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Tradición viva y economía azul: el intercambio que impulsa el turismo sostenible en Huanchaco

Mi opinión

En el 2023 de la mano de Aldo Durand, gestor del turismo sostenible en el norte más norte del Perú visité las experiencias de turismo vivencial que los pescadores de Cabo Blanco, Lobitos y El Ñuro venían implementando en sus caletas con el objetivo de mejorar sus alicaídos ingresos familiares: para ellos, como para muchísimos otros hombres de mar de nuestro extenso litoral, la crisis que la sobrepesca y las reiteradas anomalías climáticas han generado los están obligando a buscar otras alternativas económicas, una de ellas, precisamente, el turismo, una actividad que durante tanto tiempo vieron como distante y ajena y que gracias al apoyo de organizaciones preocupadas por la salud de nuestro océano y su gente han empezado a frecuentar.

En Lobitos conocí a los Chapilliquén, una muy activa familia del barrio de Primavera propietaria de Lobitos Ocean Adventure, una empresa formal dedicada a la pesca y los paseos en bote a turistas en busca de experiencias nuevas. Su empecinamiento en construir un negocio cuyas ganancias complementaran sus ingresos me conmovió. Tulio Chapilliquén, el mayor del clan, la tenía clara: las artes de pesca aprendidas por él y sus familiares durante años podían servirles de insumo básico para convertirse en emprendedores turísticos sin renunciar a lo que son y quieren seguir siendo, pescadores del mar peruano.

Qué los pescadores de Huanchaco hayan encontrado en sus compañeros de oficio de las caletas de Talara un modelo a seguir es una muy buena noticia y que estos los estén apoyando a desarrollar una propuesta similar, pero utilizando los caballitos de mar, las embarcaciones que desde hace tres mil años usan los gentiles de estas playas, resulta sensacional. Les dejo esta nota con la experiencia que vienen ejecutando los compañeros de CI-Perú de la mano con la Asociación de Pescadores de Huanchaco. #OtroMundoesPosible


Por Conservación Internacional

El mar de Huanchaco custodia una historia de más de 3,000 años plasmada en su tradicional caballito de totora. Hoy, esa herencia ancestral se transforma en un medio de vida para la Asociación de Pescadores Artesanales de Huanchaco (ASPAH), quienes vienen impulsando la iniciativa de turismo vivencial «TUP-Herederos del Mar».

Para el pescador huanchaquero, el caballito de totora es más que una herramienta de trabajo; es un símbolo de resistencia cultural. Sin embargo, los desafíos de la pesca artesanal actual exigen buscar alternativas sostenibles para mejorar sus ingresos. Aprovechando el flujo de turistas que llegan hasta Huanchaco para practicar el surf, disfrutar de un ceviche en la playa o relajarse en el balneario, bajo el enfoque de la economía azul, se desarrolló esta iniciativa de turismo vivencial, donde la Asociación no solo genera un valor agregado a sus jornadas diarias, sino que pone en vitrina una práctica milenaria.

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Así, los pescadores han transformado lo que era un servicio sencillo de paseos en caballito en una experiencia estructurada con un guión interpretativo que relata la historia local y con vestimenta que destaca a Takaynamo, fundador y primer gobernante del Reino Chimú, añadiendo un valor cultural e histórico al paseo. Ya no solo es un simple recorrido en caballito, sino un viaje en el tiempo, donde los visitantes pueden escuchar la historia de Huanchaco de la boca de sus protagonistas y entender la urgencia de proteger los totorales y el océano.

Con la habilitación de un espacio interpretativo y capacitaciones en estructura de costos, gobernanza, atención al cliente y organización interna, la Asociación ha logrado dar forma y solidez a este emprendimiento piloto. La Asociación ha monetizado lo que cuesta sembrar, cosechar y armar un caballito de totora, y ahora, bajo una nueva oferta, pueden optimizar su tiempo, percibir un pago justo y reducir el desgaste de sus embarcaciones tradicionales de trabajo; han revalorizado por completo el esfuerzo detrás de su oficio.

Un puente entre Huanchaco, Cabo Blanco y El Ñuro

En el marco de este proceso siete pescadores de la asociación de Huanchaco participaron de un intercambio de experiencias con los pescadores ancestrales de Cabo Blanco (Piura), que ofrecen experiencias de paseo y pesca en sus embarcaciones tradicionales a vela, así como con los pescadores de El Ñuro que ofrecen experiencias turísticas sobre avistamiento de fauna marina. Aquí pudieron comprobar en carne propia que sí es posible prosperar con un servicio que pone en valor la identidad.

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Aunque reconocen que los contextos son distintos —ya que Cabo Blanco goza de un clima con visitantes todo el año y una bahía protegida de los grandes oleajes—, la gran lección fue ver el poder de la organización comunitaria. Descubrieron que, más allá de la geografía, el verdadero motor para salir adelante es un frente unido y organizado. Oswaldo Díaz, presidente de la Asociación de Pescadores de Huanchaco, refleja el sentir de la comunidad tras este encuentro:

«Ha sido una experiencia excelente que nos ha abierto el panorama y dado una visión de lo que se puede lograr. Nos ha ayudado a generar más compromiso entre los socios para salir adelante con lo que tenemos. Tenemos mucho que ofrecer; nosotros somos agricultores porque sembramos y cosechamos la totora, también somos artesanos porque construimos nuestros caballitos de totora, y encima somos pescadores».

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Este renacimiento del compromiso asociativo demuestra que la economía azul no solo protege el océano; fortalece el tejido social de comunidades que, con orgullo, eligen mirar al futuro sin soltar sus raíces.

Esta iniciativa es parte del proyecto «Expansión de los beneficios de la economía azul y la conservación de la biodiversidad crítica y los servicios ecosistémicos mediante la gestión de los ecosistemas de surf». Es financiado por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF), implementado por la ONUDI y ejecutado por Conservación Internacional en alianza con Save the Waves y la SPDA, en coordinación con los gobiernos de Costa Rica, Panamá y Perú.

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