Mi opinión
En el Día de las Madres quisimos saber cómo pasan y sienten el día las madres que conservan a Gaia, nuestra madre universal, el origen de lo que somos y de lo que seremos, para saberlo buscamos a un grupo de ellas y les lanzamos la pregunta. En este día especial queremos hacer un alto en nuestro trabajo para festejarlas, apapacharlas, decirles que sin su empuje y sin sus convicciones nada de lo que soñamos podremos conseguirlo. Con ellas, #OtroMundoesPosible.
Un especial por el Día de la Madre a cargo de Stefano Cárdenas
Desde tu experiencia liderando una organización como Conservación Amazónica – ACCA, que impulsa la investigación científica para la conservación de la Amazonía andina, ¿cómo se entiende el acto de cuidar cuando ese compromiso implica generar conocimiento que beneficiará a las próximas generaciones, incluyendo a tus propios hijos?
Desde mi rol en Conservación Amazónica – ACCA, cuidar también significa apostar por la ciencia, generar conocimiento confiable y tomar decisiones que, aunque muchas veces no muestran resultados inmediatos, pueden tener un impacto real en el futuro. Sabemos que las presiones sobre la naturaleza son cada vez mayores y que atravesamos una crisis climática y una pérdida de biodiversidad sin precedentes y que, por el contrario, tenemos menos recursos financieros para detenerlas. Por ello es de suma importancia apoyarnos en la ciencia para conocer qué especies tenemos en determinados territorios, cuáles son sus dinámicas, cómo se vienen adaptando frente a esta transformación física, ecológica y socioeconómica acelerada y cómo poder rescatarlas y priorizar su protección. Muchas de estas respuestas no las lograré ver, pero sé que mi hijo y sus hijos sí …. y les serán muy útiles.
Como madre, esa responsabilidad tiene un significado aún más personal. Pienso mucho en el mundo que está heredando “Tato”, mi hijo, y en la importancia de que crezca entendiendo que lo que ocurre hoy está afectando a nuestro planeta, y que todos tenemos un rol en su cuidado. Busco que mi hijo desarrolle el sentido de la responsabilidad y compromiso en todo lo que hace, ya sea desde entrenar el futbol que le encanta, de escribir un ensayo para el colegio, de ser un buen amigo, o de proteger y valorar la casa común, la Tierra.
Mi trabajo me recuerda cada día que conservar no es solo proteger lo que tenemos ahora, sino también contribuir a dejar un futuro mejor para las próximas generaciones

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La ciencia suele trabajar con escalas de tiempo extensas y resultados que no siempre son inmediatos. ¿Qué te sostiene en ese compromiso a largo plazo y cómo logras traducir esa visión en algo que tus hijos puedan comprender y valorar?
Trabajar en conservación me ha enseñado a tener paciencia y a entender que las cosas que realmente valen la pena no siempre muestran resultados inmediatos. Lo que me motiva a seguir es saber que cada esfuerzo, por pequeño que parezca, puede generar un impacto positivo en el futuro.
Con mi hijo trato de compartirle esa mirada en cosas simples de la vida. Le explico que así como un árbol necesita tiempo para crecer o un bosque necesita años para recuperarse, muchas de las cosas que queremos cuidar también necesitan dedicación, paciencia y amor. Para mí, que él pueda entender y valorar eso ya es parte importante de este camino.
En un contexto donde la evidencia científica es clave para la toma de decisiones, ¿cómo percibes el rol de las mujeres en la construcción de ese conocimiento y en su defensa?
Hoy vemos a las mujeres asumiendo un rol cada vez más importante en la ciencia y en la conservación, no solo generando conocimiento, sino también logrando que ese conocimiento se traduzca en decisiones y acciones concretas. Veo a mis colegas en campo, como Marlene Mamani quien restaura ecosistemas andinos, con una visión femenina multidimensional, “protectora de la tribu”, más humana y compasiva, con sentido de justicia y búsqueda del equilibrio, que logran resultados más positivos y duraderos para el medio ambiente y las personas.
En las estaciones biológicas de Conservación Amazónica – ACCA tenemos la oportunidad de trabajar con mujeres que vienen aportando de manera significativa a este propósito. Profesionales como Corine Vriesendorp, quien es nuestra Directora de Ciencia, o la joven Ruthmery Pillco, Gerente Científica en la Estación Biológica Wayqecha, quienes junto a muchas otras investigadoras y profesionales, están fortaleciendo el trabajo científico desde las Estaciones Biológicas de ACCA: que vienen a ser laboratorios vivos en pleno corazón de la Amazonía Andina sur del Perú. Me siento muy orgullosa de trabajar con ellas, son mujeres que están abriendo camino y demostrando el enorme valor del liderazgo femenino en espacios tan importantes como la ciencia y la conservación y, además están inspirando y formando a nuevas generaciones de conservacionistas con mucho compromiso y dedicación.
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Si los ecosistemas que has contribuido a estudiar y proteger pudieran narrar tu historia, ¿qué dirían sobre tu rol como gestora, líder y como madre?
Creo que dirían que entendí que conservar no depende únicamente del trabajo en campo, sino también de construir equipos sólidos, movilizar recursos, generar confianza y asegurar que la ciencia tenga impacto en decisiones concretas. Seguramente me felicitarían por haber tenido la fortuna de rodearme de gente tan increíble en ACCA, de buen corazón y con altísimo nivel técnico, apasionados y comprometidos por la conservación de la naturaleza.
Y como madre, quizás dirían que he tratado de hacer lo mejor posible en ambos roles, como muchas mujeres que trabajamos y al mismo tiempo cuidamos de nuestras familias. No siempre es fácil encontrar equilibrio, pero creo que la maternidad también nos enseña a ser más fuertes, más empáticas y a pensar siempre en el futuro que queremos dejarles a nuestros hijos. En mi caso, eso le da aún más sentido al trabajo que hago cada día.
Si en el futuro tus hijos observan los territorios que hoy ayudas a conservar, ¿qué te gustaría que reconozcan —más allá de los datos y resultados— sobre el sentido de tu trabajo?
Me gustaría que Tato se asombre tanto o más que yo de ver la belleza y majestuosidad de nuestros ecosistemas megadiversos sanos y funcionando; que piense que las ausencias de su mamá valieron la pena. Ojalá Tato pueda reconocer que detrás de mi trabajo hubo mucha responsabilidad y un profundo cariño por aportar al cuidado de uno de los lugares más importantes del planeta: la Amazonía andina. Y que algún día pueda decir: “Mi mamá fue parte de esto. Trabajó con dedicación, compromiso y siempre actuó con integridad para ayudar a protegerlo.”
