo que estudiar el océano implica reconocer “lo poco que conocemos frente a lo inmenso que es el planeta”. Para ambas investigadoras, el mar no puede seguir siendo entendido únicamente como recurso. Es un sistema biológico dinámico del cual depende gran parte de la estabilidad ambiental del planeta.

Perú frente al desafío del Pacífico Este Tropical

Cuando se aborda el debate sobre el Corredor Marino del Pacífico Este Tropical, Kiara explica que el norte peruano —particularmente Tumbes y Piura— forma parte de este ecosistema debido a la convergencia entre la corriente ecuatorial cálida y la corriente de Humboldt. “Las amenazas que hoy ponen en riesgo a las especies migratorias no se pueden resolver de manera aislada”, advierte. Para ella, integrar esfuerzos regionales resulta fundamental debido a que especies como los albatros de las Galápagos, los tiburones ballena, las rayas y tortugas marinas atraviesan constantemente el mar de distintos países durante sus ciclos migratorios. Valentina complementa esa mirada desde una perspectiva más global. Su experiencia en la Antártida le permitió observar cómo múltiples países cooperan científicamente para comprender ecosistemas extremadamente vulnerables. “Ahí entendí que proteger un ecosistema tan vulnerable requiere un esfuerzo verdaderamente global”, reflexiona. La conexión entre ambas perspectivas resulta evidente: tanto en el Pacífico Tropical como en la Antártida, la conservación marina depende de la cooperación científica internacional, la gobernanza coordinada y la comprensión ecológica más allá de fronteras nacionales.

Valentina Quezada también es egresada de la carrera de Biología Marina de la UCSUR. Su experiencia en la Antártida está modelando en la acualidad la manera como entiende su trabajo en el mar nuestro.

Tiburones: especies clave en un océano bajo presión

Hablar de tiburones continúa siendo incómodo para gran parte de la sociedad. Sin embargo, desde la ciencia marina, estas especies representan uno de los pilares ecológicos más importantes del océano. Kiara advierte que el Perú enfrenta una situación crítica: de las 57 especies de tiburones registradas en el país, 23 se encuentran amenazadas y varias soportan niveles extremadamente altos de presión pesquera. “La principal causa del declive poblacional de los tiburones es la sobrepesca”, afirma. Además de la pesca ilegal y el tráfico de aletas, señala que aún existen grandes desafíos relacionados con la trazabilidad y el monitoreo efectivo. Pero para Valentina el problema también debe entenderse desde una dimensión ecosistémica mucho más amplia. Según explica, el cambio climático ya está modificando la distribución y abundancia de numerosas especies marinas. “El desplazamiento de especies debido al aumento de la temperatura del océano es una de las señales más preocupantes”, sostiene. Esto altera cadenas tróficas completas y modifica el equilibrio ecológico marino. Ambas coinciden en un punto esencial: el océano ya está cambiando frente a nuestros ojos.

La ciencia también necesita voz

Uno de los elementos más potentes dentro de esta nueva generación de científicas marinas es que entienden que investigar ya no basta por sí solo. Kiara reconoce que llegó un momento donde comprendió que la evidencia científica pierde fuerza si no logra ingresar a espacios de decisión política. “Las decisiones que afectan el océano no se toman en los laboratorios”, explica, refiriéndose a ministerios, negociaciones internacionales y políticas públicas. Desde otra perspectiva, Valentina también considera fundamental acercar la ciencia marina a las nuevas generaciones. “Me gustaría impulsar y motivar a futuras científicas para que más jóvenes se involucren en la investigación y en el cuidado de los océanos”, afirma. En ambas aparece una idea común: conservar también implica comunicar, educar y construir conciencia pública.

La mayoría de nuestros tiburones son inofensivos y habitan en aguas profundas o zonas tropicales del norte (Piura y Tumbes), como el tiburón ballena y el raro tiburón megaboca. Los ataques a humanos en el país son extremadamente raros. Foto Sernanp.

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La Antártida y el océano como territorios del futuro

La experiencia antártica de Valentina ocupa un lugar importante dentro de su visión científica. Más allá de los paisajes extremos, asegura que lo más impactante fue convivir con investigadores internacionales comprometidos con entender los efectos del cambio climático sobre ecosistemas polares. “Muchas veces vemos este continente como un lugar lejano e inaccesible, pero existe una enorme comunidad científica trabajando constantemente para protegerlo”, explica. Para ella, la Antártida terminó funcionando como una evidencia concreta de que el océano conecta escalas globales imposibles de separar. Kiara comparte una preocupación similar desde el Pacífico peruano. Considera que el océano lleva años advirtiéndonos mediante pérdida de biodiversidad, contaminación y especies en peligro. “Ya no hablamos de una crisis planetaria, sino de una policrisis planetaria”, sostiene. Una crisis donde clima, biodiversidad y actividad humana se encuentran profundamente entrelazados.

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Defender el mar también es defender el futuro

Quizá el mayor error de nuestra generación fue asumir que el océano siempre estaría ahí, inmutable e infinito. Pero el mar cambia. Se calienta. Pierde especies. Se acidifica. Y mientras eso ocurre, científicas jóvenes como Kiara Soto Meléndez y Valentina Quezada están comenzando a ocupar un espacio históricamente invisibilizado dentro de la conservación peruana. No solo investigan biodiversidad marina. También están disputando la forma en que entendemos el océano, la ciencia y nuestra relación con el planeta. Porque defender el mar nunca fue únicamente proteger el agua. Siempre fue proteger la posibilidad misma de futuro.

Foto Océana.

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