Madera como cancha: deforestación y cambio de uso de la tierra en Madre de Dios, la capital de la biodiversidad del Perú

Mi opinión

Una versión preliminar de este reportaje se publicó hace unos días en la agencia de noticias ambientales Mongabay Latam. Seguir insistiendo en que se tomen las decisiones que detengan la deforestación de los bosques de Madre de Dios y el resto de la Amazonía peruana resulta una obligación para el periodismo independiente. La culminación de este trabajo de investigación fue posible gracias al apoyo obtenido del concurso de Periodismo de Investigación y Delitos Ambientales en la Amazonía Peruana, premio convocado en enero pasado por el proyecto Prevenir que ejecuta USAID.

La región de Madre de Dios, alguna vez considerada la capital de la biodiversidad de un país con la segunda extensión de bosques de la cuenca amazónica y quinto en el mundo, después de Brasil, Congo, Indonesia y Colombia, en posesión de áreas boscosas tropicales, es el territorio, al menos en apariencia, con mayor protección del Perú.

Lo he recorrido en los últimos años de cabo a rabo, Madre de Dios es un Edén a punto de convertirse en un Averno…

De acuerdo a cifras oficiales de los 85 183 km2 de su superficie, el 44,6 % ha adquirido, desde la creación del Parque Nacional Manú en 1973, alguna de las categorías que la legislación nacional prevé para el establecimiento de un área natural protegida.

Los datos de la importancia de la región para la salud de esta parte de la Amazonía son elocuentes: Madre de Dios es el territorio sub-nacional con más áreas de bosques per cápita del país. Su cobertura boscosa, según datos del portal Geobosques del Ministerio del Ambiente, alcanza al 93 % de toda su superficie: casi ocho millones de hectáreas de bosques en aparente buen estado, casi tantas como las que perdió la Amazonía peruana como consecuencia del cambio de uso de la tierra.

A pesar de estas consideraciones la pérdida acumulada de los bosques del departamento en las tres provincias que lo conforman –Manu, Tambopata y Tahuamanu- viene creciendo peligrosamente en los últimos años.

Ríos y bosques de bellezas incomparables. La amenaza de la tala ilegal y la agricultura migratoria amenazan su supervivencia. Foto Michell León APECO/WWF Perú

Si en el 2000 la deforestación alcanzaba el 2,2 % de la superficie departamental, entre los años 2001 y 2018 ésta llegó a una media de 22 846 ha/año, un incremento bastante significativo si lo comparamos con la tasa de deforestación nacional.

¿Cómo se han movido las cifras de la deforestación en el último año en el departamento donde se encuentra el 15,3 por ciento de los bosques amazónicos del Perú? Volví a introducirme en la región para saberlo y para ello seguí la ruta de la extracción forestal del shihuahuaco (Dipterix sp), un árbol de madera fina de muy buena cotización en los mercados internacionales que se ha convertido, según los especialistas consultados, en el motor de la industria forestal de Madre de Dios.

Madera como cancha

En agosto del 2020, en pleno estado de emergencia, una división especializada en delitos de alta complejidad de la policía del Perú desbarató  en  Puerto Maldonado el accionar de una red de corrupción dedicada al tráfico de madera que tenía entre sus integrantes a funcionarios del más alto nivel del Gobierno Regional de Madre de Dios, de la Fiscalía Especializada en Materia Ambiental (FEMA) y a un grupo considerable grupo de policías y trabajadores estatales asignados -tremenda paradoja-  al control forestal.

La banda, que fue de inmediato bautizada por la prensa limeña como “Los hostiles de la Amazonía”, operaba a lo largo de la carretera Interoceánica Sur a través del “blanqueo” de madera extraída ilegalmente de predios agrícolas y concesiones forestales en las cuencas de los ríos Los Amigos, Las Piedras y Tahuamanu, los tributarios más importantes del río Madre de Dios.  Según la ONG Global Witness el 60 % de la madera supervisada en Perú en los últimos diez años fue extraída de zonas prohibidas a través de la tala selectiva de árboles de gran valor comercial y el lavado de madera.

La DIVIAC dio un duro golpe a las mafias de la madera al desbaratar el accionar de los llamados “Los hostiles de la madera”.

Para nadie es un secreto en la capital de Madre de Dios que los caminos forestales que se han venido construyendo con alarmante rapidez en los bosques y áreas protegidas de sus cuencas, en su mayoría ilegales, tienen como objetivo llegar a como dé lugar a esos últimos remanentes de maderas de alta cotización en los mercados internacionales.

Y que la presencia temporal en la ciudad de la mencionada División de Investigación de Delitos de Alta Complejidad (DIVIAC), la unidad de élite de la policía peruana encargada de combatir la criminalidad organizada, es lo que ha causado la subida intempestiva del precio de la madera en la ruta de la Interoceánica en las últimas semanas. “Mientras la policía especializada siga investigando, me lo dijo el periodista local Manuel Calloquispe, el control será más severo en los puestos de vigilancia y el negocio tenderá a ir a la baja”.

Primera parada: Río Los Amigos

En la ciudad de Puerto Maldonado hablé con Juan Loja, responsable de Conservación Amazónica ACCA en Madre de Dios.  Su institución tiene a su cargo la gestión de la primera concesión de conservación creada en el mundo: la concesión del Río Los Amigos, un bosque de más de cien mil hectáreas por donde suelen desplazarse grupos de indígenas en aislamiento voluntario del pueblo mashco-piro.

En el 2019, ACCA denunció la presencia de campamentos de madereros ilegales en una concesión forestal contigua a su predio. Tras meses de recopilación de información y denuncias la DIVIAC realizó una primera intervención exitosa contra la tala ilegal en el departamento que logró incautar más de 100 mil pies tablares de madera  y la detención de ocho infractores. Lo paradójico del caso, lo refirió en su momento el propio Loja, es que después del exitoso allanamiento en estos campamentos en medio del bosque, los detenidos fueron absueltos por la fiscalía al no encontrarse pruebas suficientes para continuar el proceso.

Intervención policial en el río Los Amigos, setiembre 2019. Foto DIVIAC,

Gravísimo. Los ríos Los Amigos, Las Piedras y Tahuamanu nacen en el Parque Nacional Alto Purús (PNAP), un área natural protegida de más de dos millones de hectáreas de extensión que alberga en su interior los últimos bolsones de maderas finas, caoba, cedro y shihuahuaco, de la Amazonía peruana.

Los tres de alguna manera son los que generan la vida en los bosques de la Reserva Territorial Madre de Dios, un área bajo estricta supervisión del Ministerio de Cultura y la Federación Nativa del Río Madre de Dios y Afluentes (Fenamad), creada explícitamente para salvaguardar la vida de grupos numerosos de indígenas en aislamiento voluntario.

Según lo ha referido  la especialista Beatriz Huertas en una publicación última sobre los pueblos originarios de Madre de Dios, los mashco-piros de esta vasta región del país se mueven a lo largo del año entre los bordes de la Reserva Comunal Amarakaeri, el Parque Nacional Manu, la Concesión para Conservación del Río Los Amigos y los bosques de protección permanente de las cuencas de los ríos Las Piedras y Tahuamanu, un territorio de más de un millón de hectáreas de extensión que se prolonga por el este hasta el estado de Acre, en Brasil.

Un bosque abastecido por la naturaleza con árboles maderables que alimentan, sin que nadie esté haciendo lo suficiente para evitarlo, la industria forestal que se afianza en la región.

Se trata, concluye la antropóloga, de una población muy vulnerable a las enfermedades que pudieran trasladar los agentes extraños a su territorio como la influenza A y B, la parainfluenza 2 y 3, el rotavirus, la tos convulsiva y el sarampión. Huertas refiere que en todos los casos la presión o alteración de sus territorios afecta directamente la disponibilidad de recursos alimenticios y su subsistencia.

Las reservas territoriales y reservas indígenas en el Perú son territorios intangibles delimitados por el Estado a favor de los Pueblos Indígenas en Aislamiento y Contacto Inicial PIACI.

Aunque la madera incautada en el operativo en el río Los Amigos en su mayor parte pertenecía a otras especies maderables, es el shihuahuaco (Dipteryx sp.), un árbol que puede tardar 1200 años en alcanzar un diámetro de 120 centímetros y una altura de 50 metros, la pieza del bosque tropical más requerida por la industria maderera local de acuerdo a la ingeniera forestal Tatiana Espinosa, una  férrea defensora de la especie.

Sobre la importancia ecosistémica del shihuahuaco se ha dicho mucho en estos últimos años en la prensa especializada. Se trata de un árbol clave en el mantenimiento de los bosques que habita dado que sirve como lugar de anidación para muchas especies de aves amenazadas y protegidas por el Estado peruano como el águila arpía (Harpia harpyja), el águila crestada (Morphnus guianensis) y las dos especies de guacamayos más emblemáticos del departamento (A. macao y A. chloropterus).

Las tres variedades de shihuahuaco, Dipterix micrantha, D. alata y D. odorata, que se extraen con mayor frecuencia en la región, además, proveen de alimento a múltiples especies de mamíferos terrestres y voladores que se encargan del necesario transporte de semillas y actúan como excelentes fijadores de carbono.

Pese a lo anterior, una investigación publicada por Ojo-Público como parte de la Alianza Periodística Madera sin Rostro logró determinar que entre el 2012 y el 2020 de las 948 mil toneladas métricas de madera exportadas por Perú, 531 mil toneladas, más de la mitad de lo comercializado en el período, correspondió a alguna de las diversas especies del género dipterix que se extraen de sus bosques.

Un árbol de shihuahuaco puede tardar 1200 años en alcanzar un diámetro de 120 centímetros y una altura de 50 metros.. Foto Gianella Espinosa ARBIO

Solo en el año 2015, según reporta el Servicio Nacional Forestal y Fauna Silvestre – SERFOR el 86,69 % de toda la madera aserrada de shihuahuaco a nivel nacional provino del departamento de Madre de Dios.

En la concesión de ARBIO

La batalla por la defensa de los shihuahuacos de Madre de Dios la lidera Tatiana Espinosa, galardonada en el 2019 con el importante Jane Goodall Hope and Inspiration Ranger Award. Espinosa es titular desde el año 2002 de una concesión para conservación de 916 hectáreas en los bosques del río Las Piedras, de las tres cuencas que visité para este reportaje, la más impactada por la tala ilegal.

A inicios de año, la directora de la Asociación para la Resiliencia del Bosque frente a la Interoceánica  – ARBIO, me comentó que la situación en la cuenca del río Las Piedras se había vuelto insostenible debido al crecimiento de la actividad maderera: “Los madereros han rodeado mi concesión, me dijo, han construido más de 50 km de carreteras que conectan estos bosques con la Interoceánica  y a través de ellas están vaciando de maderas finas las concesiones no maderables de la cuenca. Casi todos los shihuahuacos de las concesiones de castaña que rodean el bosque de Arbio han sido tumbados”.

“Cortan los shihuahuacos y luego ingresan los carboneros que son tan nocivos como los primeros”, nos refirió un titular de una concesión invadida en la misma zona del río Las Piedras que pidió mantener en reserva su nombre por temas de seguridad. “El boom del pollo a la brasa y la expansión de los cultivos de papaya, de cacao y de maíz para el engorde de los pollos no ha parado a pesar de la pandemia”, agregó.

El ingreso de los madereros y agricultores precede al de los carboneros. Al final el bosque se convierte en campo de cultivo. Foto Dina Tsouluhas / Junglekeepers.

Ni va a parar. Me lo dijo en Puerto Maldonado Augusto Mulanovich,  ingeniero forestal de larga residencia en la región y uno de los científicos peruanos más enterados sobre el fenómeno de la deforestación en Madre de Dios. Como lo han demostrado los informes del Proyecto de Monitoreo de la Amazonía Andina – MAAP sobre Madre de Dios, los principales motores de deforestación en la región están vinculados a la ampliación de la frontera agrícola, caminos y trochas incluidas.

“Las concesiones forestales están siendo invadidas, eso es innegable, primero por agricultores que actúan con la complicidad de las autoridades regionales, comentó Mulanovich, después por los madereros ilegales: he visto decenas de camiones cargados de shihuahuacos saliendo de la zona de Las Piedras por el puerto de Lucerna”.

Para el especialista el marco legal que definió el carácter de las concesiones forestales en el año 2000 (Ley 27308 y modificaciones) tiene que ser mejorado pues no ha sido eficiente para ordenar el territorio cuyas competencias forestales fueron entregadas a los gobiernos regionales. “Se trató de una ley moderna, racional en su momento, que intentó exigirle al sector privado que se haga responsable del recurso y no extraerlo a la mala. Son pocas las concesiones al amparo de esta legislación que han cumplido con el encargo que se les dio”, agregó.

El abandono de muchas de estas concesiones por parte de sus titulares permite que los bosques de Madre de Dios caigan en manos de agricultores, madereros y mineros que como en el caso del río Pariamanu, un afluente del río Las Piedras, han empezado a desplazarse desde La Pampa y el llamado Corredor Minero utilizando las trochas construidas ilegalmente.

En la cuenca del Pariamanu, un afluente del río Las Piedras, los reportes MAAP son contundentes: en noviembre de 2016 la información satelital indicaba que se habían deforestado, con el inicio de la actividad minera en el área, 69 hectáreas boscosas. En enero del 2020 un segundo reporte señalaba que se había incrementado a 99 como consecuencia del desplazamiento de los mineros interdictados. En marzo del año pasado la cifra ya había alcanzado las 204 hectáreas perdidas.

No es La Pampa, el punto neurálgico de la minería ilegal en Madre de Dios. La foto muestra la destrucción ecológica que se ha producido en la cuenca del Pariamanu, un afluente muy importante del río Las Piedras.

“Mientras las competencias del manejo forestal estén en manos de ministerios tan contrapuestos como el de Agricultura y del Ambiente las cosas no tienen visos de solución”, termina de comentar Mulanovich.

Segunda parada: Río Las Piedras

Pero volvamos al río Las Piedras, la cabecera de playa por donde está ingresando la mayor oleada migratoria que ha recibido la región en los últimos años. A cuarenta minutos del puerto de Lucerna, en bote por supuesto, se encuentra la concesión de Junglekeepers, una aguerrida ONG canadiense que viene protegiendo, con apoyo de la población local, 20 mil hectáreas de unos bosques y cauces fluviales habitados por tapires, jaguares, serpientes, nutrias y peces. Y árboles milenarios y exagerada, exageradísima riqueza natural: un paraíso al borde del colapso.

Un ecosistema único y muy frágil en una de las áreas con mayor biodiversidad del planeta: un territorio que sufre la invasión de miríadas de agricultores que se instalan en el bosque para transformarlo en poco tiempo en campos de cultivo. Dina Tsouluhas, la directora de Junglekeepers, se comunicó conmigo desde su concesión en el río Las Piedras al enterarse de mis pesquisas. “Las invasiones se suceden a vista y paciencia de todo el mundo, me dijo, desde hace más de dos años venimos denunciando en la fiscalía a estos invasores, lamentablemente no encontramos respuestas apropiadas que le den solucionen el problema”.

Campos devastados en la cuenca del río Las Piedras por acción de una ocupación humana descontrolada y en franco crecimiento. Dina Tsouluhas / Junglekeepers.

Los informes que el equipo de Tsouluhas han preparado y las fotos que dan cuenta del avance de la ofensiva agrícola se amontonan en los escritorios de las oficinas estatales de Puerto Maldonado. También los partes policiales y los peritajes de los fiscales asignados por el ministerio público que testimonian el avance de la deforestación con fines agrícolas en la zona. “En estos momentos hay cerca de 16 claros agrícolas a lo largo de un arroyo de mucha importancia para la salud de un bosque cercano a nuestra propiedad”, comenta. Obviamente, si no se actúa con celeridad y decisión esos bosques tan valiosos se convertirán en las próximas semanas en campos de maíz o cualquier otro producto comercial.

“Cuando llegué por primera vez al río Las Piedras en el 2014 , continúa, me enamoré del lugar. Al poco tiempo un grupo de conservacionistas locales y extranjeros establecieron Junglekeepers con el objetivo de proteger la zona a través de un programa de guardabosques”. Desde entonces el programa de vigilancia que ejecuta la ONG con  fondos que consigue de donantes privados financia el pago de los guardaparques locales, el mantenimiento de los senderos y los gastos que requieren las labores de interpretación ambiental y monitoreo científico.

Para la población local el programa de guardaparques, leo en la web de Junglekeepers,  significa  una alternativa de empleo que los aleja de las actividades dañinas y/o prohibidas al mismo tiempo que les da orgullo y sentido de pertenencia a un ecosistema singular.

Pero, ¿quiénes son los infractores que se mueven por este sector de la cuenca del río Las Piedras próximo a la carretera Interoceánica? Según información oficial se trata de productores agrícolas provenientes en su mayor caso de Ayacucho, San Martín y Ucayali que se instalan inopinadamente en concesiones de castaña, predios rurales y otras áreas no concesionadas de los alrededores del centro poblado Lucerna. Las cifras indican que desde el año 2001 se han afectado más de 7000 hectáreas de bosques. Según nuestras fuentes más de 40 kilómetros de selvas en las dos orillas del río que desciende desde el Purús.

La colonización no se detiene en las cercanías de los asentamientos humanos que nacen en las orillas del río Las Piedras. Foto Piero Hilari GIZ

Cuando visité la zona pude observar la singular y muy extendida red de caminos informales por donde transitan vehículos de todo tamaño llevando insumos para los campos de cultivo y los campamentos madereros que prosperan a lo largo de la cuenca.

Aunque se estima que la madera que se sigue extrayendo de sector del río Las Piedras, a vista y paciencia de la población, pertenece a las especies shihuahuaco, tornillo (Cedrelinga catenaeformis), estoraque (Miroxylom balsamum), quinilla (Manilkara bidentata), otras fueron las impresiones del recientemente nombrado Gerente Gerente Forestal y de Fauna del Gobierno Regional de Madre de Dios, ingeniero Jorge Cardozo.

Durante la entrevista que tuvimos me comentó que “ya no hay maderas finas en ese sector de la cuenca, en Lucerna y otros poblados lo que prima es la actividad agrícola, los bosques han perdido su vocación forestal; 250 migrantes llegan cada día a Madre de Dios, muchos de ellos para dedicarse a la agricultura en predios rurales y bosques de producción”.

Para el funcionario de más alto cargo del sector forestal en la región resulta indispensable hacer una evaluación del estado de los bosques que quedan en pie para determinar su verdadera vocación. Para Cardozo sin ese diagnóstico de base resulta imposible ordenar la situación.

Lamentablemente, como nos lo refirió, no existen partidas presupuestarias en el gobierno regional para ese fin y el tiempo apremia.

¿Cuánto de la madera que sale por el río Las Piedras es ilegal?, lo quise saber y se lo pregunté a la máxima autoridad forestal de la región Madre de Dios. El ingeniero  Cardozo fue tajante: “Si juzgamos su procedencia de acuerdo a las guías que los transportistas presentan en los puestos de control, toda la madera supervisada es legal, puede continuar su ruta. La madera no habla, nos dijo con cierta resignación, son los documentos los que hablan por ella”.

En los controles forestales de Madre de Dios la madera que se registra sale del bosque, la mayoría de veces tiene, con los “papeles” en regla. ¿Cómo se logra ese estatus? Misterio de la actividad maderera en Madre de Dios. Foto Dina Tsouluhas / Junglekeepers.

Jaime Semizo, representante del SERFOR en Puerto Maldonado, el organismo estatal encargado de velar por el buen estado de patrimonio forestal nacional, fue más cauto en sus apreciaciones. En Madre de Dios las funciones forestales que en otras regiones del país son de entera responsabilidad de su institución, se transfirieron hace diez años al gobierno regional como parte del proceso de descentralización en curso; aun así, el SERFOR tiene el encargo de apoyar a la administración local en el cumplimiento de sus obligaciones. 

Para Semizo, el único funcionario de SERFOR en Madre de Dios, el departamento con más bosques en buen estado del Perú, el puesto de control que existe en el sector El Triunfo resulta insuficiente para determinar la trazabilidad de la madera que se extrae de Las Piedras.

Son siete los puestos de control forestal en Madre de Dios, la mayoría de ellos operando sin la adecuada implementación y a veces con un solo trabajador a cargo del control las 24 horas del día

“Se acaba de crear en Madre de Dios, nos refirió, la Mesa Regional de Control y Vigilancia Forestal y de Fauna Silvestre, una figura prevista en la ley forestal que integra a todos los actores públicos inmersos en el manejo de la madera, la fiscalía, ejército, policía nacional, SUNAT, Autoridad Nacional del Agua, OSINFOR, SERNANP”. 

En esa mesa, nos los comento el propio Gerente Forestal y de Fauna del Gobierno Regional de Madre de Dios, una de las zonas priorizadas es la del río Las Piedras.

Puerto de Sabaloyuc, puerta de ingreso a los centros poblados de Lucerna y alrededores. Foto Viajeros.

 

Madera transportada por el río Las Piedras. ¿Legal o ilegal?. Foto Viajeros.

Camino al Alto Purús

El río Las Piedras, originalmente llamado Tacuatimanu, nace en el Parque Nacional Alto Purús, en el departamento de Ucayali, y recorre unos 650 km antes de desembocar en el río Madre de Dios. Desde tiempos inmemoriales su cuenca ha estado poblada por comunidades trashumantes que se desplazan por un bosque que fue integrado al modelo de explotación occidental durante el boom del caucho.

Hacia 1970 se inició en las partes media y alta de Las Piedras una intensa actividad maderera ligada a la extracción de cedro y caoba y en 1996 el estado peruano le entregó a la Mobil Oil una concesión de un millón y medio de hectáreas que no llegó a operar al no hallarse cantidades suficientes de petróleo. Desde entonces la región ha sido objeto de una migración que ha puesto en entredicho su sostenibilidad.

 El biólogo Arsenio Calle, actual jefe del Parque Nacional Alto Purús (PNAP), trabaja en el área desde el año 2006. Ha sido testigo de los cambios que se han producido en la región que baña el río Las Piedras y, sobre todo, en el mosaico de áreas naturales protegidas que el Estado ha ido creando para salvaguardar la vida de los pueblos indígenas que lo habitan y proteger su extraordinaria biodiversidad.

Alegría y vida libre en la Reserva Comunal Alto Purús. Foto Michell León, Apeco, WWF Perú

En junio pasado, me comentó en exclusiva, los especialistas del SERNANP a su cargo visitaron el centro poblado yine de Monte Salvado, la última comunidad en el río Las Piedras antes de ingresar a la reserva indígena del pueblo mashco-piro. En ese sector, antes de la creación de la Reserva Territorial Madre de Dios, el área bajo la autoridad del Ministerio de Cultura – MINCUL y la Federación Nativa del Río Madre de Dios y Afluentes – FENAMAD, existió un puesto de vigilancia del SERNANP que cumplió un papel determinante en la erradicación de los madereros que operaban en la zona al establecerse el Parque Nacional Alto Purús.

“Durante esa inspección, nos comentó desde Puerto Esperanza, nos quedó claro que la población y los propios agentes de vigilancia nombrados por el Ministerio de Cultura se han integrado a la cadena de producción de la tala ilegal”. Lo mismo ha sucedido en la localidad vecina de Puerto Nuevo: los vínculos familiares y sociales que existe entre los infractores y la población local favorece la comisión de estos delitos. “Por primera vez hemos sentido ese rechazo, aclaró, para mi es evidente que se está sacando madera ilegal de las comunidades”.

Y no solamente madera. Testigos que recorren la zona nos comentaron en Puerto Maldonado que los “foráneos” y sus colaboradores locales recogen sin ningún cuidado huevos de tortugas y trafican con especies silvestres distrayendo lo recursos con los que cuenta la población local para su subsistencia.

Calle y su gente quieren dar batalla. Están convencidos que la inacción del Ministerio de Cultura y las federaciones indígenas, que no los autorizan a ingresar a la reserva territorial a realizar inspecciones, juega en contra del restablecimiento del orden. Si les fuera permitido establecer un puesto de control entre Puerto Nuevo y Monte Salvado con cuatro guardaparques del sistema nacional provistos de la logística del caso se recuperaría el área. Intenté comunicarme con el funcionario a cargo de la Dirección de los Pueblos en Situación de Aislamiento y Contacto Inicial del MINCUL sin mucha fortuna: me interesaba saber la opinión de su institución en relación a este problema.

El accionar de estas actividades ilegales compromete la existencia de la Reserva Territorial Madre de Dios, fue contundente, en cualquier momento pueden darse enfrentamientos con los indígenas en aislamiento. “Hay un tema delicado, muy preocupante. No sabemos que puede estar pasando al interior de esta zona, pensamos que podrían estar habiendo enfrentamientos silenciosos”, acotó.

Ni qué decir de la presencia creciente en esta parte de la cuenca de los llamados “mochileros”, pobladores por lo general andinos que llevan la droga que sale del valle contiguo del Urubamba sobre sus hombros por quebradas inhóspitas de las áreas protegidas. O del avistamiento frecuente de narcoavionetas que vuelan a baja altura sobre el la reserva territorial  mashco-piro y el Parque Nacional Alto Purús en dirección a Bolivia.

Tercera parada: Río Tahuamanu 

“Para nosotros la tala ilegal es una competencia desleal”, comenta Nelson Kroll, gerente general de Maderacre, el consorcio forestal más poderoso de Madre de Dios. “Los madereros ilegales ponen en el mercado los mismos productos que los nuestros, pero a precios mucho más bajos. Gastan menos y ganan mucho más. Eso hace que estemos en permanente conflicto con ellos”.

Las concesiones certificadas que operan en la provincia de Tahuamanu, a juicio de Augusto Mulanovich y Arsenio Calle, son un ejemplo de manejo forestal sostenible, pues a diferencia de la madera que sale por el río Las Piedras, la que proviene de los bosques de la cuenca del río Tahuamanu, posee certificaciones y los planes de manejo requeridos que garantizan su procedencia y manejo forestal

Maderacre, titular de 22o mil hectáreas concesionadas, por ejemplo, obtuvo en el año 2007 la certificación del Forest Stewardship Council (FSC), una de las más exigentes de la industria forestal.

“Para poder conseguir rentabilidad hemos tenido que ver al bosque de una manera integral, ganamos en madera y en bonos de carbono. Si solo nos dedicáramos a la madera viviríamos de rascar la olla”, agrega Kroll.

A pesar haber identificado 160 especies de maderas en su concesión, el 60 % de la actividad productiva de Maderacre depende de la extracción del shihuahuaco.

Trabajador de la empresa Maderera Río Acre MADERACRE. Foto Maderacre

“La industria forestal de Madre de Dios vive del shihuahuaco, nos lo había comentado Tatiana Espinosa, y aunque se diga lo contrario, estamos hablando de una actividad a todas luces insostenible”. Para la defensora de los bosques de Dipterix del río Las Piedras se debe incluir a la especie en la lista de la Convención sobre Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre (CITES) y prohibir su extracción.

En mayo último, el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés), a partir de un estudio de Silva de Carvalho y de otros investigadores forestales, recomendó que el género Dipteryx -entre ellos el shihuahuaco peruano— se incluya en la lista mencionada.

Para Kroll, en cambio, se trata de utilizar la industria forestal como una herramienta de desarrollo económico para la región y también como un aliado de la conservación: “Nuestra concesión actúa como zona de amortiguamiento para la Reserva Territorial Madre de Dios y el Parque Nacional Alto Purús, hemos instalado cinco puestos de vigilancia en puntos estratégicos para poner a raya a mineros, madereros, cazadores, taladores, narcotraficantes. El Ministerio de Cultura no ha colocado ningún puesto de vigilancia en la cuenca del Tahuamanu.  Nosotros hacemos el trabajo mejor que ellos”, nos dijo.

La situación es compleja en la región Madre de Dios. Se requiere actuar con prontitud para evitar el aumento de la deforestación en estas cuencas que construyen, como ninguna otra, la riqueza natural del departamento más biodiverso del Perú.

¿Qué hacer? Foto Pavel Martiarena

De las 389,798 hectáreas perdidas en todo el departamento entre los años 2001 – 2019, el período previo a la pandemia del Covid-19, la provincia de Tambopata, epicentro  de la actividad aurífera perdió 122,820 ha; la provincia de Tahuamanu 56,528 ha y la provincia de Manu 51,693 ha. Los datos son contundentes.

En todas las provincias de Madre de Dios, el avance de los vectores de destrucción pareciera no tener fin.

La senda que recorre el shihuahuaco en territorio peruano antes de salir hacia los mercados internacionales está trazada y con la dosis apropiada de decisión política se puede cerrar para evitar el saqueo de las maderas finas que guardan estos bosques y proteger la biodiversidad que contienen.  Y, sobre todo, preservar la vida de sus pobladores.