Mi opinión
Me quedé pensando en la frase que soltó esta mañana Tatiana Espinosa en la simpatiquísima reunión que organizó Arbio en el restaurante Limaná, de San Isidro, para celebrar el Día del Árbol: “En tiempos donde el clima nos sacude, la naturaleza ya tiene las respuestas, es nuestro mejor escudo”. Clarísimo, el bosque de 916.2 hectáreas que la ingeniera forestal cuida con su equipo en la cuenca del río Las Piedras, en Madre de Dios, es eso: un refugio natural para resistir los embates del cambio climático y los demás males que nos ha traído la crisis ambiental que nuestra especie ha producido.
“Los bosques amazónicos, lo han comentado las tres hermanas Espinosa -Tati, Rocío y Gianella- contribuyen a regular el ciclo del agua, almacenan carbono, mantienen la humedad y generan las condiciones que favorecen la resiliencia de los ecosistemas frente a periodos de sequía, lluvias intensas y otros impactos asociados al cambio climático”. Mantenerlos en pie resulta fundamental para reducir la vulnerabilidad de las comunidades y ecosistemas ante un clima cada vez más variable. Y los estamos destruyendo. Patético.
Arbio, la organización que fundaron en el 2010 y de la que nos hemos ocupado repetidas veces en esta plataforma, ha logrado poner a buen recaudo uno de los últimos bosques intactos de la cuenca de Las Piedras, un reducto de vida silvestre donde sobreviven 200 shihuahuacos, los abuelos más longevos de la selva de nuestro país. Y no solo shihuahuacos, también quintillas, lupunas, copaibas y otras especies propias del bosque primario amazónico. El esfuerzo de Arbio es notable, como que notable también ha sido el apoyo de personas comunes y silvestres y empresas comprometidas con el desarrollo responsable del país que han venido sosteniendo los gastos que implica cuidar de la destrucción este vergel natural, este Edén en medio de la deforestación que se ha hecho endémica en Madre de Dios.
De allí la satisfacción de las Arbio de tener como aliados a AJE, la empresa de capitales peruanos que desde hace cinco años financia el cuidado de 100 shihuahuacos como parte de su estrategia corporativa de sostenibilidad para frenar la deforestación y proteger los sumideros de carbono y los ciclos de lluvia de la Amazonía. La compañía fundada por la familia Añaños es una de las que mejor ha entendido el papel que le toca cumplir a las empresas que operan en nuestro país en este tránsito impostergable al modelo de economía circular que nos va a permitir afrontar con mejores armas la crisis ambiental que padecemos.
En fin, que el Día del Árbol en el país responsable del 16 % de la deforestación producida el año pasado en la región después de Brasil y Bolivia, nos permita reflexionar sobre la importancia que tiene mantener los bosques en pie, intactos y rechazar esa monserga seudo-ecológica que sigue diciéndonos que el arboricidio se combate plantando arbolitos. El magisterio de las Arbio desde su fundación es clarísimo: reforestemos, restauremos los ecosistemas dañados en la Amazonía -una superficie cercana a los 10 millones de hectáreas- y dejemos a los bosques primarios hacer su trabajo. Son nuestros aliados, el escudo que necesitamos para salvar al planeta del Armagedón ambiental que nos ha caído encima. Larga vida a los abuelos del bosque amazónico y todas las buenas vibras que se necesitan para más personas naturales y jurídicas apadrinen los árboles de la concesión de Arbio que aún no tienen el soporte que se necesita para protegerlos y seguir estudiando su funcionamiento y sus grandes aportes a la humanidad. En la web de Arbio se indica con claridad la forma de apoyar el esfuerzo que están haciendo.
Nota de prensa
En el marco del Día del Árbol, ARBIO reafirma su compromiso con la conservación de los bosques primarios de la Amazonía y hace un llamado al sector privado, instituciones y ciudadanía a sumar esfuerzos para mantener estos ecosistemas en pie.
Uno de los principales símbolos de esta labor es “El Tayta”, un shihuahuaco de aproximadamente 1,100 años de edad y 54 metros de altura, ubicado en la concesión para conservación de ARBIO Perú, en Madre de Dios. Su tamaño equivale a un edificio de más de 15 pisos y estudios mediante tecnología LiDAR estiman que almacena alrededor de 62.8 toneladas de CO₂ equivalente en su biomasa.
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Muy cerca se encuentra “Annita”, un shihuahuaco de 700 años identificado como un importante árbol madre, debido a su alta producción de semillas y capacidad de regeneración natural, fundamental para la recuperación y continuidad del bosque. Estos gigantes amazónicos cumplen funciones que van mucho más allá del almacenamiento de carbono. Sus enormes copas, troncos y cavidades brindan refugio a numerosas especies y forman parte de complejas redes ecológicas que permiten la regeneración y resiliencia del bosque.
ARBIO protege 916.2 hectáreas de bosque primario en la cuenca del río Las Piedras, donde monitorea científicamente más de 200 árboles de shihuahuaco. Además, desarrolla investigaciones junto con Royal Botanic Gardens, Kew, para estudiar el papel de los grandes árboles madre en la conservación de los bosques tropicales.
La conservación de estos ecosistemas también representa una estrategia de prevención frente a los efectos de los eventos climáticos extremos, como el Fenómeno del Niño. Los bosques amazónicos contribuyen a regular el ciclo del agua, almacenar carbono, mantener la humedad y generar condiciones que favorecen la resiliencia de los ecosistemas frente a periodos de sequía, lluvias intensas y otros impactos asociados al cambio climático. Por ello, mantener los bosques primarios en pie resulta fundamental no solo para proteger la biodiversidad, sino también para reducir la vulnerabilidad de las comunidades y ecosistemas ante un clima cada vez más variable.
Recientemente, la Municipalidad Provincial de Tambopata reconoció diez ejemplares como Árboles Patrimoniales, entre ellos dos shihuahuacos protegidos por ARBIO. Este reconocimiento contribuye a poner en valor estos árboles como parte del patrimonio natural del país.
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Leído en SPV: “¿Sabes lo que se siente cuando escuchas el grito de los shihuahuacos al ser atrapados por las motosierras que los convierten en pocos minutos en parqué?». La pregunta de Tatiana Espinosa, defensora de los shihuahuacos, los árboles gigantes de la Amazonía peruana, los abuelos del bosque, se me ha quedado grabada en el alma para siempre. Es una denuncia, también, contra quienes están decididos a mancillar el futuro por la mera ilusión del negocio fácil y boyante. Y también un alegato por la razón y el sentido común, el menos común, pareciera, de los sentidos: diariamente, los datos no mienten, se talan más de 50 árboles de una especie cuyos individuos pueden vivir más de diez siglos en pie y asegurar con su presencia la salud y la persistencia de los bosques amazónicos», 13/6/2025

“Los árboles más antiguos sostienen la biodiversidad de hoy y crean las condiciones para que el bosque pueda seguir creciendo. Pero protegerlos también es una forma de prevenir y enfrentar los impactos de los eventos climáticos extremos. Un bosque amazónico saludable ayuda a regular el agua, almacenar carbono y mantener la estabilidad de todo el ecosistema. Por eso, conservar estos gigantes no es solamente proteger árboles: es fortalecer la capacidad de la Amazonía para resistir y recuperarse frente a un clima cada vez más cambiante”, señala Tatiana Espinosa, fundadora y directora ejecutiva de ARBIO Perú.

En esta labor, la alianza con Grupo AJE, a través de Amayu, demuestra el papel que puede desempeñar el sector privado en la conservación de ecosistemas estratégicos, impulsando iniciativas que integran ciencia, sostenibilidad e innovación.
En este Día del Árbol, ARBIO invita a empresas e instituciones a sumarse a iniciativas de conservación de largo plazo. Porque proteger la Amazonía no es solo plantar nuevos árboles: también es asegurar que los gigantes que llevan siglos sosteniendo el bosque permanezcan en pie, contribuyendo a la biodiversidad, al equilibrio climático y a la resiliencia de los ecosistemas frente a los desafíos del futuro.
