Mi opinión
Me saco el sombrero por la decisión tomada por la presidenta de México Claudia Sheinbaum que en medio de los arrebatos contra la economía de su país de parte del presidente del gigante del norte dispuso la prohibición de la siembra de maíz transgénico en todo el territorio mexicano en defensa de la identidad nacional y la soberanía alimentaria. México como el Perú, ambas naciones con una tradición cultural milenaria, siguen siendo, pese a todo, dos emporios de biodiversidad y agroecología en esta parte del globo y la cuna, el lugar donde se produjo la domesticación de las plantas y animales que forman parte de nuestro acervo cultural y que tantos beneficios le han dado y le tienen que seguir dando a la humanidad. Que la transgenización de nuestros productos agrícolas se convierta en una bandera de lucha del negacionismo en boga sería fatal, un atentado de catastróficas consecuencias. Y en este tema, como lo ha comentado desde México el periodista Miguel Ángel Cárdenas, los sesgos partidarios deberían quedar de lado.
En fin, le dejo estas líneas de Gastón Acurio que promocionamos por aquí hace unos años tocando algunos puntos importantes del debate sobre los transgénicos en el Perú:
“En Londres como en San Francisco los productos de origen transgénico están relegados al final de los escaparates. Cuestan ni la cuarta parte de lo que cuestan los orgánicos y su prestigio es simplemente inexistente. Están allí por su precio y porque cumplen un rol en el mercado: el del producto barato. ES AHI QUE VIENE LA PREGUNTA ¿QUÉ QUEREMOS PARA EL PERU?
¿Queremos productos peruanos baratos, sin prestigio ni sabor, que no le añadan nada a la marca Perú, que empobrezcan eternamente a nuestros campesinos? ¿o queremos productos peruanos de calidad y prestigio mundial, que los saquen de la pobreza mientras vamos ganándonos el respeto internacional por la calidad de lo que hacemos? Como Suiza, Italia, Francia, Alemania, Japón, Estados Unidos. ¿Queremos ir adelante o detrás?
Los cocineros creemos que la respuesta es obvia. Tenemos una ventaja única. Nuestra biodiversidad. Con ella podemos producir miles de hermosos productos de altísima calidad, en pequeña cantidad, y obtener por ellos un gran precio. Además, con ellos producir la marca más valiosa del mundo, Peruvian nature, peruvian organics, peruvian flavors, peruvian foods o la que sea, pero que nos represente con liderazgo.
POR ELLO NO DESMAYAREMOS, en defender nuestra biodiversidad y sobre todo no dudaremos en enfrentarnos a aquellos que intenten difamarnos con las más absurdas tácticas”.
Tomado de Pijama Surf
Este 17 de marzo de 2025, durante la conferencia de prensa que ofrece todas las mañanas, la presidenta Claudia Sheinbaum firmó un decreto histórico que prohíbe la siembra de maíz transgénico en México, reafirmando la protección de este cultivo como símbolo de identidad y pieza clave de la soberanía alimentaria. La reforma, que modifica los artículos 4 y 27 de la Constitución, establece que el maíz en el territorio nacional debe estar libre de modificaciones genéticas que superen las barreras naturales de reproducción.
Más info en Gastón Acurio: “La ira de Gastón: reflexiones sobre los transgénicos en el Perú”
El maíz es considerado un elemento fundamental para los pueblos indígenas y afromexicanos, y su preservación es esencial tanto para la biodiversidad como para la salud pública. La reforma también subraya que el uso del maíz transgénico será evaluado para evitar riesgos a la bioseguridad y al patrimonio biocultural del país.
Aunque el decreto se firma en medio de un litigio con Estados Unidos y Canadá bajo el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), Sheinbaum reafirmó que la medida responde a la necesidad de garantizar la seguridad alimentaria y proteger las variedades nativas de maíz, esenciales para el país. Esta decisión refuerza el compromiso del gobierno mexicano con la conservación de los cultivos tradicionales, frente a los riesgos del maíz genéticamente modificado y los herbicidas como el glifosato.