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[MANU] «A 10 metros de un águila arpía y no le pude tomar una buena foto»

Mi opinión

Hace unos días, buscando información sobre águilas arpías (o harpías como las llaman en Panamá y Centroamérica), me tropecé con el interesante blog de Diego Balbuena, estudiante de los últimos años de la carrera de biología en la Agraria y pasante un tiempo en la estación científica de Cocha Cashu, en el mítico Parque Nacional del Manu. Diego tuvo un encuentro inesperado con un águila arpía y no pudo tomar la foto que cualquiera hubiera querido registrar para sentirse inmortal. Lo cuenta en este post de su muy ágil y entretenido blog (https://diegoblb.wordpress.com/). Hiistorias como las suyas inspiran de verdad, resultan indispensables para seguir soñando.

Les voy a ir contando más detalles sobre mis avances en las pesquisas en las que ando. Intensos y frenéticos lobbys están tratando de sacar de la lista de protección que maneja el SERFOR a los shihuahuacos de la Amazonía peruana, un árbol milenario, y no exagero, que sirve de atalaya y espacio de nidificación para arpías y guacamayos. Los shihuahuacos peruanos están siendo trozados para enviarlos como parquet a los mercados chinos. De terror, verdaderamente.

En fin, sigamos chimbando, quedan muchas tareas por hacer, , mientras tanto bienvenido a este portal estimado Diego, sus espacios están abiertos para más testimonios como éste que nos has jugado.


Hace varios meses, a inicios de año, me dieron una recomendación que ahora me arrepiento haber pasado por alto: “con tu primer sueldo de biólogo, cómprate una buena cámara”. Christian me había dado buenos concejos, como siempre llevar una extensión a los albergues y llevarse bien con todos, en especial con la cocina si es que eres de los que comes harto, como yo.

Siempre lo veía a él y a los voluntarios llevar buenas cámaras al campo y varias veces los notaba preocupados de que no les pasara nada. Prefería tener mi pequeña cámara digital de bolsillo para tomar fotos, buenas fotos de cerca, pésimas fotos de lejos. No quería estar en el campo preocupándome por si llueve, por si se moja mi cámara.

Acá en Cocha Cashu me han pasado cosas increíbles, he visto animales que nunca pensé ver de la manera en la que los vi. Un pequeño jaguar paseándose por la estación, un águila crestada real (Spizaetus ornatus) a pocos metros mio, mirándome, luego de imitar a unos monitos frailes, una boa arcoíris a mi lado en una trocha, a la cual tampoco le pude tomar una buena foto, entre otras anécdotas que espero poder contarles en persona o escribirlas en algún lado. Este post es sobre algo que me pasó ayer.

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Terrible foto de una boa arcoíris (Epicrates cenchris) a mi lado

Nos quedaban cuatro días en Cocha Cashu, así que fui a recoger las 4 cámaras trampa que había puesto para hacer un pequeño muestreo. Recogí 2 cámaras y me dirigí hacia el segundo sitio por una trocha no muy transitada. Escuché un ave grande alzar vuelo desde el suelo muy cerca a mí. No podía creer que estaba viendo un águila arpía (Harpia harpyja) a pocos metros. Se perchó a unos 10 metros de altura y comencé a grabar con mi pequeña cámara, todavía atónito. No era la primera vez que veía una harpía, pero era la primera vez que la podía ver bien sin telescopio o binoculares. Me acerqué poco a poco, grabando la hojas frente a mí. Llegué a estar bajo ella y, con el pésimo zoom de 3x de mi cámara, logré tomar una foto antes que el ave alzara vuelo y se pierda en el dosel. Está demás escribirles más  detalles sobre la experiencia, los que saben lo rara que es esta ave y, más raro aún, verla tan cerca, probablemente se imaginen lo que sentí. ahora les seguiré contando lo que ocurrió después.

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Mala foto de un águila harpía (Harpia harpyja)

Pensé:”¿Qué hacía el águila en la trocha? Debe haber estado comiendo algo.” Avancé por la trocha buscando un cotomono o un perezoso, las principales presas de esta majestuosa ave. Comencé a escuchar el zumbido de las moscas y a sentir el olor a descomposición. Vi en el suelo vértebras con carne, era una escena muy cruda pero seguía con curiosidad sobre qué habría estado comiendo. Vi pelos en el suelo, así que saqué una zip-lock y recogí algunos pensando que tal vez alguien podría identificarlos en la estación. No veía nada más, aparte de pelos. Pelos en el suelo, pelos en las hojas de las plantas, pelos cada vez más alto… Entonces di un paso atrás y alcé la mirada.

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Mono machín (Sapajus macrocephalus) a medio comer, a un metro y medio del suelo.

“¿Qué estoy viendo?”, pensé. Había visto restos de roedores antes, ¡pero nunca medio mono! Como todo biólogo curioso, comencé a buscar el cráneo entre la hojarasca, sin éxito. Tomé la foto y seguí mi camino, pensando en el increíble encuentro que tuve con el águila y decidido a comprarme una mejor cámara. Mientras me alejaba, pensaba: “imagínense haber podido tomar una foto del águila comiendo el mono, tal vez podría esconderme y esperar a ver si vuelve. Sería chévere poner una cámara tra-…”, recordé que tenía 2 cámaras trampa en la mochila y regresé corriendo a colocarlas frente al mono.

Esperé un día y cuando volví, ya no habían restos del mono más que algunos pelos y el olor. Lamentablemente el águila no volvió para terminar su comida; sin embargo, un oportunista llegó a las 5 am para comerse un plato fácil.

Miren la foto:

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Tigrillo (Leopardus pardalis) olfateando su plato fácil

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