Solo Para Viajeros

Entre el trazo y la raíz: el muralismo como acto de conservación. Una aproximación a la obra de Psy Conscious

Mi opinión

El arte puede transformar el mundo, el arte tiene la capacidad y la potencia de graficar en todos sus tonos la vida que late en la naturaleza. El trabajo de la artista peruana Andrea Vigil, Psy Conscious, se inscribe en esa línea: atrapar los latidos del universo natural para convertirlos en piezas -murales, lienzos, estampados- que nos invitan a contemplar la insuperable belleza de sus criaturas y los paisajes donde habitan para tomar acción y proteger lo que con tanto desdén venimos destruyendo. Stefano Cárdenas, periodista de nuestra casa, analiza en la nota que les dejo el trabajo de la muralista que en estos días expon en Ámsterdam su serie Endemismo EN PRIMERA PERSONA. Fabuloso.


Stefano Cárdenas especial para SOLO para Viajeros

En un mundo cada vez más desconectado de su entorno natural, el trabajo de Psy Conscious emerge como un ejemplo de convergencia entre arte, ciencia y educación. Su propuesta se sustenta en una premisa sencilla pero poderosa: el arte es una herramienta esencial para la conservación de la biodiversidad, igual que un laboratorio o una reserva natural, y tiene la ventaja de ser accesible para todo el mundo, incluso para personas que no hayan recibido una formación académica. Desde esa mirada, el muralismo deja de ser un fin estético para convertirse en una práctica pedagógica y ecológica capaz de transformar percepciones e involucrar a más personas en la lucha para la conservación.

Psy entiende el mural como un ecosistema visual, donde cada color, textura y trazo encarnan especies endémicas o amenazadas, las joyas naturales del Perú. Pintar, dice, no es decorar, sino “volver a mirar desde el arte” la naturaleza que nos rodea. La artista a través de sus obras, busca recuperar la memoria de los ecosistemas y reactivar el vínculo entre las personas y los territorios que habitan.

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Educación ambiental desde la experiencia sensorial

Psy combina su arte con trabajos educativos centrados en la participación activa y la observación sensible. Sus talleres y proyectos comunitarios no se limitan a enseñar conceptos ecológicos, sino que invitan a sentirlos, a experimentarlos desde el color, la forma y la emoción. En sus palabras, la educación ambiental como ella la propone, busca “generar un impacto a nivel emocional al darnos cuenta que convivimos y coexistimos con estas especies ”.

Este enfoque ha sido aplicado en contextos diversos: desde instituciones educativas hasta comunidades rurales donde el arte se vuelve una herramienta de encuentro, particularmente para niños. En esos espacios, cada mural se convierte en una extensión del paisaje, un registro visual del conocimiento ecológico local. Y gracias a esas obras que hacen homenaje a la biodiversidad peruana, “poder apreciarla visualmente puede invitar a que el espectador se sorprenda, se interese y quiera cuidarla e involucrarse en su conservación”.

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El muralismo como diálogo entre ciencia y emoción

Psy considera su arte como un puente entre la ciencia y la ciudadanía. Su metodología incorpora sus propias experiencias y los viajes que ella misma realiza para observar a las especies que pinta, que luego combina con la investigación biológica y el pensamiento ambiental en su proceso creativo, generando un diálogo entre la observación científica y la interpretación artística. Los murales, en ese sentido, no solo ilustran especies o paisajes. Siempre se basan en el realismo e información científica rigurosa, pero traducen la complejidad ecológica en símbolos que comunican, enseñan y despiertan sensibilidad.

Esa combinación entre ciencia y arte convierte su práctica en un espacio de mediación, donde los datos y los sentimientos se encuentran. Para Psy, cada obra es una oportunidad para recordar que somos parte de la naturaleza. Por eso sus obras incluyen un hilo conductor que “resume el concepto de interdependencia entre las especies y su entorno “.

La Amazonía puede… hay que seguir retratándola.

Un arte comprometido con la comunidad

Más allá del acto individual de pintar, Psy ha desarrollado una red de trabajo con comunidades locales, ONGs y educadores. Su objetivo es democratizar el arte ambiental, impulsando la creación colectiva como un proceso de apropiación del territorio. En varias de sus experiencias, los murales no solo han embellecido espacios, sino que han reforzado el sentido de identidad ecológica de las comunidades, transformando muros en manifiestos de conservación. Es uno de los ejes importantes que motivan su trabajo ya que, según ella “las comunidades son la esencia de la conservación dado que estas personas conviven con la naturaleza de primera mano y tienen una relación reciproca con ella”.

Su compromiso también se refleja en la coherencia de sus prácticas: materiales reciclados, procesos participativos y mensajes que respetan la diversidad cultural y biológica del país. En cada trazo, su propuesta reafirma que la sostenibilidad no es una tendencia, sino una forma de estar en el mundo.

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Hacía una pedagogía de la belleza y la tierra

El trabajo de Psy invita a repensar la conservación más allá de los límites de la biología o la política ambiental. Nos recuerda que también se conserva cuando se pinta, cuando se educa desde la sensibilidad, cuando el conocimiento se transforma en experiencia compartida. En su obra, el arte se vuelve un lenguaje de reciprocidad: no representa la naturaleza, la encarna y a través de la práctica artística y la emoción, permite conectar a los peruanos con la riqueza natural de su país de una manera intuitiva y democrática.

Aves del Perú en Lisboa, Portugal.

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En tiempos donde el ruido digital amenaza con silenciar la voz de los ecosistemas, iniciativas como la suya recuperan la escucha, la mirada y el gesto. En sus murales no hay solo color: hay memoria, hay paisaje, hay vida.

Quizá el futuro de la conservación no dependa únicamente de la tecnología o de las leyes, sino también de quienes, como Psy, logran traducir la belleza del mundo natural en una pedagogía visual que enseña a cuidar. Porque cada trazo -como una raíz que busca la tierra- puede recordarnos que aún estamos a tiempo de reconectar con aquello que nos sostiene.

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