Susana Montesinos presenta “De viaje al fin de Europa”

Susana Montesinos, tomado de https://perderpaises.blogspot.com/

Mi opinión

Susana Montesinos, arequipeña, también ciudadana del mundo, viaja. Al menos eso es lo que la he visto hacer en estos últimos diez años, que es más o menos el tiempo que sé de sus andanzas, mayormente en bicicleta, por Sudamérica, África y Europa. En realidad, para ser honestos, debo decir que viaja y escribe. Crea: convierte en inspiración para viajeros aquello que vive con intensidad en sus cuitas por todas partes.

Complicado lo suyo: a veces el girar en torno a un camino nos quita la pausa necesaria para escribir, para dejar en impreso –o en digital- los retazos de piel que vamos perdiendo mientras somos.

Por eso es que da inmensa alegría enterarme que su opera prima ya circula entre los que la venimos siguiendo y que pronto, cuando me toque volver a Lima, podré leer con verdadero placer. Los textos suyos me han parecido siempre bellos: están construidos con una muy buena prosa y el corazón palpitando a mil por hora cómo se debe.

Les dejo por aquí las palabras que preparó para la presentación en Arequipa de “De viaje al fin del mundo”, el relato de su navegación por Cabo Norte, la región más extrema de Noruega y de toda Europa.

Y sí, prometo leer a Karl Ove Knausgard, el autor que recomienda. Y lo voy a hacer también porque me toca salir dentro de unas horas, buena coincidencia, hacia Noruega, a Honningsvåg, una localidad perdida entre la nieve y el cielo en esta temporada completamente nocturno donde me espera un viejo camarada. Saludos desde Barcelona, querida Susana, lindos días y regocijos.

Cuando era pequeña recuerdo que me gustaba mucho jugar con rompecabezas. Armaba varios que mis padres me regalaban en las navidades o por mi cumpleaños, de doce, veinticuatro, treinta y seis piezas, hasta que llegó un día en el que me trajeron uno de cien. Era un mapa de Europa, de norte a sur, y de este a oeste, con sus cuarenta países, o menos, en ese entonces, y allí estaba Noruega.

Noruega, un país del que no sabía nada.

La segunda vez que oí hablar sobre ese país escandinavo fue gracias a un caballo.  Era un poni de color café, uno de los tres que había comprado el Club Hípico aquí en Arequipa para que los niños de ese entonces aprendiéramos a montar caballo. El nombre del poni era OSLO, nada más ni nada menos que la capital del país del que he escrito este libro.

Y entonces le pregunté a mi madre: “¿de dónde viene ese nombre?”. Y ella me lo explicó muy bien, que era la capital de noruega.

Esas fueron las primeras veces que escuché hablar de este país al que he dedicado este libro titulado: “De viaje al fin de Europa”, gracias a un rompecabezas y a un caballo.

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Jamás había imaginado, mientras yo aprendía a galopar y a armar rompecabezas, que algún día habría de sumarme a una caravana de cuarenta ciclistas que deseaban atravesar este país nórdico de SUR a NORTE.

-¿Hacemos el viaje? -me preguntó Wil mi marido una tarde mientras mirábamos una película sobre Thor Heyerdal, el explorador noruego que cruzó el Océano Pacífico, en una balsa fabricada en totora, desde el puerto del Callao, en Perú, hasta la Polinesia.

De esto en el año 2017.

Confieso que la propuesta de Wil me fascinó pero que a la vez me hizo dudar; teníamos a una pequeñita de un año que apenas había aprendido a caminar. E ir de Oslo, la capital, hasta el punto más nórdico de ese país (Cabo Norte) no era una proeza cualquiera, sobre todo por la pequeña. Yo me moría de las ganas por hacer el viaje de tres mil kilómetros, durmiendo en carpas, atravesando parajes poco conocidos por el hombre, admirando lugares como las Islas Lofoten. Antes ya había hecho rutas del tipo París-Dakar y Quito-Ushuaia en bicicleta. Miles de kilómetros sobre los pedales. Y como no quería dejar atrás mi estilo de vida aventurero, pues me decidí, nos decidimos, hacer el gran viaje al fin del mundo, con nuestra pequeña de un año y diez meses.

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Y es allí adonde me llevó la vida, a Noruega, un país en forma de botija, ubicado al norte del continente europeo, que tiene una bandera roja con una cruz azul atravesada. El viaje empezó en OSLO, la capital, y terminaría en CABO NORTE, el punto más nórdico del continente europeo. CABO NORTE, que como se ve en el mapa está a la altura de la Siberia rusa. La Laponia. País de esquimales. En donde en verano nunca oscurece.

Además es un país de trols, de bosques prístinos, alces, venados, de las auroras boreales, y de los vikingos. … Y un dato , el más sobresaliente, el país en el que se entrega el PREMIO NÓBEL DE LA PAZ.

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De eso trata este libro que acabo de publicar, mi ópera prima, mi primer producto acabado. En todos estos años que llevo escribiendo sobre viajes y  aventuras, siempre he deseado oler las páginas del producto impreso, y por fin lo tengo ahora aquí, y puedo compartir este momento emocionante con ustedes. Pues son más de veinte años que llevo tecleando, relatos, pequeños poemas, artículos periodísticos, que me han llevado a transitar rutas inimaginables en mi mapa de vida, desde mis doce, época en la que descubrí la literatura y me enamoré de ella.

Cuando me embarqué en esta aventura, es decir, en Oslo, en el año 2017, decidí sentarme todos los días a escribir. Estaba leyendo a un autor noruego en ese entonces, Karl Ove Knausgard, autor de seis volúmenes titulados nada menos que Mi Lucha. Me fascinaba su escritura y me sigue fascinando su manera de describir la cotidianeidad, y eso quise hacer con esta historia. Escribir una historia de viaje que contemplara mi periplo con mi pequeña de un año y diez meses, soportando lluvias a cinco grados de temperatura en una carpa de lona (felizmente impermeable), tratando de hacerla dormir sin oscuridad (pues, nunca se ponía el sol), y visitando con ella bibliotecas, museos, piscinas, playas, entre otros.

Entonces una vez que me embarqué en ello, escribí y escribí y he aquí el resultado.

Así que con el recuerdo de un rompecabezas; de Oslo, el poni, mis lecturas de Karl Ove Knausgard (y añado a Hamsun), de la película de la expedición del Heyerdhal y mi cruce con los alces por la carretera, doy por presentado mi libro, un dieciséis de noviembre , fecha muy especial para mí, porque hoy mi padre -que ya no está-  hubiese cumplido ochenta y dos años, y fue él uno de los seres que más me han inspirado a escribir.

Por eso, le agradezco a él que ya no está. A mi familia. A mis amigos. A mis conocidos. A José Córdoba , editor de Surnumérica. Y al centro cultural de la Universidad Nacional de San Agustín por haber hecho posible este día en mi vida.Gracias a todos.

Y con ustedes: “De viaje al fin de Europa”.